Foto: Alta Baja Productions / Facebook

El telón se cierra sobre el pequeño escenario del teatro improvisado en el centro cultural Chino. Francisco sale de entre las cortinas con su disfraz de cazador, la escopeta de madera colgándole del hombro. Repite con entusiasmo “muchas gracias, muchas gracias…”, mientras inclina el torso. La lluvia de aplausos suena vigorosa y dando media vuelta Francisco vuelve a perderse detrás de las cortinas. La luz principal abre los ojos, puedo ver a las personas alrededor. Rápidamente dirijo un mirada adusta a la pareja que se pasó hablando entre sí y revisando sus teléfonos móviles durante la función. Tatiana, mi novia, que me conoce muy bien, me codió las costillas. Entonces nos pusimos a hablar de las obras de microteatro presentadas por Alta Baja Productions: Tierra Jauja, Farsa y justicia del señor corregidor, y La mirada.  Obras entretenidas, bien ejecutadas, que recomiendo ver. La modalidad de microteatro me pareció interesante. En el microteatro existen diferentes variantes, en esta ocasión el público fue separado en tres grupos, cada grupo fue dirigido hasta un pequeño escenario, los cuales estaban dentro de un gran salón, divididos por paneles de madera. Al estar todos los espectadores en sus puestos las obras iniciaron simultáneamente, duraron 15 minutos, y, al terminar, los grupos intercambiaron escenario para presenciar la siguiente función.

Dos de las tres obras llamaron en particular mi atención.

Estas obras abordan desde la ficción la realidad que Latinoamérica viven en la actualidad: la corrupción y la manipulación.

Primero, Tierra Jauja, que trata sobre dos rateros que engañan a una pobre moza que lleva comida a su esposa que está preso. Los rateros la interceptan camino a la cárcel, con sus mentiras la entretienen hablándole de la tierra de Jauja, tierra prometida donde todo es fácil, donde la comida abunda y es gratuita, las hamburguesas guinda de los árboles, los ríos son de chocolate. Mientras ellos la engatusan con las fantasías le van saqueando la comida del canasto. Pan por pan, hasta dejarla sin nada para su marido. Luego los rateros corren entre risas y burlas, mientras la moza llora en desconsuelo.

Farsa y justicia del señor corregidor fue la siguiente obra que me gustó. En ella, el sirviente del corregidor se encarga de estafar a un sinnúmero de personajes para satisfacer los extravagantes caprichos del señor corregidor. Cuando las víctimas se presentan a la corte, ante el señor corregidor, a declarar las injusticias, atropellos y fechorías a los que habían sido sometidos, este conjura cualquier tipo de excusas para que tanto él como su sirviente salgan limpios de los embrollos. Los subterfugios van desde manipular pasajes bíblicos y artículos de la constitución, hasta inventarse leyes que los favorezcan. Y así pues logra dejar en libertad a su sirviente y las víctimas se marchan impotentes, con la cola entre las patas.

No es sorpresa que estas obras llamaran mi atención, porque abordan desde la ficción la realidad que Latinoamérica viven en la actualidad: la corrupción y la manipulación. Una situación que se vive de igual manera en muchos otros países del mundo. Latinoamérica es operada por gobiernos que son una mezcla de estas dos obras. Rateros que han ascendido a cargos públicos y un corregidor (llámese presidente, gobernador, ministro) que manipula todo lo que esté a su alcance para favorecer sus intereses y los de sus secuaces. Tristísima realidad, más dura y más cruel, de lo que se puede interpretar.

Alta Baja productions cumple tres años, y ya incursiona también en cortometrajes.

Francisco Vera, fundador de Alta Baja Productions, llegó a Montreal hace quince años. Dejó México por asuntos sociopolíticos que trocaban su desarrollo profesional y, además, ponían su vida en peligro. Así, se vio obligado a abandonar su temprana carrera de periodismo, su familia, sus amigos. Al llegar a Canadá rápido consiguió trabajo en construcción, rubro que emplea, inicialmente, a una buena parte de los migrantes. Con el paso de los años Francisco dejó Montreal para instalarse en Calgary. Como la gran mayoría de los habitantes de Calgary, vino a esta provincia buscando mejores oportunidades laborales. Con el conocimiento y la experiencia adquirida en construcción abrió su empresa. Las cosas marchaban bien, hasta que un día, asqueado de la rutina de trabajo, los quehaceres del hogar, la ausencia familiar, Francisco decide que necesita un proyecto alterno que le permita sobrellevar el tedio de la vida. Así pues se vuelcen eal arte como remedio y lucha a una vida bastante absurda. El arte es, en mi parecer, la única salida honorable para romper con la cotidianeidad,  para no terminar con un tiro entre las cejas, o, lo que sería aún peor… para no terminar viviendo en los suburbios con tres hijos, un perro, un camper, en una de esas casas igual a las de cientos de vecinos. Entonces, Francisco, que había incursionado en teatro durante la universidad, participando en pequeños roles de producción, y llevando esa pasión en hiatus desde que terminó su carrera, comienza a asistir a clases de actuación y a escribir guiones. Al tener la primera oportunidad le da vida a su nuevo proyecto: Alta Baja Productions, el cual ha dado frutos generosos, con una gran aceptación dentro del público hispano. Lo demás es evidente. Alta Baja productions cumple tres años, y ya incursiona también en cortometrajes. El futuro para este talentoso grupo está lleno de posibilidades. Aplausos, por favor.

Sin embargo, lo que en realidad me interesa resaltar en este breve artículo es el aporte de los migrantes una sociedad. Alta Baja Productions le ha abierto las puertas a un sinnúmero de talentos hispanos de todas las edades, permitiéndoles desarrollarse en Canadá tanto profesional como artísticamente, brindado esa oportunidad de desarrollo y entidad cultural.  Se trata de una coyuntura excelente para crecer, aprender y explorar, ya que las obras de teatro de Alta Baja Productions han tenido mucha afluencia, no solo de hispanos sino también de canadienses que buscan asimilar la cultura hispana. Esta combinación de culturas que fortalece a la sociedad es un buen ejemplo para nuestros vecinos de allá abajo, los gringos, quienes están cortando las patas a los más vulnerables, personas que lo han dado todo para salir adelante. Gente que puede aportar no solo su sudor, su talento y sus anhelos, sino también su idiosincrasia, para enriquecer a un país económica, artística y culturalmente.

Me siento orgulloso de vivir en Canadá, de formar parte de una sociedad incluyente, abierta y progresiva, donde la inmigración fortalece las estructuras sociales, y el desarrollo de la nación depende ello.