Justin Trudeau, fotografiado en su despacho, en su primera jornada como primer ministro de Canadá. Foto: Facebook / Justin Trudeau

Justin Trudeau ha cumplido un año al frente del gobierno federal canadiense. El primer ministro se ha revelado como un hábil estratega de la comunicación, un eficaz gestor de su imagen personal y un audaz político a la hora de gestionar asuntos con fuerte resonancia en la opinión pública, como el de los refugiados sirios o la relación con las Primeras Naciones. Trudeau mantiene intacta su popularidad dentro del país. Fuera ha sido elevado a icono de la nueva modernidad política, una categoría en la que —como ocurre con todo lo que pertenece a la abstracta civilización digital—, tiene más trascendencia la imagen y los gestos que el ejercicio mismo de la gestión política y la rendición de cuentas con los votantes. La encuesta presentada la semana pasada por la Agencia Ipsos es absolutamente reveladora: Seis de cada diez (59%) canadienses coinciden en que el gobierno de Trudeau es más estilo que sustancia. Casi la mitad (45%) no puede nombrar un logro del Gobierno tras su primer año. Sin embargo, dos de cada tres (65%) opinan que la llegada de Trudeau a la política es buena para Canadá, y un 63% considera que representa un soplo de aire fresco (63%).

En un tiempo en el que la amenaza de distopia se encarna en Trump y en su discurso belicoso y confrontador, la figura agradable de Trudeau se ha elevado casi de manera natural por contrapeso. Dentro de un contexto político y geoestratégico cargado de incertidumbres, la irrupción del primer ministro canadiense ha sido observada en muchos países como la constatación de que hay otra forma de hacer política y de que hay otro discurso político que fomenta la conciliación y la integración frente a la exclusión o el miedo al otro. ¿Pero se corre el riesgo de distorsionar la imagen real de Trudeau y de su gestión al frente del Gobierno canadiense? Es un problema sobre el que han alertado varios analistas durante estos días en la prensa canadiense; que el personaje público se imponga sobre sus responsabilidades políticas.

En Lattin Magazine hemos buscado la opinión de varios periodistas hispanos que ejercen en Canadá su profesión y que han seguido de cerca la trayectoria del primer ministro desde que inició su carrera política. Su punto de vista ayuda a enriquecer el debate sobre el primer año de Trudeau, sus aciertos y los claroscuros de su gestión.

Pablo Ortiz

Director de Noticias Montreal

De entrada, creo que lo principal es tener en cuenta que cuando se habla del gobierno Trudeau —y de cualquier gobierno en realidad— no podemos dejar de lado el contexto especial con el que se analiza, la vara con la que se va a medir. No podemos exigirle sinceridad o consistencia a un político como se lo pedimos a nuestros hijos o a nuestra pareja. Hago este inciso porque veo con algo de preocupación que en esta era de la democratización de la información se ha olvidado en parte las diferencias entre los distintos dominios de la sociedad.

Dicho esto, entre lo positivo de este primer año destaco que ha mantenido un ratio positivo en su balance de promesas cumplidas frente a las rotas. Esto, sumado a un envidiable manejo de las comunicaciones, le han permitido renovar la marca país de Canadá y volverle a dar una posición interesante a la nación dentro del panorama mundial. Su plan —ambicioso— de traer 25.000 refugiados sirios creo que ha sido el golpe más significativo de su gobierno, pues representó un gesto contundente tanto dentro como fuera del país.

Esto lo redondeó con una serie de medidas pequeñas pero sinceras y significativas, como el gabinete marcado por la igualdad de género, sus “gestos” hacia las Primeras Naciones y los nuevos beneficios para las familias; suficiente para sumar la etiqueta de “progresista” a su gobierno.

Con apenas un año en el gobierno ha demostrado que tenía más experiencia de la que todos creían para manejar el timing político e incluso demostrar un mayor conocimiento de los procedimientos legislativos del que se le atribuía en un principio. Trudeau sabe qué decir y cómo decirlo, y eso ha sido la clave para tener su aprobación alrededor del 60%, algo que pocos gobiernos en el mundo pueden decir.

Lo malo…

Parte de lo negativo de su primer año ha caído por su propio peso más que por errores de su parte. Trudeau sigue sin tener una respuesta convincente para temas delicados como el de las armas a Arabia Saudita. Sabemos que está dándole continuidad a un proceso que ya estaba en marcha, pero eso no evita que manche su imagen de progresista.

Todos nos imaginábamos que los déficits prometidos terminarían siendo mayores de lo esperado, es parte de esa mala tradición de los políticos de minimizar los daños colaterales de sus promesas. Sin embargo, esa imagen de un gobierno con una tarjeta de crédito que se va de shopping sin control igual deja un mal sabor, sobretodo luego de varios años en que los conservadores nos vendieron el déficit cero como la solución mágica a todos los males.

