Un huipil de luto para Francisco Toledo

El pintor y escultor mexicano Francisco Toledo murió el pasado 5 de septiembre a los 79 años de edad. Autor de innumerables obras, goza de gran reconocimiento nacional e internacional y es considerado uno de los máximos exponentes del arte mexicano.

Francisco Toledo
El pintor, grabador, ceramista, activista social y ambientalista mexicano Francisco Toledo falleció a los 79 años el pasado 5 de septiembre. © Flor Garduño

Francisco Toledo nació un 17 de julio de 1940 en la colonia Tabacalera de CDMX, de padres originarios del Istmo de Tehuantepec, Toledo definió desde temprano en su trayectoria su sentido de lugar en Juchitán, Oaxaca como el sitio de su origen, “uno es de donde se siente” decía él. Estudió grabado en la Ciudadela en CDMX y presentó con éxito, su primera exposición individual a los 17 años de edad en Texas y en la afamada Galería de Antonio Souza. Después de vivir y trabajar en París, Nueva York, Cuernavaca y CDMX, vivió un tiempo en la Ciudad de Oaxaca y en Juchitán, donde experimentó con tintes naturales de Oaxaca como el añil, la grana cochinilla y el caracol y en donde en 1972 funda la primera casa de la cultura en México.

En 1988, después de un periodo corto en Paris, vuelve a establecerse en la ciudad de Oaxaca, esta vez para quedarse, y funda como bien dijo Carlos Monsiváis, “un modelo de institución cultural desde la izquierda sin antecedentes”, el Instituto de Artes Graficas de Oaxaca conocido como el Iago, en la que fuera su casa habitación, una hermosa casona de dos patios del siglo XVIII frente a Santo Domingo. Inició así una intensa trayectoria de impulsar la cultura como proyecto de vida paralela a su creación artística, la que practicó a diario desde siempre con la pasión y obsesión de gran creador y “limpieza consigo mismo”, como diría Nietzsche.

Lo conocí recién inaugurado el Iago, gracias a la entrañable y mutua amistad del maestro Juan Alcázar, también impulsor del arte en Oaxaca. Fueron días en que Toledo prácticamente vivía allí, creando proyectos, comprando libros, recibiendo a toda clase de gente y organizando sus propios cumpleaños. En ese entonces Oaxaca no tenia muchos hoteles, museos o galerías y no fácilmente se encontraban huipiles de fina manufactura; hoy día impulsados por el atinado Museo del Textil de Oaxaca y por el negociante y experto en textiles, Remigio Mestas.

Huipil de luto escrito por la artista visual María Luisa de Villa, que tuvo una estrecha relación personal y profesional con Francisco Toledo.

Era cuando el Lic. Freddy Aguilar Reyes estructuraba y dirigía la Biblioteca del Iago, en ese momento dirigida por la Dra. Ma. Isabel Granen Porrúa, a quien Toledo llevó a Oaxaca para rescatar los libros antiguos que estaban arrumbados y que gracias al empresario Alfredo Harp Helú y su esposa la Dra. Granen Porrúa, hoy están en finos libreros de cedro macizo, a buen resguardo en la Biblioteca Francisco de Burgoa, fundada por Toledo.

Don Ricardo e Hilda Fernández Scherenberg catalogaban las decenas de libros que llegaban a diario al Iago, Dña. Guillermina preparaba las aguas frescas para los eventos y su famoso caldo de guías para el cumpleaños del maestro. Inocencio, Pedro y Augusto recibían en la puerta y Don Luis, su chofer, conducía al maestro en la “blanquita”, la icónica camioneta Volkswagen eternamente cargada de libros y papeles artesanales que le fabricaban en el Taller de Papel de San Agustín y sus diseños en micas naturales que le trabajaba su papelero y buen amigo José Margarito Avendaño.

“Tener a Francisco Toledo en México nos enriqueció sobremanera y nos dio confianza en los momentos difíciles del país”.

El Iago es un hermoso espacio lleno de plantas en macetas de vidriado verde de Atzompa, con muros interiores terrosos de adobe blanqueados de cal. En ese entonces, la minimalista sala de la entrada albergaba únicamente una mesita con un teléfono por el que Olivia Álvarez Jerónimo, la súper secretaria del maestro, atendía y recibía las llamadas, mientras Toledo dibujaba pulpos, grillos, murciélagos, cocodrilos, xoloiscuintles, monos y conejos en la superficie de una mesita de madera (misma que un día tuve el atrevimiento de intervenir con una imagen guadalupana) al tiempo que daba ordenes, escogía el color de la portada de un libro, mandaba regar las plantas, platicaba con algún coleccionista o empresario y alguna vez, personalmente, contestara el teléfono diciendo “Toledo no está, ese señor ya se fue de aquí”.

