El gobierno federal asegura que de los casi 68.000 muertos canadienses durante la Primera Guerra Mundial, más de 19.000 no tienen una sepultura conocida. Foto: The Imperial War Museum

Comienza el mes de noviembre y con él la proliferación de los populares “red poppies” en las solapas de millones de canadienses. Para un recién llegado al país este gesto y esta tradición representan un misterio que pronto se convertirá también en una costumbre. ¿Pero qué simboliza esa amapola roja? La celebración de Remembrance Day el viernes 11 de noviembre (aunque la tradición se ha extendido a todo el mes), en Canadá remite obligatoriamente a la Primera Guerra Mundial, origen de esta celebración y punto de inflexión en el largo camino recorrido por Canadá hasta convertirse en un estado soberano y plenamente independiente de la Corona Británica. La intervención militar de Canadá durante la conocida como Gran Guerra comenzó el 4 de agosto de 1914, cuando Gran Bretaña entró en el conflicto (1914-1918) declarando la guerra a Alemania.

Unos 619.636 canadienses se alistaron con la Fuerza Expedicionaria Canadiense durante la guerra, y aproximadamente 424.000 de ellos sirvieron en el extranjero. De estos hombres y mujeres, 59.544 miembros de la CEF (Canadian Expeditionary Force en sus siglas en ingés) murieron durante la guerra, 51.748 de ellos como resultado de la acción del enemigo. La pequeña Real Armada Canadiense reportó 150 muertes por diferentes causas. No hay datos contrastados sobre los canadienses que sirvieron como voluntarios en la Marina Real o en el Ejército Británico durante la gran guerra. Pero se sabe que al menos 1.388 canadienses murieron mientras servían en las Fuerzas Aéreas Británicas.

De los más de 172,000 canadienses que reportaron heridas durante la guerra, las autoridades médicas clasificaron a aproximadamente 138,000 como víctimas de batalla. El resto fueron lesiones sufridas fuera de la zona de guerra. De los heridos que sobrevivieron, 3.461 hombres y una mujer tuvieron un miembro amputado. Un soldado, Curly Christian, fue el único canadiense que perdió los cuatro miembros y sobrevivió. No existía un método fiable para el seguimiento o el tratamiento de víctimas psicológicas, pero las autoridades identificaron a más de 9.000 canadienses como afectados por “estados de shock” o problemas sicológicos.

La participan canadiense en la guerra tuvo gran relevancia y un especial protagonismo en algunos episodios decisivos en el desenlace del conflicto. Por ejemplo, el éxito militar en la batalla de la cresta de Vimy el 9 de abril de 1917, durante la cual las tropas canadienses capturaron una colina alemana fortificada que había resistido ataques británicos y franceses previamente. Vimy, así como el éxito de los ases de la aviación canadienses William BarkerBilly Bishop, contribuyeron al germen de un nuevo sentido de identidad nacional canadiense.

Un nuevo país surgió de la Primera Guerra Mundial

Canadá salió de la Primera Guerra Mundial con una identidad nacional más reforzada, aunque con algunas heridas internas que tardaron en cicatrizar. Durante el conflicto las tropas canadienses estuvieron bajo mando británico y formadas por voluntarios hasta que en 1917 se pusieron bajo mando canadiense y se empezó a llamar a filas. Esta decisión provocó graves protestas, en especial entre los francocanadienses, y serios disturbios en Quebec que se saldaron con cuatro muertos como consecuencia del ataque de las tropas del gobierno. Pero los historiadores consideran generalmente que el final de la Gran Guerra supuso a su vez el inicio de la época moderna para Canadá y su paulatino emancipamiento de la Corona Británica. La guerra unió a la mayoría de los canadienses en una causa común aun cuando la exigencia del esfuerzo nacional casi rasgó el país en dos partes.

La guerra supuestamente librada en defensa de las libertades liberales y contra el militarismo prusiano dejó a la luz, sin embargo, contradicciones incómodas en Canadá, incluyendo el servicio militar obligatorio, las promesas rotas a los agricultores y el trabajo organizado, la alta inflación, las profundas divisiones sociales y lingüísticas, y la suspensión de muchas libertades civiles. Las mujeres habían logrado el derecho a votar, pero otros canadienses, nuevos inmigrantes procedentes de países enemigos, habían visto rescindido sus derechos al mismo tiempo.

El gobierno había intervenido en la vida de los canadienses hasta un extremo sin precedentes en la historia de la joven nación, introduciendo políticas que eventualmente acabarían transformándose en un verdadero estado de bienestar social. Sin embargo, el país no pudo evitar la guerra en tiempo de guerra, las huelgas y los desastres económicos; lo que llevó a muchos a cuestionar hasta qué punto los ricos canadienses se habían sacrificado durante el conflicto bélico. Un esfuerzo voluntario, masivo y sin precedentes había apoyado a las tropas en el extranjero y le había prestado a Ottawa el dinero que necesitaba para combatir la guerra. La deuda posterior, unos 2.000 millones de dólares, se debía pagar principalmente a miles de ciudadanos canadienses, un hecho que alteró fundamentalmente la naturaleza de la economía de posguerra.

