La historia de Hudson’s Bay, la compañía que fue dueña de Canadá

The Bay, una de las compañías canadienses más populares, fue durante los siglos XVI y XVII propietaria de los extensos territorios que hoy constituyen Canadá.

Hudson bay
Todo el sistema de comercio de pieles dependía de que los cazadores indígenas trajeran un suministro constante de pieles de animales a los puestos comerciales británicos.

Hubo un tiempo en que la Hudson’s Bay Company fue dueña de ocho millones de kilómetros cuadrados de la superficie de la tierra, que incluían gran parte del actual Canadá y el noroeste de los Estados Unidos. La compañía gestionaba como un monopolio el comercio entre su gente, especialmente las cotizadas pieles de castor, y ejercía un dominio tan férreo como el de cualquier otro imperio o señor feudal.

La historiografía nos ofrece muchas perspectivas para analizar el fenómeno de la Hudson’s Bay y explicar las razones de su extraordinario poder. Se podría comenzar con los cazadores indígenas, cuyos métodos sostenibles de captura fueron explotados por los comerciantes de HBC con fines de lucro.

También el furor consumista de los europeos, hombres y mujeres desesperados por conseguir las pieles impermeables del castor, que había sido cazado hasta casi la extinción en Europa. O la manta de puntos de la bahía de Hudson, algo que seguramente se remonta a la época en la que los canadienses vivía en cabañas. La manta de lana de fabricación inglesa, color crema, con rayas gruesas de colores, nace en el siglo XVIII, cuando era el bien comercializado más popular de la empresa. Hoy es un símbolo de Canadá.

Las tierras de Rupert

El 2 de mayo de 1670, el rey Carlos II de Inglaterra otorgó a su primo hermano, el príncipe Rupert, un estatuto real para formar la Compañía de la Bahía de Hudson en América del Norte, después de las expediciones que éste había realizado por parte de lo que hoy es territorio canadiense. En esos viajes había constatado la existencia de una inmensa población de castores y otros preciados recursos naturales como el oro y la plata.

A todo ese extenso pedazo del mapa norteamericano se le conoció durante siglos como “Rupert Land” (La tierra de Rupert). Básicamente, el rey dio a sus amigos y familiares el monopolio de la explotación comercial y el desarrollo de los recursos en el nuevo mundo.

A mediados del siglo XIX, conforme que crecían las propiedades de la HBC, la región llegaría a abarcar unos ocho millones de kilómetros cuadrados y grandes partes de la actual Alberta, Saskatchewan, Manitoba, Nunavut, Ontario y Quebec, así como el noroeste y el medio oeste de los Estados Unidos.

Los colonos franceses habían sido los primeros en desarrollar relaciones comerciales cercanas con las tribus indígenas. Y los británicos querían desesperadamente participar en ese negocio.

El rey observó la gran oportunidad de negocio que se asomaba en aquellas lejanas tierras al norte del nuevo continente, y otorgó una carta real a HBC por derechos comerciales exclusivos sobre los ríos y vías marítimas en toda la Bahía de Hudson. La compañía obtuvo acceso exclusivo a más de 1.5 millones de millas cuadradas de tierra en el noroeste de Canadá (más del 40% de la masa continental del país).

El príncipe Rupert, uno de los mejores oficiales de caballería y comandantes navales, fue también un gran patrocinador de las artes y la ciencia. Rupert estuvo al frente de HBC hasta que murió en 1682 a la edad de 62 años. El hermano menor del rey, James II (duque de York), reemplazó a Rupert como el siguiente gobernador. Estuvo en el cargo dos años antes de suceder a Carlos como nuevo rey de Inglaterra.

Un negocio dependiente de los indígenas

Todo el sistema de comercio de pieles dependía de que los cazadores indígenas mantuvieran un suministro constante de pieles de animales a los puestos comerciales británicos. A menudo intercambiaban productos manufacturados europeos como cuchillos, teteras, pistolas, agujas y mantas. Durante la década de 1700, Gran Bretaña y Francia libraron feroces batallas terrestres y navales por el control de ese lucrativo comercio de pieles.

En 1821 la Hudson’s Bay Company se fusionó formalmente con su mayor competidor, North West Company, con sede en Montreal. La empresa recién creada se convirtió en un actor minorista dominante en todo el continente.

Mientras tanto, en Gran Bretaña la opinión pública se estaba volviendo contra el HBC. Según The Times, la empresa era “el último gran monopolio que la imprevisión y el favoritismo imprudente de Carlos II infligieron al mundo comercial”. Muchos británicos estaban ansiosos por romper el monopolio de HBC, abrir la región a los asentamientos y expander las oportunidades de negocio.

Llegó 1867 y Nueva Escocia, Nuevo Brunswick, Ontario y Quebec se confederaron, creando el Dominio de Canadá. Bajo el liderazgo del primer ministro John A. Macdonald, el gobierno se propuso incorporar el oeste de Canadá y colonizar la región. Pero Macdonald se enfrentó una resistencia persistente y sostenida a este plan por parte de las naciones indígenas. Y había otro desafío que venía del sur.