En ese momento se planeaba hacer el archivo del estado en la ex fabrica de textiles La Soledad en San Austin Etla y frente a las dimensiones y belleza del edificio, le sugerí al maestro que hiciera una escuela de arte con relación a la natura, idea que sin duda contemplaba el mismo, en menos de una semana cambio el proyecto para en su lugar, crear el que hoy día es el maravilloso CaSa- Centro de las Artes de San Agustín.

Francisco Toledo
Maria Luisa de Villa junto a Francisco Toledo.

Por esos días, mucho se escuchaba decir que Toledo debiera marcharse a Europa para dedicarse a lo “suyo” (al arte), esos días se han ido. Iago, el espacio mas noble de Toledo, creció y se multiplicó en mas instituciones, como la buganvilia, que acabó por cubrir el cielo de su segundo patio donde a veces recibía a sus ahijados loxchicas para escuchar y apoyar su lucha. Francisco Toledo nunca dejó de ser él mismo,

Na piaa’, yo mismo, yo mero, en zapoteco, también titulo de su reciente exposición, siguió su camino, su cualli ohtli, creando más espacios de cultura para México, fundando escuelas de música y llevando libros a las comunidades, a las cárceles, peleando por justicia, el medio ambiente y el patrimonio cultural, apoyando y promoviendo a los pueblos originarios y sus lenguas, los presos, las causas, el maíz, becando jóvenes, plantando pochotes y organizando cocinas comunitarias para alimentar a miles de juchitecos que lo perdieron todo en el sismo.

Pero sobre todas las cosas, creando imágenes sofisticadas que caminan el mundo entero. Toledo tlacuilo, no podría haber vivido en otro lugar que no fuera Oaxaca, pues cómo alimentarse de la rica cultura de su estado y cómo cumplir con su compromiso con México y la creación de proyectos que a la vez alimentaron su imaginación y libertad de creación. Tenerlo en México nos enriqueció sobremanera y nos dio confianza en los momentos difíciles del país.

Él era un hombre sencillo, complejo, de fuerte personalidad, voz suave pero fuerte y un poder de convocación único, no gustaba de homenajes ni halagos, ni lujos, ni posesiones.

Él era un hombre sencillo, complejo, de fuerte personalidad, voz suave pero fuerte y un poder de convocación único, no gustaba de homenajes ni halagos, ni lujos, ni posesiones. Las austeras casas casi sin muebles que habitó, siempre de muros interiores blancos y fachadas de rojo indio, mezcla de color de tierra y baba de nopal, las vivía para después convertirlas en centros culturales. Él decía: “necesito muy poco para vivir, tengo casas y luego las cambio por otras casas, mis papeles pintados los cambio por otros papeles pintados” refiriéndose al reconocimiento económico de su obra.

Sabia ser viejo y sabia ser niño; al igual que Picasso, en su proceso creativo sabia jugar y ser el brujo, el mago que todo lo transformaba. Fue un ávido lector con una muy amplia cultura, de memoria se sabia los miles de libros de la biblioteca del Iago y gustaba de trabajar con música de Mozart, Debussy, Satie o Arturo Márquez, entre una larga lista de compositores clásicos. Pero también gustaba de la música de instrumentos prehispánicos del Istmo.

Así fue Toledo, el maestro pintor que todos conocimos, el chapulín, el papalotl, el mono de la tinta, el Toledo callado, platicador, juguetón, travieso, amable, enojón, gruñón, con un sentido del humor único, el realizador de sueños propios y de extraños con quien platicábamos todos, el que me dejó fotografiarlo trabajando una y otra vez, a quien yo le escribía sobre la importancia de que permaneciera en México, de la necesidad de preservar la cultura de la milpa para México y nuestros pueblos originarios pero también como modelo mundial de diversidad en producción agrícola.

Francisco Toledo
Francisco Toledo captado en pleno trabajo.

A los familiares y amigos que estuviéramos lejos, nos encargaba la compra de libros para su biblioteca, la misma donde yo deposité mi propia biblioteca personal inspirada por la apertura y sencillez que se ofrecía a jóvenes estudiantes de escasos recursos, quienes gracias a Toledo podían tener en sus manos libros de arte y arquitectura de todo el mundo.

En mi anhelo por mexicanizar al mundo, yo trataba de que el Bata Shoe Museum of Canada, tuviera una presencia de México y le pedí al maestro sus guaraches sin esperar respuesta. Pero un día me llegó un paquetito con sus guelaguidi’ firmados para entregar al museo, donde ahora se exhiben al lado de los zapatos de personalidades como Elton John, Marilyn Monroe, María Callas, Picasso o algún emperador de China. El Espacio México del Consulado de Montreal expuso aquella inolvidable serie que ilustra a Borges: Zoología Fantástica y en tres diferentes ocasiones, tuve la fortuna de curar su obra en exposiciones colectivas que se presentaron en Toronto y Montreal: The Justina M. Barnicke Gallery Hart House, Living Arts Centre, De león White Gallery y Maison de la culture Coté-des-Neiges.