Políticamente, la guerra también fue un terreno de inestabilidad interna. Los esfuerzos del primer ministro Robert Borden para ganar las elecciones de 1917 y llevar a la nación a la victoria final tuvieron éxito en el corto plazo, pero fracturaron al país en varios frentes: territorial, cultural, lingüístico y de clase. Las relaciones entre la Canadá anglosajona y la francófona nunca habían alcanzado semejantes grado de deterioro como durante la guerra. Las acusaciones cruzadas de traidores franceses y militaristas ingleses nunca fueron olvidadas. Quebec sería un desierto para los políticos conservadores federales durante la mayor parte de las siguientes cuatro décadas.

Autonomía y Política Exterior

La guerra aceleró la transformación del Imperio británico en la Commonwealth británica y demostró la dependencia militar y económica de Gran Bretaña de sus dominios autónomos. La mayoría de los principales jefes de gobierno de la Commonwealth lo reconocieron y vieron claramente en sus contribuciones en tiempos de guerra el camino hacia una mayor independencia y protagonismo dentro de los consejos imperiales.

El primer ministro Sir Robert Borden orquestó un esfuerzo nacional masivo en apoyo de la madre patria, pero también exigió que Gran Bretaña reconociera los sacrificios de Canadá en tiempos de guerra con una mayor autonomía después de la guerra. Canadá firmó como país independiente el Tratado de Versalles (1919) que cerraba formalmente la guerra y asumió un papel cauteloso y no comprometido en la recién creada Liga de las Naciones. El acuerdo de Londres para reevaluar los arreglos constitucionales entre Gran Bretaña y sus dominios culminó en el Estatuto de Westminster (1931), que formalizó la autonomía plena de los dominios en las decisiones sobre su política exterior.

Estado sin precedentes

A pesar de los desafíos sociales y políticos de la posguerra, la mayoría de los canadienses también emergieron de la guerra creyendo que habían hecho cosas importantes y difíciles como colectivo. Su principal fuerza de combate en el frente, el Cuerpo Canadiense, había alcanzado una reputación de primera clase como una de las formaciones más efectivas en el Frente Occidental. Sus generales y políticos habían desempeñado un papel clave en la victoria, y el propio país gozaba de una posición internacional que pocos observadores en 1914 podrían haber pronosticado.

¿Por qué llevamos la ‘red poppy’?

La red poppy es el símbolo del Remembrance Day, que se celebra cada 11 de noviembre. Inicialmente la fecha estaba vinculada con el recuerdo de los soldados de la Commonwealth caídos durante la Primera Guerra Mundial. De hecho este conflicto bélico finalizó el 11 del 11 a la hora 11. Con el tiempo se amplió a todos los caídos en las diferentes guerras, fundamentalmente la Segunda Guerra Mundial, y su popularidad se extendió también a los Estados Unidos.  Hoy, Remembrance Day es la jornada señalada para reconocer la labor de todos aquellos ciudadanos consagrados a defender el país.

La tradición de la red poppy (la amapola roja) surge del poema escrito por el soldado canadiense John McCrae durante la Primera Guerra Mundial titulado In Flanders Fields. Los versos describen la amapola roja como una metáfora del triunfo de la vida sobre la muerte, las amapolas rojas crecieron en la tierra en la que miles de soldados perdieron su vida. Durante la semana anterior al 11 de noviembre todo el país se ve inundado con el símbolo rojo, que los ciudadanos portan en sus solapas con gran respeto. En los colegios los alumnos aprenden y recitan los versos de McRae.

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Juan Gavasa Administrator


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Journalist, entrepreneur, writer and Spanish publisher with more than twenty-five years of experience in the field of communications: radio, print and digital. He is a founding member of Lattin Magazine and co-founder of XQuadra Media; a Toronto-based communications startup dedicated to developing creative and strategic content. He has been Editor-in-Chief of PanamericanWorld: a bilinual online information platform created in Toronto with the aim of establishing links between Canada and the Americas. In 1996, he co-founded the communication company Pirineum Multimedia in Spain, dedicated to the development of communication strategies, management of communication projects for private and public companies, web development, cultural events and publishing and advertising production. He specializes in editorial management and is the author, co-author and coordinator of more than twenty books and travel guides.

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Periodista, empresario, escritor y editor español con más de veinticinco años de experiencia en el campo de la comunicación: radio, prensa impresa y digital. Es miembro fundador de Lattin Magazine y co-fundador de XQuadra Media, una startup de comunicaciones, con sede en Toronto, dedicada a desarrollar contenido creativo y estratégico. Ha sido Redactor Jefe de PanamericanWorld, una plataforma trilingüe de información on-line creada en Toronto con el objetivo de establecer vínculos entre Canadá y las Américas. En 1996 co-fundó en España la empresa de comunicación Pirineum Multimedia, dedicada al desarrollo de estrategias de comunicación, gestión de proyectos de comunicación para empresas privadas y públicas, desarrollo web, eventos culturales y producción editorial y publicitaria. Está especializado en dirección editorial y es autor, co-autor y coordinador de más de veinte libros y guías de viaje.