La mexicana Lucía Gállegos conoce las simas del alma; sabe identificar esos signos, a veces imperceptibles para uno mismo, que anuncian tormentas interiores o viejos traumas no resueltos. Dedicada durante muchos años al mundo de la comunicación en su país, decidió reinventarse como tantos otros cuando llegó a Toronto y explorar nuevos territorios en los que poder realizarse profesionalmente. Los encontró en el mundo de la psicoterapia. Tras realizar un master en “Counselling Psycologhy”, Lucía se especializó en temas de duelo, creó su propia empresa,  y ahora se dedica a ayudar a emigrantes y profesionales a gestionar sus crisis de desarraigo, pérdida o inadaptación a su nuevo país.

Como señala en esta entrevista, “perdemos a familiares queridos, perdemos a personas que amamos; nos perdemos a nosotros mismos, nuestra esencia, nuestro ser, y esto lo veo permanentemente en la consulta”. Por eso insiste en la necesidad de mantener las alertas encendidas y no relativizar ningún síntoma: “hay que poner atención a cómo sentimos, quiénes somos. Si hay una persona que se siente con un estado de ánimo decaído por más de dos semanas y ha perdido interés en la vida, es una alerta roja muy grande”. Lucía Gállegos ha promovido además la organización Women On The Move, que se dedica a ayudar a mujeres emprendedoras, reforzando su seguridad y autoestima, a poder lanzar su negocio y mantenerlo.

¿Cuál era tu trayectoria profesional en México y cómo la reorientaste cuando llegaste a Toronto?

En México yo estudié comunicación; trabajaba en relaciones públicas, comunicación interna, externa… Cuando vengo a Toronto, aunque yo vengo por voluntad propia, lo hice de una de las maneras más sencillas en términos de papeleo, que fue casándome y siendo patrocinada por mi esposo. Pero acá me encuentro con una sociedad y un mundo distinto, donde tengo que encontrar mi persona, mi yo, mi esencia y quién soy. Y trabajé en la parte de mercadotecnia por un tiempo en Toronto pero siempre estaba con la espina de que me debía de reinventar. Porque el emigrar es un factor que normalmente suele ser experimentado como un duelo. Cuando uno deja su país, su cultura, su casa, aunque sea por iniciativa propia, siempre hay una pérdida y esa pérdida a mi me estaba molestando de alguna manera y fue cuando dije: tengo que hacer algo con esto. Volví a estudiar, completé un master en “Counselling Psycologhy” y ahora estoy trabajando como psicoterapeuta.

Como psicoterapeuta te has especializado en temas de duelo. ¿Cuál es el efecto real que tiene esta especialización en el perfil de tus pacientes?

“Cuando uno deja su país, su cultura, su casa, aunque sea por iniciativa propia, siempre hay una pérdida”.

Mucho, porque los duelos siempre pasan. Cuando llega el otoño, por ejemplo, se siente una melancolía porque los árboles cambian hacia un color ocre y eso significa que se van a caer las hojas. Y significa que viene un invierno duro; todo cambia, nos envejecemos cada día. Eso son duelos. Perdemos a familiares queridos, perdemos a personas que amamos; nos perdemos a nosotros mismos, nuestra esencia, nuestro ser, y esto lo veo permanentemente en la consulta. Y estoy orgullosa de poder trabajar y ayudar a gente en este proceso para afrontar las pérdidas que sean: hay quien pierde una casa, quien pierde un ser amado, un trabajo… quien pierde la pasión de la vida también.

¿O sea que el duelo no solo lo vinculamos a una pérdida humana sino que también puede ser una pérdida material, una carencia o un proceso de ansiedad?

Exactamente. Generalmente lo tenemos relacionado con la muerte pero esto existe en todo, en el ciclo de la vida está. Vamos a la universidad, terminamos la universidad. Vamos a un trabajo y terminamos ese trabajo. Empezamos una fiesta, nos vamos de vacaciones; hasta en este hecho hay un sentimiento al final de pérdida, cuando se acaban esas vacaciones.

