Cuando el COVID-19 nos hace reinventarnos

La psicoterapeuta mexicana Lucía Gállegos, que reside en Toronto desde hace varios años, ofrece en este artículo un catálogo de consejos para afrontar la crisis del coronavirus y las consecuencias del confinamiento doméstico.

La piscoterapeuta mexicana Lucía Gállegos considera que “si tratamos de poner un enfoque creativo a esta experiencia, el resultado puede romper paradigmas”. Foto: Julio C. Rivas / Lattin Magazine

Nunca nos imaginaríamos que este año pondría a la humanidad fuera de su zona de confort; el brote del coronavirus COVID-19 se ha convertido en un acecho que nos ha puesto en estado alerta en todo momento, afectando no solo la economía y nuestra salud física, sino también nuestro balance mental.

A nuestro cerebro le gusta tener el control de las cosas. Cuando esto no ocurre, estamos en modo alerta; listos para cualquier situación de riesgo, el cual, en algunas ocasiones podemos ver de forma clara. Por ejemplo, si fuéramos caminando por una calle oscura y viéramos a una persona sospechosa, nuestro cerebro se activaría de forma instantánea para poder correr o pelear el peligro. Sin embargo, hay ocasiones en las que el peligro no está de forma presente, pero para nuestro cerebro, el solo hecho de imaginarlo llega a activar los mismos mecanismos de defensa. Algo similar no estás pasando en cuanto al COVID-19.  No podemos verlo físicamente, pero esto no impide que experimentemos temor, enojo y ansiedad constantemente las 24 horas.

Aunque esta circunstancia se está dando a nivel mundial, cada uno de nosotros la está experimentando de forma particular. Cada uno cuenta con distintas historias y emociones particulares que nos hace vivirlo de forma individual y en comunidad. A mí me tomó por sorpresa estando de viaje en mi natal México. Como psicoterapeuta registrada en Ontario, este cambio sin previo aviso me arrojó a mí, como a muchos de nosotros, a modificar el modo de hacer y planear nuestros trabajos bajo nuevas condiciones; de alguna manera a reinventarnos sin que nos dieran aviso previo. En mi caso, por ejemplo, a llevar toda mi práctica, por lo menos por ahora, a un modo on-line, donde estoy aprendiendo, junto con mis clientes, a crear un espacio de cercanía virtual. En la mayoría de las sesiones que estoy teniendo actualmente, muchos de los temas que se tocan es el miedo, la incertidumbre, ansiedad, enojo y tristeza ante este caos mundial y un futuro desconocido. Son emociones completamente humanas que nos arrojan experimentar grandes dosis de ansiedad que se puede convertir en ataques de pánico.

“No podemos controlar muchas cosas, básicamente casi nada, pero sí podemos decidir cómo queremos enfrentarlas, y esto es nuestra responsabilidad”.

Este estado alerta nos lleva a vivir situaciones que nunca habíamos imaginado más que en filmes y libros; a un punto de sentirse casi irreal; como un mal sueño o pesadilla que esperamos termine pronto. Ante esta gran incertidumbre, los niveles de ansiedad se disparan y estados depresivos pueden tomarnos sin darnos cuenta. Además, cuando a esta fórmula le añadimos un aislamiento social, lejos de contacto físico de las demás personas, nuestro estado de ánimo puede verse fuertemente afectado también, máxime que, en una cultura como la nuestra, el estar lejos de la familia y con un mínimo contacto social, podemos estar en un estado más frágil y vulnerable.  Solo basta que un pensamiento se dispare para que escenarios catastróficos nos haga sentir a punto del quiebre. Sin embargo, aunque este trago amargo es real, no tenemos que pasarlo solos y no será eterno.

Se nos ha informado sobre cómo cuidarnos y protegernos ante el COVID-19, pero de igual manera es importante informarnos sobre cómo cuidar y ver por nuestro balance emocional. Mientras podamos construir un estado mental en armonía, hay más probabilidades de enfrentar este oscuro laberinto de manera menos vulnerable. Por ejemplo, podemos utilizar estas circunstancias para dar un significado a lo qué esta aconteciendo. No podemos controlar muchas cosas, básicamente casi nada, pero sí podemos decidir cómo queremos enfrentarlas, y esto es nuestra responsabilidad. Les comparto unos puntos que nos pueden ayudar a vivir esta crisis mundial.

Auto Cuidado: Puede ser desde tomarse un espacio para saborear un café, darse un baño de tina, leer un libro. Hacer sobremesa con las personas alrededor nuestro, o hacer rutinas de ejercicio gracias a diferentes clases de manera remota que ya hay actualmente.

Tomar un descanso: Esparcir los momentos para ver noticas relacionadas con COVID-19.  Definir una hora al día, así como los medios confiables para mantenerse informados de forma correcta. Las redes sociales pueden transmitir fake news que no harán más que disparar niveles de ansiedad.

Definir una rutina: Algo que nos da tranquilidad es tener una rutina establecida. Eso hace que nuestro cerebro se sienta en control.  El trabajar desde casa o estar confinados puede romper dinámicas establecidas y hacernos sentir irritables. El tener una estructura puede crear un espacio para sentirnos seguros.

Monitorear emociones: Es normal que vivamos varias emociones en un mismo día. Podemos ir de sentirnos tranquilos a sentir miedo en un segundo.  Pongamos atención si en algún momento notamos falta de energía, así como constantes emociones de tristeza por periodos mayores de 15 días, ya que podríamos estar experimentando un síntoma depresivo.

Respirar: No es necesario poner atención cuando respiramos; lo hacemos de forma autónoma, pero sí podemos controlar nuestra respiración.  Cuando estamos estresados, nuestra respiración responde de manera inmediata ante un peligro, es por eso que en un ataque de pánico nuestra respiración se incrementa. De igual manera, al estar tranquilos, nuestra respiración es más calmada.  Tomar un tiempo para respirar con calma, enfocándonos en respirar por el diafragma, nos puede ayudar a comunicarle al cerebro que no hay peligro.

Estar en comunidad: La tecnología nos permite mantenernos en contacto. Aunque no estemos físicamente cerca de nuestros seres queridos, sí podemos hacer video llamadas con ellos.

Hablar sobre nuestras emociones: Compartamos con otros nuestro sentir. El solo escuchar a otros, o expresar en voz alta lo que sentimos, nos hará sentir menos alejados de los demás y menos aislados ante estos momentos.

Buscar ayuda profesional: En ocasiones las emociones pueden ser tan abrumadoras que se necesita más que compartirlas con amigos y familia.  Un trabajo terapéutico puede ser de gran ayuda en estos momentos. Hoy en día muchos terapeutas en Ontario están continuando su trabajo de forma remota.  Distress Centre da atención telefónica confidencial las 24/7 de manera confidencial y gratuita.

Reinventarse: ¿Qué es lo que nos gustaría aprender de este trago amargo de agua? Las crisis nos hacen salir de nuestra zona de confort; nos arrojan a un infinito donde no sabemos dónde y cómo vamos a aterrizar, pero esta misma fuerza es la que nos puede llevar a replantearnos nuestro ser, así como nuestras expectativas. Si tratamos de poner un enfoque creativo a esta experiencia, el resultado puede romper paradigmas. Ya no veremos el mundo igual después del COVID-19.  Comencemos a pensar en cómo este evento nos está dando pautas para reinventarnos, ya que en este justo momento se  están cambiando las reglas del juego.

MA,  R.P College of Registered Psychotherapist of Ontario.