Natasha Roldán, la artista colombiana que rompe estereotipos en Canadá

Natasha Roldán es una joven artista colombiana que está desarrollando en Toronto una interesante carrera musical vinculada a estilos como el jazz o la bossa, que le ha permitido promover una imagen de la música latina alejada de los estereotipos habituales.

Vídeo: Julio César Rivas / Lattin Magazine

Hay una primera tentación de juzgar a Natasha Roldán por su origen y por su aspecto. Las dos son apuestas perdidas puesto que nada en ella es como parece, o como pensamos que parece. Cuando agarra la guitarra y empieza a cantar su Bogotá natal se disuelve en un colorido brevaje de influencias tan variadas que cualquier  encasillamiento resulta un torpe ejercicio por parte del periodista. Luego está su voz, un sutil equilibrio de derroche y contención que se apropia del espacio con una energía tan colosal que aquella aparente fragilidad inicial queda en entredicho. Natasha es una intersección, una artista de espíritu libre en la que confluyen los sonidos que escuchó durante la infancia en su Colombia natal, la música que educó su oído en los años académicos y los hallazgos que han ido conformando en su madurez su personalidad como cantante y compositora.

Ella se define como una artista cuya voz se basa en las influencias del jazz y la música tradicional latinoamericana y europea, pero con un toque alternativo. Es en ese terreno donde ha creado un universo refractario de etiquetas y estereotipos, y que ha servido para que muchos canadienses descubran que la cultura musical en América Latina es rica no solo por su profunda tradición sino también porque está abierta al mundo. El ejercicio creativo en Natasha es un espacio fronterizo donde se mezclan, conviven, comparten y experimentan músicas y sonidos de aquí y de allá, influencias remotas y voces cercanas que la fijan a su tierra y a sus orígenes.

La historia de Natasha es un camino lleno de meandros que la condujo a Toronto siguiendo la estela de su hermana pequeña. En Canadá prosiguió su formación académica y en 2015 publicó su primer EP, No Apologies (Sin disculpas), que contenía cuatro canciones grabadas en un solo día y que reflejaban su momento creativo y su universo musical. Aquel modesto trabajo logró gran difusión en algunas emisoras de radio canadienses y al año siguiente recibió el premio “Ella Fitzgerald” en la categoría Jazz. Pero no hubo una continuidad.

Han pasado cinco años desde aquel primer trabajo y en este tiempo Natasha Roldán se ha centrado primero en consolidar su vida laboral en Toronto para poder seguir desarrollando después su carrera artística. Trabaja en un nuevo álbum, está inmersa en diversos proyectos y mantiene firme su conciencia social, su militancia feminista y su compromiso con varias causas. Ella, que es víctima del conflicto colombiano, reflexiona en esta entrevista sobre cómo ha influido la trágica memoria de su país en su música, su experiencia como artista en Canadá y los procesos del emigrante para abrir nuevos espacios y crear nuevas identidades en el país de acogida.

Háblanos de FACTOR, la empresa público-privada en la que trabajas ahora.

Desde el pasado mes de octubre trabajo en esta fundación público / privada que apoya la producción de grabaciones por músicos canadienses y ayuda a las compañías a hacer que sus grabaciones y su catálogo estén disponibles para un público más amplio.

En este nuevo rol tengo una conexión más directa con diferentes sectores y miembros de la industria musical canadiense. Estoy a cargo de los jurados y el proceso de aplicaciones para dos de los programas de fondos para artistas más importantes del país. Es un trabajo de mucha responsabilidad que me abre la posibilidad de conocer la industria desde dentro, las políticas del gobierno y los sectores privados sobre nuestra profesión y representar a mis comunidades en conversaciones importantes, como artista, como mujer y como latina.

Anteriormente estuviste trabajando en Vibe105 FM, una emisora de radio perteneciente a la non-profit Canadian Centre for Civic Media and Arts Development, que no es solo un medio de comunicación sino que tiene unas grandes implicaciones sociales y comunitarias. 