¿Tu origen mexicano ha influido en el hecho de que tengas un mayor número de pacientes de procedencia latinoamericana, en los que probablemente este tipo de cuadros sean más evidentes?

Completamente. Y no solamente latinoamericanos, tengo también muchos clientes griegos o brasileños… porque encuentran esta similitud en cómo visualizamos la vida. Nos definimos a nosotros por quién se encuentra al lado de nosotros, y cuando esa parte la perdemos podemos sentir una gran ansiedad basada en una gran duda existencial. Pero es verdad que tengo muchísimos pacientes latinoamericanos porque aunque hablan bien inglés te dicen que quieren expresarse en su idioma, quieren sentir y dejar fluir en el idioma en el que pueden comunicarse en plenitud.

Foto: Julio C. Rivas

¿Qué diferencia hay entre tu posición de psicoterapeuta y la del psicólogo?

Es una pregunta que merece la plena explicar bien, especialmente en Ontario. Hay una diferencia grande. Para ser psicólogo tienes que tener un PhD (Doctor of Philosophy, en sus siglas en inglés) y tienes que estar registrado en el colegio de psicólogos de Ontario. Como psicóloga puedes diagnosticar, no puedes medicar, eso sólo lo hace el psiquiatra, que tiene que ir a la escuela de medicina. Para ser psicoterapeuta tienes que tener un master, yo lo tengo en “Counselling Psycologhy”, pero no puedo hacer diagnósticos. Sí que puedo trabajar con las personas, entonces puedo tratar con ellas asuntos relacionados con la depresión, la ansiedad o temas simplemente existenciales. Mi rol es esa persona que te escucha, sin prejuicios, y refleja lo que la persona trae enfrente.

¿Tiene una aplicación práctica en el mundo de la empresa?

Completamente. Somos humanos y en el mundo de la empresa siempre va a haber emociones, como en todas las relaciones. No solamente por el trabajo que hacemos sino también por las relaciones que tenemos con las personas: con el jefe, con los compañeros… más aparte la vida diaria. Porque no somos seres aislados y hoy en día menos porque tenemos la tecnología a la mano. ¿Cuántas veces nos vamos a dormir con el celular para ver los pendientes o nada más levantarnos es lo primero que hacemos? Ya generamos estrés o ansiedad en estas situaciones.

¿Qué diferencia hay en el plano empresarial entre el “counselling” y el “coaching”?

Aquí en Ontario el coaching todavía no está certificado y regulado. El “counselling, que vendría a ser un psicoterapeuta, sí que está regulado. El “coaching” lo que te hace es un acompañamiento pero no va a entrar contigo en un mundo más profundo, te va a arrojar palabras para que puedas encontrar tus objetivos. El “counseling” puede tener también esta parte pero también va a tener un acercamiento para entrar a analizar cosas más profundas, a lo mejor cuestiones que vienen desde antes, que tienen que ver con nuestro bagaje familiar y personal. Hay una línea muy corta, ambos son necesarios y se pueden complementar.

“Si hay una persona que se siente con un estado de ánimo decaído por más de dos semanas y ha perdido interés en la vida, es una alerta roja muy grande”.

¿Qué aconsejarías a esos emigrantes que empiezan a sentir esos cuadros de ansiedad, principios de depresión, desarraigo…? ¿Cómo se identifican esos primeros síntomas?