El resto de las notas negativas —al igual que en muchos de los años Harper— las pongo en la categoría de “dolores de cabeza innecesarios”. El fotógrafo de la ministra en París, la costosa mudanza de sus colaboradores, su a veces extremo laxismo con el tema de los “reasonable accommodations”, son el tipo de temas que generan un ruido en la opinión pública mayor al que deberían.

De igual forma, el dossier de los fondos para las provincias en materia de salud, y su inevitable apoyo al Energy East, podrían generarle mayores problemas, no sólo por ser temas sensibles para el electorado, sino también porque su enfoque en estas discusiones dejan en evidencia sus creencias ideológicas: un federalismo que más se acerca a un centralismo y que no cae bien a los gobiernos provinciales.

Scarlett Navarro

Directora de Comunicación México Contemporáneo Foundation

En realidad, como nueva en este país, no tuve la oportunidad de vivir el gobierno del anterior ministro Stephen Harper, aunque escuche y leí no muy buenos comentarios acerca de su gobierno.  Desde mi punto de vista muy personal yo solo puedo decir cosas positivas sobre el primer año del Ministro Trudeau. Me parece que su gobierno ha sido basado en compromiso e integridad y en cumplir con lo que prometió. Entre algunas de esas cosas fue un incremento en el child benefit y así ayudar a mas de 300 familias.

La ayuda humanitaria a Siria. Incremento de los grants para los estudiantes. Reducción del tiempo de espera para que los migrantes se reúnan con sus familias. El levantamiento de la imposición de la visa para los mexicanos a partir del primero de diciembre. Para el crecimiento de la clase media está invirtiendo por fases, empezando ahora en 2016 para crear nuevos trabajos, creando viviendas con precios mas razonables y modernizando  las vías públicas y más.

Ayuda para la gente mayor, ayuda a las mujeres abusadas de violencia domestica, reinstala el censo… En fin, por enumerar algunas. Yo soy seguidora de este partido liberal por lo que creo firmemente en lo que se está haciendo aunque habrá mucho por hacer. Así que por ahora no puedo decir nada malo de este primer año de gobierno.

Silvia Méndez

Redactora jefe en Ahora Canadá

En la parte buena quiero destacar su plan de crecimiento económico inclusivo que beneficia sobre todo a la clase media. Contrario al plan del gobierno conservador de Stephen Harper, la estrategia del primer ministro liberal Justin Trudeau en su primer año de gobierno fue fortalecer a la clase media: reformó el plan de pensiones canadiense y recortó la tasa de impuestos de la clase media.

Además, ofreció un nuevo plan de subvención para padres con hijos menores a 18 años, por el que las familias recibirán un incremento de $1,858.00 anuales en promedio. También bajó el monto de colegiatura e inscripción para universidad y estudios profesionales para los estudiantes de escasos y medios recursos. En teoría, el apoyo a una clase trabajadora diversa impulsaría la economía y le devolvería a Canadá su lugar como el país más inclusivo y diverso del mundo.

Irónicamente, el apoyo a la clase media diversa se ha convertido en su talón de Aquiles. La luna de miel con el electorado tenderá a enfriarse rumbo al segundo año de gobierno y Trudeau tendrá que demostrar que su política económica está pagando dividendos. Ha anunciado que invertirá en los próximos diez años cerca de 120 mil millones de dólares para reparar y modernizar la infraestructura del país, pero a costa de un fortísimo déficit en el marco de una economía global muy deteriorada y volátil.

¿Quién iba a predecir que los británicos votarían por salir de la Unión Europea, que Trump subiera en las encuestas o que un parlamento regional belga pusiera en jaque el acuerdo de libre comercio europeo con Canadá? Si la política de Trudeau no trae un crecimiento económico real y sostenido, terminará la clase media contribuyente con déficits gigantescos sobre sus espaldas.

Julio C. Rivas

Delegado de la agencia EFE en Canadá

Lo peor: El aparente inmovilismo en la ejecución de algunas de las principales promesas electorales en política doméstica, como la reforma electoral o la financiación de comunidades indígenas.

Lo mejor se ha producido en el terreno internacional, con el “regreso” de Canadá a la escena internacional, como la ONU o la lucha contra el cambio climático, y la reciente gira del ministro de Asuntos Exteriores, Stéphane Dion, a México, Guatemala y Honduras, que tuvo un claro acento en la defensa de los derechos humanos.

Keiter Feliz

Director de 360FM

Para ser sincero, es difícil describir en blanco y negro el primer año de gobierno de Trudeau.

Sí se puede destacar que necesitará mucho mas de un año para organizar una casa que llevaba varios años pintándose de un color muy lejos del verde esperanza. Supo capitalizar el descontento con los Conservadores y prometió cosas que, sabía, no serían posible realizar en varios años, como balancear el presupuesto. Pero se trataba de promesas que no tenían detrás un planteamiento claro para su ejecución.