Hombre genial él y muy prolífico creador de un fabuloso universo poblado por imágenes significativas con las que consistentemente en cada obra desenvuelve visión, forma y contenido, aunado a la infraestructura cultural que creó en bien de México.

Hombre genial él y muy prolífico creador de un fabuloso universo poblado por imágenes significativas con las que consistentemente en cada obra desenvuelve visión, forma y contenido, aunado a la infraestructura cultural que creó en bien de México y sin olvidar la dimensión de Rufino Tamayo, hacen que Toledo sea el artista visual mas notable que México ha dado. Nos hereda un legado de espacios abiertos a la cultura del mas alto nivel que además contienen miles de objetos de arte y miles de libros: las dos sedes del Instituto de Artes Graficas de Oaxaca, Biblioteca Francisco de Burgoa, Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, CaSa- Centro de las Artes de San Agustín, Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, Taller de Papel de San Agustín, Escuela Bilingüe de San Agustín, Jardín Etnobotánico de Santo Domingo, Escuela de Música de Tlahuitoltepec Mixe y la primera Casa de la Cultura en México: “Lidxi’ Guendabianni “.

Francisco Toledo
Obra de Francisco Toledo.

Fue reconocido con premios importantes como: el Premio Nacional de Ciencias y Artes, la Fundación Príncipe Claus, The Right Livelihood Award, Doctorado Honoris Causa de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Príncipe de Asturias de las Artes. Fue un artista muy completo pues manejo muchas técnicas con igual destreza. Ante todo fue  brillante dibujante y grabador de la talla de un Durero o un Lebrun, su obra muchas veces es efectivo mecanismo para democratizar la cultura y denunciar injusticias tal como lo hizo José Guadalupe Posada, en quien también se inspiró. Desde el comienzo, desarrolló su obra independiente y lejano de ideologías y movimientos, obedeciendo la dirección de su alma y de sus propia directriz.

En ocasiones se inspiraba en leyendas zapotecas de Juchitán o en Kafka y en otras, en los diseños laberínticos de la fauna nativa de Oaxaca, aludiendo el mismo diseño universal como bien observó la curadora inglesa Dawn Ades, diseño que desenvuelve de muchas maneras, aún en sus obras menos figurativas. Su arte contiene resonancias con el arte de otros artistas como Klee, Dubuffet o Blake o con el llamado arte “primitivo” de Australia, también se hermana con el arte de los antiguos mexicanos, tanto en la forma como en el principio integrador de todas sus partes, entre otras características que acercan a ambos: Toledo y los mesoamericanos. Fue admirador entre otros, de Van Gogh, Schiele, Rivera y Tamayo a quien consideraba el pintor de México.

En su obra como en Tamayo, existe una identidad, símbolo y expresión del mexicano, indiscutible en el contenido y el peculiar sentido de humor característico en un Toledo. Es quizá en la cerámica donde mas se puede entender y apreciar su mexicanidad y crear los eslabones y diálogos con todas sus técnicas a fin de desenvolver su obra.

El barro, la tierra, es esencial para Toledo, cuya pintura es también con tierras y cuyo sentido de pertenencia a la tierra lo identifica con Oaxaca, su tierra. En 2015, presento la impactante exposición de cerámica: “Duelo”, producida en el Taller de Claudio Gerónimo López, propuesta en cerámica de alta temperatura que impone por su fuerza desgarradora y una policromía minimalista de rojos y negros que aluden a la sangre y a la muerte y al titulo del libro “La tinta negra y roja”, estudio de la palabra de los antiguos mexicanos de Miguel León Portilla.

El barro, la tierra, es esencial para Toledo, cuya pintura es también con tierras y cuyo sentido de pertenencia a la tierra lo identifica con Oaxaca, su tierra.

La cerámica de barro negro de San Bartolo Coyotepec, Oaxaca esmaltada con rojos, nos recuerda: El Grito de Munch, el Guernica de Picasso, Los desastres de la guerra de Goya, el Holocausto de Lasanzky, el sufrimiento de “los de abajo” de Posada, o los dibujos de la tragedia de la guerra, creación de la grabadora alemana Käthe Kollowitz. Al igual que los grandes maestros, el genio artístico de Toledo incluye una denuncia. Sin embargo, las piezas en “Duelo” que temporalmente habitaron las salas del Museo de Arte Moderno, tienen la inconfundible marca del arte mesoamericano, elemento importante en la obra Toledo quien, no obstante, también fue admirador de otras cerámicas como las vasijas árabes, la de Casas Grandes y desde luego, la alfarería de Oaxaca.