Era un trabajo muy lindo porque tuve la fortuna de trabajar con diferentes tipos de personas que no tuvieron la oportunidad en su día de estudiar y quieren aprender radio y entrar en un medio de comunicación; y también con estudiantes que están empezando su carrera. En mi trabajo hacía muchísimas cosas y tuve el privilegio de dirigir cierto tipo de contenidos, enseñar a las personas que toman los talleres y también algunas tareas relacionadas con la parte administrativa. Nos enfocábamos en contenidos que no necesariamente estaban en el mainstream como justicia social, derechos de las mujeres, ecología, uso de drogas… temas controvertidos pero que son muy necesarios para que las personas conozcan que está pasando detrás. Yo no hacía las entrevistas porque no soy periodista, pero me encargaba de coordinar la logística de todo el proyecto.

Natasha Roldán
Natasha Roldán ha aportado a la escena musical de Toronto una nueva perspectiva de la música colombiana. Foto: Julio C. Rivas / Lattin Magazine

¿De qué modo este trabajo en la radio te ha servido para consolidar tu verdadera vocación, que es la música?

Desde que llegué a Canadá tuve muy claro que lo primero que tenía que hacer era conocer cómo funciona la industria de la música porque si no nunca iba tener una carrera. Desde que yo empecé a estudiar música busqué paralelamente oportunidades en el área más administrativa, viendo la parte más de negocio de la industria musical. Entonces empecé a tomar interships en lugares donde podía aprender; por ejemplo, con la manager de un artista que trabajaba en Inglaterra y en una empresa que hacía discos para artistas independientes. También trabajé en una Non Profit que ayuda a artistas de jazz y de música clásica, y finalmente en la emisora, donde estuve hasta el pasado mes de octubre. Comencé escribiendo comerciales, nada que ver con la música, pero me permitió conocer la parte más creativa de este mundo. De ahí pasé a trabajar en el departamento de música; tuve la oportunidad de contribuir al diseño de un taller que enseñaba a los alumnos sobre la industria de la música en Canadá y cómo seleccionar canciones para radio, independientemente de los gustos personales.

“Siempre tuve claro que primero tenía que solucionar temas básicos como la vivienda, ayudar a mi familia, que es mi prioridad, para estar bien y poder hacer música”.

Cuando terminé la universidad y ya no podía compatibilizar ambas actividades me fui pero al poco tiempo me llamaron para decirme que había una posición vacante como “Resource Development Coordinator”, y que ellos creían que yo podía hacer ese trabajo muy bien, y lo acepté. Fue una suerte para mi encontrar un trabajo fijo al poco tiempo de acabar la universidad. Esto me ha permitido tener una base económica para desarrollar mi gran pasión, que es la música, porque no es nada fácil. La mayoría de artistas que conozco hace veinte mil cosas y todo lo hacen para poder seguir creando música. Siempre tuve claro que primero tenía que solucionar temas básicos como la vivienda, ayudar a mi familia, que es mi prioridad, y lo que sea para estar bien y poder hacer música.

La primera vez que hablé contigo hace cuatro años me comentaste lo difícil que te resultaba encontrar tu propio espacio dentro de la escena musical de Toronto, teniendo en cuenta que eres una artista latina un tanto atípica porque tu registro musical se aleja bastante del estereotipo que tienen los anglosajones sobre la música latina y se acerca a estilos más familiares para ellos como el jazz. En estos cuatro años transcurridos, en los que has crecido como artista y has adquirido mucha experiencia, ¿cómo ha evolucionado la búsqueda de ese espacio propio en la escena canadiense?

