El 71% de los consultados estaban “bastante” o “muy” satisfechos con la democracia canadiense.

Los canadienses están satisfechos con la salud de su democracia, pero la situación global no permite grandes manifestaciones de júbilo. En medio de la preocupación generalizada por el estado de las democracias occidentales y el aumento de los movimientos populistas, un nuevo informe dice que la salud de la democracia canadiense ha mejorado en los últimos dos años. Democracia 360, el segundo informe bienal de Samara, una organización cívica no partidista con sede en Toronto, considera que la cultura política del país merece un grado B-minus, lo que supone una ligera mejoría con respecto al C que Samara otorgó en 2015.

La nueva puntuación se vio reforzada por una mejor participación en las elecciones federales de 2015, pero también por los resultados de las encuestas que sugieren que los canadienses son algo más felices con sus nuevos parlamentarios. “Generalmente, nuestra democracia no tiene algunas de las señales de alarma que se proyectan en algunos otros lugares alrededor del mundo, lo cual es muy positivo”, afirma Jane Hilderman, director ejecutivo de Samara. “Pero nuestro mensaje más importante es que lo que hemos aprendido, si es que hemos aprendido, desde 2016 es que no se pueden dar las cosas por sentado”, sostiene. Los resultados se basan en una encuesta on-line realizada a 4.003 residentes canadienses mayores de 18 años. La encuesta se realizó en inglés y francés del 23 de septiembre al 6 de octubre de 2016.

El 71% de los consultados en la encuesta de Samara realizada el pasado otoño estaban “bastante” o “muy” satisfechos con la democracia canadiense, lo que supone una mejora de seis puntos respecto a una encuesta similar realizada en 2014. 47% (7 puntos más que en la anterior encuesta), aseguraron que confían en los parlamentarios para que hagan lo que es correcto. El mismo porcentaje dijo que confían en la acción de los partidos, lo que significa una mejora de cinco puntos porcentuales.

Pero incluso con tales mejorías los resultados ofrecen múltiples lecturas.  Los encuestados calificaron la labor de los diputados en función de seis variables: significativamente un 63% considera que los parlamentarios representan fundamentalmente la opinión de su partido político por encima de los intereses de los ciudadanos.

Los diputados obtuvieron apenas un 53 por ciento en la valoración de su trabajo como representantes de los intereses de sus respectivos distritos, mientras que un 50% destacó que les satisface la manera en la que rinden cuentas por su labor y la forma en la que gestionan el dinero público. El 67% confesó haber tenido una discusión sobre política y el 63% dijo que habían sido contactados por un político o un partido, pero sólo el 29% aseguró que las decisiones de los políticos electos tienen un efecto diario en sus vidas.

Una encuesta publicada a principios de este año por Edelman, una firma internacional de relaciones públicas, reveló un descenso en la confianza de los canadienses sobre el gobierno, los medios de comunicación y los negocios, junto con una mayor brecha en las percepciones entre el público “informado” y la población en general.

Tales hallazgos han sido motivo de preocupación en el gobierno en tanto que constata la existencia de un sentimiento de reacción popular o desencanto —los sentimientos que inspiraron el voto de Gran Bretaña para abandonar la Unión Europea o las elecciones estadounidenses de Donald Trump—, que podría extenderse a través de las democracias occidentales y también a través de Canadá.

Los datos que muestra ahora la encuesta de Samara podrían interpretarse como un afianzamiento de la confianza popular en la democracia canadiense y, por extensión, un alejamiento de cualquier amenaza de “populismo canadiense”. Sin embargo los responsables del informe insisten en que Canadá no es un caso excepcional en un contexto mundial de creciente amenaza de movimientos populistas y nacionalistas. En este sentido Samara señala que el Parlamento todavía no refleja la diversidad de la sociedad: sólo el 26% de los diputados son mujeres y sólo el 4% tienen entre 18 y 30 años de edad (frente al 17% de la población general). Y a pesar del aumento en la participación y la movilización que unas elecciones generales generalmente provoca en el electorado, las tasas de participación directa en la política tradicional siguen siendo relativamente bajas.