Heredero de la enorme tradición escultórica de los antiguos mexicanos, Toledo es hilo continuo de esa tradición, fue el tlacuilo sobreviviente, el futuro del hombre mesoamericano que moldea el barro. La cerámica Toledo de pequeño a mediano formato, nos remite a la monumental Coatlicue, está trabajada como en antaño, en todas sus partes por igual en perfecta unidad, aun en aquellas partes que no se ven, porque no obstante la distancia de pensamiento, para Toledo como para el escultor mesoamericano, la pieza entera es importante.

Toledo visionario, acierta en los colores transformados en la quema los que hasta salir del horno se dejan ver. Sus manos artesanas no se detienen en la superficie de la arcilla, sino que la penetran y de sus adentros extraen la forma que manipula sin titubeos ni búsquedas, con la destreza que le genera su genio artístico y dominio de la técnica, su sensibilidad creativa y su profundo conocimiento de la forma y contenido en el arte.

Las manos laboriosas de Francisco Toledo.

Alguna vez me dijo: “veo en la cerámica la posibilidad de moldear y manejar la forma unida a la pintura”. Me explicó que le gustaba la cerámica “porque es una forma plástica y también es táctil y que a diferencia de la pintura sobre un soporte fijo que con el tiempo es perecedera, la cerámica sale del horno de alta temperatura y es para siempre. Este sentido de permanencia es una motivación para Toledo,no me canso cuando trabajo, pero con el barro, siento que trabaje, que me gane el derecho a descansar.  No es casual el que entre todas las técnicas, Toledo regresara a uno de sus primeros materiales para su Duelo”, el barro mismo que es tierra, que se trabaja húmedo, para convertirlo en urnas, rostros deformados por la tortura y pulpos ensangrentados, muertes descarnadas y perros “petateados” envueltos en una capa de huesos, quienes acompañarán a sus amos en el transito de la muerte.

El “Duelo de Francisco Toledo que mucho tuvo de ofrenda a los 43 jóvenes desaparecidos a quienes también en los cielos los busco Toledo papalotl, fue inaugurada a escasos días de la festividad de muertos, tradición que nos identifica a los mexicanos como ninguna otra. Es el duelo íntimo y creativo del artista ante los horrores de la violencia. Al convertir lo horrífico en arte y transformar su duelo en creación, lo convierten a el mismo en gran creador y al convocarnos a entablar un dialogo con su “Duelo”, este Duelo de Toledo, representa el duelo de todos los mexicanos que amamos a México.

El maestro se despide con dos magnificas exposiciones que el mismo curo, entre otras muestras recientes:  Na piaa’, de 59 autorretratos en la galería Juan Martin el pasado septiembre 2018, recientemente en el Museo de Culturas Populares en “Toledo ve”, titulo que el mismo le dio a esta muestra de 600 piezas en una diversidad de técnicas, exposición que se extendió un mes ante la partida del artista y con la cual nos acerca a su universo, a lo que el ve a través del arte.

Es lamentable que no tengamos en Mexico obra pública de Tamayo ni de Toledo. Salvo en el caso de “La lagartera” de Monterrey, no hay un chapulín de bronce en Chapultepec, a la entrada del MAM, frente al Museo de Antropología. Pero conociendo a Toledo, quizá un día, pueda ser removido exitosamente el aplanado de yeso que se uso en las dos salas principales del Iago, a fin de restaurar el fabuloso mundo laberintico de fauna fantástica que contienen los murales que pinto a principios de los 80.

Fue el hombre mas fotografiado y uno de los mas importantes bibliófilos de México, quien no solo leyó y colecciono libros como otros, sino que los dono toditos al pueblo. Sera muy difícil que tengamos otro igual de sus tamaños, otro que llene sus guaraches. Mucho sentimos y con el tiempo sentiremos aun mas, el vacío que su ausencia dejo en las calles de Oaxaca que el maestro caminaba a diario varias veces al día, siempre cargando libros.

Al fin verdadero tlacuilo temachtiani quien apenas en julio pasado cumplió sus 79 años y falleció la noche del jueves 5 de septiembre, un día muy triste para México, se fue como vivió, sin ataduras y en sus propios términos, guendanabani, su ultima palabra: Na piaa’, yo mismo, yo mero, en zapoteco. Con una trayectoria de mas de 65 años, Francisco Toledo fue un hombre comprometido con el arte y con su país, un artista del pueblo admirado en el mundo y querido por los mexicanos. Amo a su gente, a su patria chica y a fin de cuentas a México, tierra que lo vio nacer y que hoy guarda luto.

Artista visual