Hay que poner atención a cómo sentimos, quiénes somos. Si hay una persona que se siente con un estado de ánimo decaído por más de dos semanas y ha perdido interés en la vida, es una alerta roja muy grande. Y es muy común. En mi primer año en Canadá yo sufrí una depresión y yo no lo sabía. ¿Cómo me enteré? Estaba sentada en el subway cansada, sin ánimo, muy triste, sabía que algo me pasaba pero no sabía qué era. Era como una pérdida. En el subway tenía un cartel enfrente que hablaba precisamente de estos temas y enumeraba varios síntomas y preguntas. Cuando yo empecé a hacer ese ejercicio me dí cuenta que le pongo una cruz a muchas de las cuestiones. Abajo decía: si es así, posiblemente tengas depresión. Para mi fue un balde de agua porque yo lo dudaba en ese momento. Pero decidí ir a un especialista y trabajarlo porque existe la creencia de que no se puede trabajar y, por supuesto, una depresión se trabaja y en este país hay muy buenos especialistas.

¿De qué modo la sensación de estar hiper conectados gracias a las tecnologías y las redes sociales puede ocultarnos otras carencias de tipo afectivo?

Hay hambre por conectarnos con todas las personas a un nivel superfluo. ¿Dónde hay que poner atención en cómo me siento al final del día? En eso no nos podemos engañar. Podemos tapar muchas cosas por las redes sociales, y no está mal, porque son un método. Pero lo que sí hay que hacer es mirar honestamente dónde yo me siento. Y la cuestión es que no podemos engañarnos a nosotros mismos aunque a veces lo creamos. Porque nuestra esencia es tan sabia que cuando siente que no nos estamos comunicando realmente, lo sentimos. Y ahí es donde tenemos que empezar a analizar qué está pasando.

Foto: Julio C. Rivas

Háblame de Women on the Move.

La CEO the Women on the Move es Heather Gamble. Es una organización que se dedica a ayudar a mujeres emprendedoras a poder lanzar su negocio y mantenerlo. Yo ingreso con ella cuando noto que las emprendedoras también se enfrentan a los problemas de las emociones, porque emprender está muy ligado al plano emocional. Lo que estamos haciendo Heather y yo es trabajar con mujeres mayoritariamente en el ramo de la tecnología y de la minería, que es un sector muy masculino. Ayudamos a las mujeres a que se sientan seguras de sí mismas para poder entablar un negocio en un ramo en el que a veces no está tan abierto a la presencia femenina. Mi papel es ayudarlas en la gestión de las emociones, el empoderamiento, liderazgo… Pero manteniéndolas en su misma línea y esencia.

¿Cuáles son los principales desafíos a los que se siguen enfrentando las mujeres que tienen altas responsabilidades ejecutivas en grandes compañías o startups?

Se ha avanzado, en algunos casos hay más reconocimiento y hay más mujeres trabajando. Pero creemos que todavía no hay tantas mujeres interesadas en ese ámbito. Pero se ha visto que ellas tienen la oportunidad y las herramientas para desarrollar proyectos que son de interés no solo para la empresa sino para el bienestar común. Alguien me comentó una vez que lo interesante de las mujeres que van a trabajar en la minería es que ellas no solo van a encargarse de gestionar la parte financiera sino que se van a preocupar de cuidar de ella. Nos estamos estancado en el hecho de que todavía no hay muchos espacios para ellas porque sigue siendo un sector muy masculino y patriarcal.

¿De qué modo está introduciéndose o se está visualizando en las grandes compañías la gran revolución feminista que está viviendo la sociedad, especialmente en los tres últimos años?

Es evidente que durante mucho tiempo ha habido una barrera que nos impedía crecer. Y posiblemente, en parte, hemos sido las mismas mujeres las que hemos parado o las que a veces hemos frustrado a otras. Pero no creo que con malicia sino como consecuencia del mismo esquema social que ya venía heredado, en el que el hombre ostentaba el poder. Cuando viene un paradigma y se rompe, en un inicio siempre va a haber un caos. Es muy utópico pensar que va a haber un cambio y todo va a ser de color de rosa, lineal, porque venimos de una civilización donde la mujer ha cargado con un paradigma durante muchas generaciones. Llevará un tiempo pero produce orgullo ver como las mujeres están trabajando y avanzando.