Vivek Shraya: ‘I’m Afraid of Men’, el libro que refleja quiénes somos en 2018

Vivek Shraya es una artista multifacética, cuyo talento ha dejado huella tanto en la música como en las artes visuales, el cine y la literatura. Su más reciente libro, ‘I’m Afraid of Men’, ha sido un exitazo de ventas y obtenido una incontable cantidad de reseñas favorables en medios anglófonos.

La primera frase de ‘I’m Afraid of Men’ resume todo lo que Vivek luego describe, con sentido del humor y fina precisión, en las páginas que siguen: “I’m afraid of men because it was men who taught me fear.”

Fue un privilegio conocer brevemente a Vivek Shraya en Ottawa en octubre, durante el festival internacional de escritores, en el cual tuve una modesta participación y ella, una aparición estelar. Vivek Shraya es una artista multifacética, cuyo talento ha dejado huella tanto en la música como en las artes visuales, el cine y la literatura. Es además activa defensora de la igualdad racial y sexual. Ganadora de múltiples reconocimientos, nominaciones y premios en todas las áreas en las que ha incursionado, es además profesora de creación literaria en la Universidad de Calgary y fundó su propia editorial, VS Books. Vivek es increíblemente carismática y atractiva y, por si todo lo anterior no fuese suficiente, su más reciente libro, I’m Afraid of Men, ha sido un exitazo de ventas y obtenido una incontable cantidad de reseñas favorables en medios anglófonos.

Lamentablemente, I’m Afraid of Men (o Me dan miedo los hombres) todavía no ha sido traducido al español, por lo que es probable que esta sea la primera nota que se encargue del texto en nuestra lengua. Espero, sin embargo, que el libro se traduzca y esté disponible en el mercado hispano muy pronto, porque me parece una lectura indispensable para nuestra época y, sobre todo, para una cultura como la hispana (y latinoamericana, para no herir los sentimientos de quienes pugnan por la descolonización), todavía con tantos atavismos del añejo y peligroso sistema patriarcal, machista y racista que nos ha formado y que no hemos logrado dejar atrás.

La primera frase I’m Afraid of Men resume todo lo que Vivek luego describe, con sentido del humor y fina precisión, en las páginas que siguen: “I’m afraid of men because it was men who taught me fear.” Así de simple: “Me dan miedo los hombres porque fueron los hombres quienes me enseñaron lo que es el miedo”. En Ottawa, Vivek subió al escenario y nos dijo en voz alta, de memoria, las páginas iniciales del libro. El aplauso que recibió al terminar fue arrollador porque sus palabras nos tocaron a todos en la audiencia. A las mujeres, porque cada miedo que ennumera Vivek ha sido nuestro alguna vez, a los hombres, porque muchos (como ahí se atrevieron a decir) no se habían detenido a pensar en cómo sus actitudes o comportamientos hacen sentir a las mujeres (ya fueran cisgénero o transexuales, como Vivek), y para todos en general porque, a diferencia de la comunidad LGBTQIAP, quienes no hemos sido acosados ni discriminados por nuestras preferencias u orientación sexuales no conocemos la gama enorme de riesgos, temores y estrés que implica su constante confrontación con el rechazo.

En inglés se está haciendo un esfuerzo para que la palabra girl, “niña”, deje de utilizarse como un insulto contra los varones, y para que la femineidad que los habita deje de destruirse a fuerza de golpes y humillaciones.

En inglés se está haciendo un esfuerzo para que la palabra girl, “niña”, deje de utilizarse como un insulto contra los varones, y para que la femineidad que los habita deje de destruirse a fuerza de golpes y humillaciones. Esto ocupa la segunda frase del libro de Vivek. “I’m afraid of men because it was men who taught me to fear the word girl by turning it into a weapon they used to hurt me. I’m afraid of men because it was men who taught me to hate and eventually destroy my femininity. I’m afraid of men because it was men who taught me to fear the extraordinary parts of myself.” Traduzco para quienes no sepan inglés: “Me dan miedo los hombres porque fueron los hombres quienes me enseñaron a temerle a la palabra niña al convertirla en un arma que usaron para herirme. Me dan miedo los hombres porque fueron los hombres quienes me enseñaron a odiar y, con el tiempo, a destruir mi femineidad. Me dan miedo los hombres porque fueron los hombres quienes me enseñaron a sentir temor de aquellas partes de mí que son extraordinarias.”