Digamos que he conocido todos esos trucos y todas esas cosas que no te dicen y que, por general, el artista independiente no sabe. Por ejemplo: cómo mandar mi música a las emisoras; la música mía que ha sonado en las radios no ha sido por ningún tipo de conexión mía ni nada parecido sino más bien porque simplemente aprendí a hacer cosas tan básicas, pero tan importantes, como escribir un email para decirle a la persona; mira, ésta es mi música, estas son las características, acá te mando la grabación. Hay mucha gente que comete muchos errores cuando manda emails que se convierten en spam y no saben que las personas por lo general ignoran este tipo de mensajes. Son trucos que ayudan. Pero todavía no he logrado entrar en el circuito de festivales, no sé por qué, no sé qué falta… estoy en esa etapa en la que me he decidido a volver a empezar, volvamos a sacar un disco que otra vez dé que hablar y podamos comprobar cómo funciona esta vez.

Natasha Roldán
Natasha Roldán publicó en 2015 ‘No Apologies’, un EP compuesto por cuatro canciones que le dio a conocer en la escena musical de Toronto. Foto: Julio C. Rivas / Lattin Magazine

Tuve la oportunidad de estar en un evento que organizó la emisora Jazz FM; yo estaba ayudándoles en todo lo que tenía que ver con social media. El director de un festival que participaba en este evento explicó que la mayoría de artistas que ellos traían era porque se los habían recomendado o tenían una conexión cercana. O sea, que sabemos que esa es la principal vía para entrar en los festivales. La gente que aplica es un porcentaje muy pequeño de los que escogen. Imagínate competir con eso, con personas que llevan años en esta profesión, que tienen contactos, que son recomendados… eso no les quita ningún mérito pero así funciona la cosa. Tú, por tu lado, compites con un pool de artistas que ha aplicado a través de una página web y es súper difícil conseguirlo de ese modo.

¿Qué puedes avanzar de ese nuevo proyecto musical en el que estás enfocada y con el que quieres relanzar nuevamente tu carrera musical en Canadá?

Tengo varios proyectos en mente; quiero redefinir o concretar todo lo que venía trabajando con el jazz. Siento que el primer EP fue como una cosa que necesitaba hacer y que necesitaba experimentar, cómo se hace, cómo se saca, y estuvo bien como experiencia, pero siento que no concreta ni el sonido ni la dirección a la que quiero ir. No sé específicamente hacia qué lugar quiero llegar o qué es lo que estoy buscando en términos musicales, pero ya he escrito varias canciones, sigo desarrollando esa disciplina de creatividad y quiero retomar ese camino. Por otro lado, tengo un proyecto que venimos desarrollando desde hace mucho tiempo con Jorge Gil, que es un músico increíble y además es el mejor compañero de viaje que he podido encontrar en la vida, que se llama Songs to Travel the World (Canciones para viajar por el mundo). Es un proyecto en el que compartimos con músicos canadienses música latinoamericana y de otras partes del mundo. Me gustan mucho los idiomas e intentar cantar en otros idiomas me parece algo como mágico. Aprender otro lenguaje que no hablas fluido, sentarte a averiguar cómo se hace la pronunciación, aprender qué dicen esas canciones en la lengua original porque se entiende de una manera completamente distinta a una traducción, explorar ritmos latinoamericanos que son complicados también, aprender más repertorio e invitar a otros músicos canadienses a que toquen este tipo de músicas y ritmos que muchas veces son desconocidos para mi o que ellos nunca han escuchado.

La última vez hicimos un concierto y los músicos estaban emocionados con esos sonidos que no conocían, que no les eran familiares, pero era hermoso ver cómo compartíamos los ritmos para que todo fluyera de forma natural. Siempre que hacemos estos conciertos tengo la traducción de todas las letras para que las personas puedan entender de qué se trata. En el último concierto estuvo un profesor con el que trabajé en la universidad, él es una eminencia, y fue muy bonito cuando al final del concierto se acercó a mí y me confesó que se le habían aguado los ojos y que por fin había entendido esta música. La había escuchado muchas veces, pero nunca había logrado entenderla.

Natasha Roldan
Su proyecto ‘Songs to Travel the World’ esta llevando la música latinoamericana a otros artistas canadienses y de diferentes latitudes. Foto: Julio C. Rivas / Lattin Magazine

¿La base de este experimento son ritmos y músicas latinas?