Desde la revolución americana, los gobiernos británicos, y luego canadienses, temieron la invasión estadounidense. La alarma creció después de que Estados Unidos obtuviera importantes ganancias territoriales en la Guerra México-Estados Unidos de la década de 1840 y comprara Alaska el año en que Canadá se confederó.

Muchos canadienses se sentían con derecho a los territorios occidentales, creyendo que eran una extensión de las provincias orientales del país. Como escribió George Brown, editor de The Globe, Rupert’s Land era “el vasto y fértil territorio que es nuestro derecho de nacimiento, y que ningún poder en la tierra puede impedirnos ocupar”.

Las tierras de Canadá tenían un precio

El gobierno de los Estados Unidos ofreció inicialmente 6 millones de dólares a HBC por todas sus propiedades, incluyendo los suelos canadienses, para construir un ferrocarril en el Pacífico y crear tres nuevos territorios estadounidenses. Canadá, con menos músculo económico, solo ofrecía el peso de la historia y de los acuerdos fronterizos. Una nimiedad para los aviesos accionistas de HBC.

Pero las autoridades estadounidenses entendieron que la mejor política era respetar los acuerdos anteriores en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. La Oficina Colonial Británica presionó a los accionistas para que aceptaran £ 300,000 por la tierra que el gobierno británico prestó a Canadá. Esto estaba muy lejos de los millones que Estados Unidos había propuesto, pero los gobiernos británico y canadiense endulzaron el bote prometiendo el título de la empresa a unos 10 millones de acres de su elección.

El acuerdo enfureció a muchas naciones indígenas, que se resistieron a la transferencia de sus tierras por parte de la HBC a una potencia colonial que quería que renunciaran a sus reclamos y firmaran tratados confusos, a menudo no consensuados. Algunos historiadores explican que en 1874, durante la firma del tratado por el que se entregaba a Canadá parte del sur de Saskatchewan, el Jefe Paskwa de Pasqua le dijo a un funcionario de la HBC: “Me dijo que había vendido la tierra por tanto dinero. Queremos ese dinero”.

Del mismo modo, en una petición de 1885 al presidente de los Estados Unidos, Grover Cleveland, el líder de los métis Louis Riel señaló que la HBC no tenía derecho a vender las tierras porque no las poseía. Estos líderes identificaron una cruel ironía tanto en la carta de 1670 que fundó “Rupert’s Land” como en la legislación británica que la transfirió a Canadá. Así como Carlos II se pronunció sobre la creación de Rupert’s Land unos 200 años antes, un pequeño grupo de hombres en su mayoría británicos decidía ahora nuevamente su futuro.

Sede de Hudson’s Bay en Vancouver.

A principios del siglo XIX las tendencias de la moda comenzaron a cambiar drásticamente, lo que obligó a la empresa a reconsiderar su estrategia. La población de colonos de Canadá y Estados Unidos estaba creciendo. La industrialización se estaba extendiendo. El futuro no estaba en las pieles, sino en el sector inmobiliario, la agricultura, los ferrocarriles y el petróleo y el gas.

En 1912, HBC inició un agresivo programa de modernización y abrió sus “seis originales” grandes almacenes minoristas en todo Canadá, con ubicaciones en Calgary, Edmonton, Winnipeg, Victoria, Saskatoon y Vancouver. En francés, la cadena se conoce como la Baie d’Hudson (antes la Baie).

Hoy en día, Hudson’s Bay Company continúa sobreviviendo en un mundo de tendencias de moda dinámicas y en constante cambio. Opera tres banderas principales, incluyendo Hudson’s Bay, Saks Fifth Avenue y Saks Fifth Avenue OFF 5TH. En 2019, la compañía vendió todas sus operaciones europeas en Alemania, Bélgica y los Países Bajos. La corporación que cotiza en bolsa genera casi 10.000 millones en ingresos anuales con Richard Baker como su actual CEO y presidente ejecutivo. The Bay es actualmente la corporación norteamericana más antigua que todavía está en funcionamiento.

Juan Gavasa
xquadramedia.com, juangavasajournalist.wordpress.com | Contactar
Journalist, entrepreneur, writer and Spanish publisher with more than twenty-five years of experience in the field of communications: radio, print and digital. He is a founding member of Lattin Magazine and co-founder of XQuadra Media, a Toronto-based communications startup dedicated to developing creative and strategic content. He has been Editor-in-Chief of PanamericanWorld, a bilinual online information platform created in Toronto with the aim of establishing links between Canada and the Americas. In 1996, he co-founded the communication company Pirineum Multimedia in Spain, dedicated to the development of communication strategies, management of communication projects for private and public companies, web development, cultural events and publishing and advertising production. He specializes in editorial management and is the author, co-author and coordinator of more than twenty books and travel guides.