No se ha hecho mucho para disminuir la desigualdad social entre los que tienen y los que no tenemos, estamos esperando. Una cosa que hay que aplaudirle es que ha empezado a restaurar la imagen que antes tenia Canadá en el mundo. Muchas familias con hijos pequeños ya han empezado a beneficiarse de algunos de las promesas pero no es suficiente sólo con dar cientos de dólares extras al año cuando al mismo tiempo se incrementan otros impuestos.

Al final se siente como que no ha despegado en aspectos fundamentales como la transformación de la economica, aun no se siente. Con toda seguridad necesita mas de un año para saber si lo que trae nos cambiará el panorama porque hasta hoy solo ha sido tapar los huecos y cambiar los muebles en una casa que,  sobre todo, necesita son ingresos estables.

Ariana Lorza

Comunicadora social y periodista

Han pasado ya 12 meses desde que los canadienses confiaron todas sus esperanza en el joven Trudeau. Aunque su figura se ha destacado más en promocionar la imagen de Canadá en el exterior, en abrir fronteras, en mostrarle al mundo lo amistosos que los canadienses pueden ser y en recibir a mas de 25mil refugiados sirios; las expectativas de los canadienses son diferentes, ellos esperan que las promesas ambiciosas de Trudeau no se queden solo en deseos. Aún no se han visto los resultados que se esperaban, de hecho, muchos aseguran que en cuestión de medio ambiente, no se ha notado ninguna diferencia con el gobierno de Harper. Incluso aquellas promesas de evitar la expansión de los oleoductos no se han efectuado y los proyectos siguen transcurriendo sin esperanzas a que estos se detengan, lo que tiene insatisfechos a los ambientalistas.

Por otro lado, la promesa que también le dio a muchas madres de expandir la licencia de maternidad de 12 meses a 18 meses, tampoco se ha efectuado. Son muchas las madres que hoy están por terminar su licencia de maternidad, las cuales están bastante preocupadas y decepcionadas. La realidad es que Trudeau ha hecho muy poco de todo lo que prometió, aunque apenas han transcurrido 12 meses. Las expectativas de los canadienses con respecto a este gobierno son altas, se espera que se comience a trabajar en estas propuestas lo mas pronto posible y que se desmuestra que Trudeau no hizo falsas promesas.

Isabel Inclán

Corresponsal en Canadá de la agencia NOTIMEX

El primer año de gobierno del liberal Justin Trudeau me parece favorable y benéfico para la mayoría de los canadienses. Cuando Trudeau tomó el poder el pasado 4 de noviembre, algunos analistas políticos escépticos decían “demasiadas promesas”. Y es que, en efecto, el hijo del estratega que ideó en gran parte lo que es hoy Canadá (Pierre Elliot Trudeau), hizo muchas promesas como para marcar la diferencia de su predecesor, el conservador Stephen Harper.

Es difícil pensar que cumpliera sus promesas en su primer año de gobierno, sin embargo es loable recordar que ha sido el primer primer ministro en encabezar desfiles del orgullo gay en tres ciudades importantes (Vancouver, Toronto, Montreal); es el primer líder de Canadá en asumirse abiertamente feminista, lo cual lo demostró con un gabinete integrado por un 50 por ciento de mujeres y en carteras importantes como los ministerios de Justicia, Comercio Internacional, Asuntos Indígenas y Cambio Climático.

Otro de los logros que se pudiera señalar en este primer año de gestión es que ha vuelto a colocar a Canadá en un papel de liderazgo en la esfera internacional. La filosofía Trudeau de que la diversidad “es una fortaleza y no una debilidad”, la ha llevado a los escenarios internacionales. En este Día de las Naciones Unidas exhortó a los países a enfocarse “en lo que nos une y no en lo que nos divide”.

En el tema del cambio climático, Canadá ha demostrado un liderazgo no sólo en presencia y contundencia de declaraciones, sino en el anuncio de políticas que apuestan a cumplir las metas ambientales para el 2030. De igual forma, la creación de una comisión investigadora para la reconciliación con los pueblos indígenas (“de gobierno a gobierno”) y por los asesinatos de mujeres de las Primeras Naciones, demuestra su compromiso por marcar un cambio.

No obstante, el gobernante liberal ha mostrado menos contundencia en asuntos como el impacto negativo de las mineras canadienses en labores de exploración y explotación en tierras latinoamericanas. Asimismo, ha sido nula la respuesta del gobierno federal a la demanda de terminar con el limbo de  inmigrantes indocumentados, encarcelados por más de tres años. Este lunes 17 de ellos iniciarán de nuevo una huelga de hambre.

Es aplaudible su decisión de quitar la visa a los mexicanos a partir del 1 de diciembre, pero la condicionante de volver a imponerla si en el primer año se superan los 3.500 refugiados de México, no demuestra que Canadá esté interesado en ir más allá a este respecto.