Sí, tocamos música colombiana, zambas argentinas, tocamos un poco de rock argentino también, música brasileira, bossa nova, valses de Chico Buarque y cosas así… es un placer, es una delicia tocar ese tipo de músicas. Yo disfruto mucho ese proceso de aprenderme las letras, aprender su pronunciación, sus significados, es algo que disfruto mucho. Este es un proyecto que nos llena mucho porque invitamos a otros músicos a que estén en esos conciertos; músicos nacidos en Canadá y también otros que han venido de otros países.

¿Qué crees que puedes aportar a la escena musical de Toronto con tus raíces colombianas y tu formación académica canadiense?

Yo creo que sobre todo rompo muchos estereotipos porque la gente en Canadá siempre que piensa en música latina la identifica directamente con la salsa o la bachata. Bueno, y ahora el reguetón (risas). Y todo se vincula a una imagen súper sexy de la mujer latina, que se viste espectacular y claramente yo no soy así. Por lo tanto, es muy gratificante compartir otro tipo de música que la gente no conoce como el bambuco, la cumbia, la zamba argentina, la música brasileira al margen de la bossa nova… y siempre que hablo con alguien y descubre que soy colombiana siempre me preguntan por qué no toco tal música o bailo esto. De pronto rompo con el estereotipo pero no porque sea un mal estereotipo sino porque hay que mostrar otras cosas también.

“Rompo con el estereotipo latino pero no porque sea un mal estereotipo sino porque hay que mostrar otras cosas también”.

Estás trabajando desde hace un tiempo en tu tesis y me comentabas que desde tu último viaje a Colombia ha dado un giro de 180 grados. ¿Qué pasó en ese viaje?

En realidad, la tengo un poco aparcado por razones de trabajo, pero esta tesis en la Universidad de York es uno de mis objetivos. En un inicio me centré en todo lo que tenía que ver con “songwriting”, los temas podían ser variados, tenían que ver con jazz o pop… con varias cosas pero enfocados fundamentalmente en lo que es una canción. Pero a principios del pasado año viajé a Colombia y tuve la oportunidad de ver la exposición de fotografía de Jesús Abad y me dio muy duro. Y siento que tengo que escribir sobre eso, siento que de algún modo la música cura y sana, y siento que tengo que hacer un homenaje a todas las personas víctimas del conflicto en mi país. Y siento que mi tesis se está yendo más como para ese lado. En mi familia hemos sido víctimas del conflicto, es algo que me afecta personalmente, y es difícil incluso aprendiendo estas canciones latinoamericanas de las que te hablaba, hay algunas de ellas que me daba duro cantar. Incluí por ejemplo en mi último concierto Yo vengo a ofrecer mi corazón, y se la dediqué a las personas en Colombia y al momento tan difícil que estamos viviendo y canté esa canción con todo mi corazón y siento que mi tesis tiene que irse por ese lado, a contar esas historias dramáticas del conflicto. No paré de llorar en toda la exposición, fue bastante difícil de ver, fue difícil leer los testimonios que había en las paredes, unas historias con tanta maldad que las mentes de la gente común son demasiado puras para entenderlas.

Es increíble cómo una persona puede soportar tantas cosas horribles. Y pensaba en ese momento algo realmente absurdo: que yo siendo víctima directa de la violencia del país, yo perdí a mi papa por culpa de ese conflicto, me sentía tan privilegiada en todos los sentidos… Había una imagen en la pared con una frase que preguntaba algo así como qué harías si un familiar tuyo hubiera desaparecido. Y yo pensaba: yo perdí a mi papá pero al menos supe qué es lo que había pasado con él. Es absurdo decir que eso es un privilegio pero mira al nivel que llegamos ¿me entiendes? Y me doy cuenta de que ahora estoy bien, que mi familia está bien, que pude irme a otro país y que pude estudiar y pude tener todos los privilegios del mundo, pero que hay gente que no tiene la misma suerte. Cuando ves esos testimonios y esas historias, cuando ves el daño que le han hecho a la selva, a los animales… me pegó súper duro.

