Mientras que alrededor del 45% de los encuestados se opondrían a cualquier política que pusiera fin a la inmigración, un poco menos del 20% apoyaría esa política, mientras que casi el 35% dijo que no se opondría ni apoyaría esa política.

El grado de tolerancia de los canadienses respecto a los refugiados e inmigrantes no es tan elevado como se supone a tenor de los resultados de un estudio realizado por el Instituto McGill de Estudios de Canadá (MISC), que revela al mismo tiempo que aunque las actitudes de los canadienses hacia los refugiados y los inmigrantes son generalmente positivas, esas opiniones no son necesariamente sólidas y estables.

La conclusión más relevante de este estudio, según su autor, Michael Donnelly, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Toronto, es que existe el potencial de que el sentimiento intolerante, anti-inmigrante y anti-refugiado aumente en el futuro.

Donnelly tomó recientes investigaciones de opinión pública internacional sobre la inmigración y los refugiados y luego diseñó una encuesta específica para Canadá con el objetivo de comparar las actitudes de los canadienses con las de los ciudadanos de otros países occidentales.

La encuesta fue realizada por la firma Ipsos, que encuestó a 1.522 canadienses entre el 18 y el 27 de enero, mucho antes de que Trump anunciara sus controvertidas restricciones de inmigración y refugio, y antes también del tiroteo en la mezquita de Quebec que acabó con la vida de seis fieles musulmanes. Los encuestados fueron invitados a completar la encuesta en línea en francés o inglés.

La encuesta encontró que los canadienses tienen lo que Donnelly describió como un “impresionante” conocimiento del sistema de inmigración y refugio de Canadá y que la mayoría está satisfecha con el enfoque multiculturalista de Canadá en la política de inmigración.

Sin embargo, según Donnelly, “aunque Canadá tiene una historia excepcionalmente positiva de inmigración e integración durante el último medio siglo, no parece ser un pueblo excepcionalmente tolerante”. El profesor de la Universidad de Toronto ha llegado a la conclusión que el país no es ni el más tolerante ni el más intolerante, está en la media estadística si se compara con Europa y los Estados Unidos en cuestiones como, por ejemplo, cuán generosos deberían ser los países al considerar una solicitud de refugio o si los inmigrantes de países pobres deberían ser aceptados.

Pero cualquier gesto de tolerancia de los canadienses respecto a ser más generosos con los refugiados y los inmigrantes es “suave” en el sentido de que, como Donnelly sostiene, hay muchos que no son partidarios de sostener opiniones inflexibles, independientemente de su posición favorable o desfavorable a la inmigración. Por ejemplo, la encuesta encontró lo que Donnelly describió como “sorprendentemente débil” oposición a la idea de detener toda la inmigración a Canadá. Pero los datos exigen una mirada completa para encontrar los matices que preocupan al profesor universitario.

Mientras que alrededor del 45% de los encuestados se opondrían a cualquier política que pusiera fin a la inmigración, un poco menos del 20% apoyaría esa política, mientras que casi el 35% dijo que no se opondría ni apoyaría esa política. “Estos resultados sugieren que un movimiento serio contra los inmigrantes no es imposible”, escribió Donnelly.

Un poco más de la mitad de los encuestados estuvo de acuerdo con la afirmación de que “muchos inmigrantes no parecen estar conectados con la sociedad canadiense”, mientras que dos de cada tres canadienses creen que los inmigrantes deben cambiar su comportamiento para ser más parecidos a los canadienses una vez que llegan al país. Donnelly afirma rotundo que esos puntos deben ser claras señales de advertencia.

“Hay algunas cosas buenas que están pasando en Canadá y hay algunos problemas potenciales”, dijo Donnelly en una entrevista telefónica concedida el lunes al National Post. “Hay espacio allí para el crecimiento de la intolerancia si la gente no tiene cuidado”.