El presidente mexicano Enrique Peña Nieto junto al primer ministro canadiense Justin Trudeau durante la última cumbre del Tratado de Libre Comercio de América del Norte celebrada el pasado mes de junio en Ottawa. Foto: Presidencia de México

Esta posibilidad no se encuentra en estos momentos en la mesa del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, pero no hay duda de que la inesperada victoria de Donald Trump ha transformado por completo el escenario en el que se estaba definiendo la nueva relación entre Canadá y México en materia de inmigración y circulación de personas.

El próximo 1 de diciembre entra en vigor el levantamiento de la imposición de visa para los ciudadanos mexicanos que quieran entrar en Canadá. La decisión, que formaba parte del programa electoral de Trudeau, fue anunciada en el transcurso de la cumbre de líderes del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) celebrada el pasado mes de junio en Ottawa.

Entonces se desveló que esta decisión, que venía a revocar la medida impuesta por el gobierno de Harper en 2009, no contaba con el respaldo de algunos altos funcionarios del departamento de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía del gobierno canadiense, que temían que produjera un “efecto llamada” en la demanda de solicitudes de asilo procedente de México. Desde el martes este temor es una realidad y el gobierno federal ha comenzado a prepararse para una oleada potencial de migrantes mexicanos que soliciten entrar a Canadá.

Diversas fuentes han confirmado que se están realizando reuniones de alto nivel con funcionarios de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía de Canadá y otros departamentos del Gobierno federal para hacer un análisis del nuevo escenario. Es verdad que estas conversaciones para planificar una estrategia frente a un posible aumento en las peticiones de asilo se vienen manteniendo de manera regular desde principios de este año, pero se han intensificado esta semana después del triunfo de Trump.

Como se sabe, el magnate estadounidense hizo campaña con la promesa de construir un muro a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México y deportar rápidamente a trabajadores indocumentados y a residentes ilegales. Fue uno de los principales argumentos de su errático programa político y aseguró que ésta sería una de las medidas que empezaría a ejecutar durante sus primeros 100 días de gobierno.

Lorne Waldman, abogado de inmigración con sede en Toronto, espera un aumento de las peticiones de refugiados mexicanos una vez que se levante el requisito de visado el próximo 1 de diciembre. No tiene duda de que la elección de Trump va a tener un “impacto significativo” en Canadá. “El Gobierno ya estaba muy preocupado por el potencial incremento de nuevas peticiones procedentes de México, y por eso dudó durante tanto tiempo antes de anunciar que iban a eliminar la visa”, asegura. “Y ese anuncio se hizo antes de que nadie supiera que Donald Trump, con sus políticas de inmigración muy diferentes a las de la actual administración, iba a ganar las elecciones”.

El nuevo escenario abierto tras las elecciones del martes ofrece un terreno abonado a la incertidumbre y la inquietud. Al mismo tiempo que miles de ciudadanos estadounidenses bloquearon la web de emigración del gobierno canadiense la noche electoral, millones de mexicanos observan con gran preocupación su futuro en Estados Unidos y miran a Canadá como una alternativa posible.  Cuando Trump lanzó por primera vez su candidatura presidencial en junio de 2015, apuntó con determinación a México, argumentando que el país estaba exportando a Estados Unidos criminales. “Están enviando gente que tiene muchos problemas y están trayendo sus problemas”, dijo. “Están trayendo drogas, están trayendo delincuencia, son violadores y algunos supongo que son buenas personas, pero hablo con guardias fronterizos y nos dicen lo que estamos recibiendo”, señaló en muchos de sus mítines.

En agosto del año pasado Trump publicó un documento de política de ocho páginas sobre inmigración en el que se esbozaban planes para construir un muro multimillonario a lo largo de la frontera mexicana, y además aseguraba que obligaría a México a pagar por ello. También prometió detener y deportar a los inmigrantes indocumentados y triplicar el número de oficiales de inmigración estadounidenses. Y en septiembre reiteró su firme compromiso de eliminar en masa a los inmigrantes ilegales. “No habrá amnistía”, dijo Trump en un mitin en Arizona. “Nuestro mensaje al mundo será éste: usted no puede obtener el estatus legal o convertirse en un ciudadano de los Estados Unidos al entrar ilegalmente en nuestro país”.

Riesgos sobre las políticas de inmigración de Canadá

El posible efecto Trump sobrevuela la escena política canadiense y aporta nuevos elementos a un debate, el de la inmigración, que ha generado tradicionalmente una importante controversia entre conservadores y liberales. La conservadora Michelle Rempel, crítica con el levantamiento del visado a los mexicanos,  ha recordado que el gobierno de Stephen Harper impuso la restricción en 2009 después de un gran número de falsas solicitudes de refugiados procedentes de ese país. Rempel acusó a los liberales de tomar una decisión “arbitraria” al levantar la restricción, sin hacer un estudio serio del impacto que puede tener en el país y sin diseñar un plan de choque para prevenir el abuso.

“No impones una visa a una nación que está cerca de nosotros en términos de comercio salvo que haya un problema serio y discernible, y en este caso lo había”, aseguró la política conservadora. Si de repente se produce un aumento grave en las solicitudes de asilo, “habrá que paralizar la medida temporalmente”, concluyó.

Un problema que viene de lejos

El primer ministro Justin Trudeau anunció el plan para levantar el requisito durante una visita del presidente mexicano Enrique Peña Nieto a Canadá el pasado 28 de junio. Durante esa reunión, México anunció, en contrapartida, que reabriría completamente en octubre su mercado a la carne canadiense. Un alto funcionario de la oficina del ministro de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía, John McCallum, ha confirmado que el gobierno mantiene la fecha del 1 de diciembre para levantar la visa.

“Nuestros funcionarios están trabajando con la Agencia de Servicios Fronterizos de Canadá (CBSA) y con los funcionarios mexicanos para sentar las bases para el levantamiento de visas, incluyendo medidas para identificar y disuadir la migración irregular”, confirmó.

CBSA sostiene que  el incremento potencial de las solicitudes de inmigración a Canadá está sólo en el terreno de la especulación en estos momentos.  “Se van a seguir manteniendo los mismos protocolos fronterizos y de acceso al país, esto incluye procesar a cualquier solicitante de refugio”, dijo la portavoz Esme Bailey. “El CBSA procesa a más de 90 millones de viajeros al año y monitorea rutinariamente sus operaciones para asegurar los recursos apropiados”.

El número de reclamaciones mexicanas dirigidas a la Junta de Inmigración y Refugiados estaba aumentando de manera exponencial durante la primera década del siglo XXI, hasta alcanzar un máximo de 9.511 en 2009. Fue la fecha crítica que provocó la reacción del gobierno Harper con la imposición del visado a los ciudadanos mexicanos. Desde entonces, las peticiones de asilo se redujeron a 1.349 el siguiente año. Luego las cifras continuaron reduciéndose a sólo 120 en 2015. Entre enero y junio de este año sólo se han registrado 60 casos, según las cifras más recientes disponibles.