Natasha Roldán
Natasha Roldán trabaja en nuevas canciones y explora nuevos estilos para su próximo trabajo discográfico. Foto: Julio C. Rivas / Lattin Magazine

¿De qué modo te planteas reenfocar tu tesis, cuando te pongas de lleno con ella, a partir de esta dolorosa experiencia?

Es algo que está empezando a cambiar desde hace muy poco. La tesis es en composición, tengo que componer cosas, y sé qué las cosas que estoy componiendo se están yendo a hablar de esos temas. Evidentemente, lo que vaya a escribir y lo que va a acompañar el texto en el que explicaré todo lo que hago estará formado por esas historias.

¿Qué música escuchas ahora? ¿Qué canciones tienes en tu Spotify o cuáles son los artistas que te inspiran actualmente?

Yo escucho de todo, escucho mucha música brasileira, me gusta mucho Chico Buarque; amo profundamente a Silvia Pérez Cruz, es la cosa más espectacular que hay en el mundo, esa mujer es para mi la cosa más perfecta en la vida. Me encanta Rosa Pazos, Fiona Apple, Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Chet Baker… escucho mucho rock argentino porque yo crecí con él, amo a Cerati, Soda Estéreo, Charly García, Los Fabulosos Cadillacs, u otros artistas como Natalia Laforcade, Café Tacuvba. Me encanta la salsa, las músicas tradicionales con las que crecí como el vallenato y música llanera, todo depende del estado de ánimo que tenga en cada momento.

Eres una mujer muy activa en redes sociales y muy firme a la hora de opinar sobre temas de actualidad política de tu país o para defender el feminismo y reivindicar el papel de la mujer en la sociedad…

Yo siento que el feminismo me ha dado mucho. He aprendido muchas cosas. El feminismo tiene una cosa muy importante y es que crea conciencia y desarrolla mucha empatía. Es mucho de pensar en el otro, el porqué el otro tiene ciertos problemas o ciertos privilegios, por qué está en la situación en la que está, cuáles son las razones de por qué llegó a esa situación… digamos que esa interseccionalidad de tener en cuenta tantos factores le hace a uno pensar en evaluar situaciones, las cosas por las que están pasando las personas de una manera muy diferente. Me ha hecho entender muchísimas cosas que por ser mujer me han pasado, experiencias que he tenido en la vida, entender el porqué, darme cuenta de repente de cómo combatirlas si me enfrento a ellas, y es un proceso de desaprender tantas cosas tóxicas que habían sido normalizadas, que de pronto es muy difícil verlas porque todos los días están ahí, las vivimos, las vemos, actuamos… y no es porque la mayoría de las personas sean malas sino simplemente porque están en nuestra cabeza y funcionamos de esa manera. Es como volverse a enfrentar a eso y romper con esas cosas tóxicas que no aportan nada a la sociedad, tanto a hombres y mujeres como a las personas no binarias. Y todo esto influye en mi vida plenamente y siento que el feminismo me hace cada día mejor persona.

Juan Gavasa
xquadramedia.com, juangavasajournalist.wordpress.com | Contactar
Journalist, entrepreneur, writer and Spanish publisher with more than twenty-five years of experience in the field of communications: radio, print and digital. He is a founding member of Lattin Magazine and co-founder of XQuadra Media, a Toronto-based communications startup dedicated to developing creative and strategic content. He has been Editor-in-Chief of PanamericanWorld, a bilinual online information platform created in Toronto with the aim of establishing links between Canada and the Americas. In 1996, he co-founded the communication company Pirineum Multimedia in Spain, dedicated to the development of communication strategies, management of communication projects for private and public companies, web development, cultural events and publishing and advertising production. He specializes in editorial management and is the author, co-author and coordinator of more than twenty books and travel guides.

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