Lo sabemos de sobra: niñita, mariquita son palabras que se usan para ofender y “enderezar” a los niños y hombres que muestran una sensibilidad distinta a la socialmente aceptable, a la que por su sexo o apariencia supuestamente les corresponde. No te vistas de rosa, no juegues a las muñecas, habla como hombre, carajo, ¿eres puto? Son tantas las maneras que tenemos de herir a los varones que osan ser distintos, y a las mujeres de paso (porque ya sabemos que, de acuerdo con esta mentalidad, somos inferiores), que para cuando entramos en la adolescencia ya todos sabemos a qué grupo pertenecemos o no podremos pertenecer, qué etiqueta nos cuelga de la frente o nos han colgado de la espalda y, si tenemos peor suerte, hasta nos han tocado las agresiones físicas que la discriminación siempre trae de la mano.

Vivek, en el tercer párrafo de su libro, confiesa que le tomó décadas reponerse al daño que sufrió mientras crecía y hasta asumirse como una mujer trans. Y ahora que lo ha hecho, tiene más miedo que nunca. ¿Por qué? Porque a lo largo de un día normal, todas sus decisiones las toma con miedo a las consecuencias que le puedan acarrear, por la manera en que la sociedad mira y juzga a las mujeres como ella. Por ejemplo, por la mañana, cuando se alista para trabajar, elige la ropa que va a vestir y que debe, por un lado, subrayar su femineidad pero, al mismo tiempo, no llamar demasiado la atención. Al salir a la calle, hay gente que se la queda mirando con insistencia, y esas miradas curiosas, inquisitivas, algunas rebosantes de prejuicios, la transforman en una extraterrestre, en alguien que se siente ajena, que no pertenece al mundo que habita. Como el resto de las mujeres, cuando usa ropa entallada siente miedo de las miradas, los gritos, las libertades que los hombres se toman cuando piensan que una mujer se ha vestido de cierta forma para llamar la atención de ellos. Y evita el contacto visual para que no piensen que está coqueteándoles, porque esto le trae un peligro adicional al que corremos las mujeres cisgénero: un hombre homofóbico puede decidir molerla a golpes si siente que su masculinidad se ha puesto en duda.

Portada de la prestigiosa revista ‘Quill & Quire’

El miedo abarca tanto la vida real como la virtual. “If I open Twitter or Facebook on the way to work, I brace myself for news reports of violence against women and gender-nonconforming people, whether it’s a story about another trans woman of colour who has been murdered, or the missing and murdered Indigenous women, or sexual assault. As important it is to make these incidents visible by reporting them, sensationalizing and digesting these stories is also a form of social control, a reminder that I need to be afraid and to try to be as invisible as possible.” Traduzco: “Si abro Twitter o Facebook camino al trabajo, me preparo para ver las noticias que reportan actos de violencia contra mujeres y contra personas con inconformidad de género, ya sea la historia de otra mujer transsexual de color que ha sido asesinada, o las mujeres indígenas asesinadas y desaparecidas, o las que han sufrido de abuso sexual. A pesar de lo vital que es darles visibilidad a estos incidentes al reportarlos, explotar con fines sensacionalistas y digerir estas historias es también una forma de ejercer control social, y un recordatorio de que debo tener miedo e intentar hacerme tan invisible como pueda.” Las mujeres trans corren los mismos riesgos y sufren las mismas agresiones sexuales que las mujeres cisgénero, pero para las víctimas trans hay mucha menor empatía y compasión. Por eso, incluso cuando está dando clase en la universidad, Vivek se inhibe si un grupo de estudiantes varones estalla en risas cerca, pues teme que se estén burlando de ella. En fin, este libro abre los ojos ante tantas cosas, momentos, instantes cotidianos que están ahí, a simple vista, pero muchos no hemos querido o podido ver. O peor, de los que tal vez, a propósito o sin querer, hemos sido cómplices.

La sociedad en la que crecí en mi natal México era (y en muchos aspectos siguen siendo) profundamente homofóbica, aunque en tiempos recientes ha ido abriéndose hacia la diversidad sexual. Todavía falta mucho por hacer, sin embargo, para sensibilizar a la gente hacia los retos y la lucha que enfrentan las personas cuyo cuerpo no refleja la identidad que habita su interior. No basta con decir, como tantos, “respeto pero no comparto”, comentarios que he visto en múltiples sitios de internet y que pretenden ser amables pero en realidad dicen “soy racista/homofóbico/transfóbico, pero solo lo muestro si se me acercan mucho”. Es decir, mientras estos “otros” no invadan la esfera de vida cotidiana de los que “respetan pero no comparten”, tienen el derecho y su permiso a existir (nota la margen: puta madre, cuánta generosidad, qué lindos). ¿En serio? También hubo gente que alguna vez “respetó” que se acabara la esclavitud pero “no compartía” que la gente de color tuviera los mismos derechos que los blancos. Esta lucha, que ya debiera haberse terminado y resuelto hace décadas, sigue vigente gracias a este tipo de gente, que se aferra a sus prejuicios como tabla de salvación ante el naufragio de la superioridad basada en algo tan estúpidamente arbitrario como la mera apariencia (o, en este caso, los roles de género asignados por la sociedad).

Las mujeres trans corren los mismos riesgos y sufren las mismas agresiones sexuales que las mujeres cisgénero, pero para las víctimas trans hay mucha menor empatía y compasión.

Esta lucha por el derecho a ser y a existir, sin embargo, ha costado y sigue costando muchas vidas. Y está en manos de todos formar las alianzas necesarias para hacer de la inclusión y la diversidad nuestro nuevo y permanente orden social. Por eso un libro como I’m Afraid of Men es tan importante, porque quienes “respetan pero no comparten” podrían ver, de cerca, el daño que su estrechez mental ocasiona. Y porque quienes estamos preocupadas por nuestra propia seguridad, la de nuestras hijas, la de todas las mujeres, o reclamando la justicia que antes se nos negó, tenemos que compartir los espacios ganados con todas  nuestras compañeras de viaje, incluyendo muy en particular a las trans.

I’m Afraid of Men debería ser lectura obligatoria para todos, y traducirse a muchas lenguas porque, como decimos en México, la opresión “jala pareja”, por lo que parejas debemos jalar todas las mujeres, y todas las personas que creen en la justicia y en los derechos humanos, contra las estructuras y comportamientos que amenazan nuestra integridad, nuestra seguridad y nuestras vidas, solo porque no somos varones este mundo en el que ellos siguen al mando pero, ante el temor de perderlo o de verse obligados a compartirlo, tantos todavía amenazan con hacernos (y nos hacen) daño y, día a día, nos infunden miedo.

Nota: Los fragmentos del libro fueron traducidos para este artículo con permiso de Vivek Shraya.

marthabatiz.com
Nació en la Ciudad de México y vive en Toronto desde 2003. Es autora de las colecciones de cuentos A todos los voy a matar (Ed. Castillo, 2000, con prólogo de Daniel Sada) y De tránsito (Ed. Terranova, 2014, mención honorífica en el International Latino Book Award), la compilación de artículos y textos publicados desde 1993 hasta 1999 en el diario mexicano Uno Más Uno y su suplemento cultural, Sábado, La primera taza de café (Ed. Ariadna, 2006), la novela corta premiada por Casa de Teatro en Santo Domingo Boca de lobo (2008), traducida por Exile Editions como The Wolf's Mouth (2009), y una nueva colección de cuentos en inglés bajo el título Plaza Requiem, que saldrá publicado por esta misma casa editorial canadiense en noviembre de este año. Es doctora en literatura por la Universidad de Toronto, fundadora del programa de Creación Literaria en español y profesora en la Universidad de York.