Canadá, una larga historia de asesinos en serie

Canadá proyecta en el mundo la imagen de un país seguro, modélico y pacífico. Aunque sus índices de criminalidad son notablemente bajos, especialmente si se comparan con los de su vecino del sur, lo cierto es que en las últimas décadas se han registrado algunos casos de violencia que han causado un hondo impacto en la sociedad.

Canadá tiene una larga y dramática historia de crímenes protagonizados por asesinos en serie.

Canadá proyecta en el mundo la imagen de un país seguro, modélico y pacífico. Aunque sus índices de criminalidad son notablemente bajos, especialmente si se comparan con los de su vecino del sur, lo cierto es que en las últimas décadas se han registrado algunos casos de violencia que han causado un hondo impacto en la sociedad.

En el último año el país ha vivido con el corazón encogido por las revelaciones que trascendían en torno al caso de Bruce McArthur, conocido como el “jardinero asesino” de Toronto, que fue condenado la semana pasada a cadena perpetua sin posibilidad de solicitar la libertad condicional en 25 años.

El caso del jardinero que odiaba a los gays

El juicio probó que McArthur mató entre 2010 y 2017 a seis hombres homosexuales con los que tuvo relaciones. Después ocultó sus restos troceados en grandes maceteros que almacenaba en la propiedad de uno de sus clientes.

Este caso generó un notable ruido mediático en Canadá por la personalidad del asesino, aparentemente un inofensivo jardinero, y la manera con la que se ensañó con sus víctimas. Los detalles que fue revelando la prensa del país, como si se tratara de un folletín novelesco, incrementaron el impacto social de un país poco habituado a la violencia.

La investigación policial sacó a la luz algunos detalles que han generado gran controversia: McArthur ya había sido condenado en 2001 por atacar violentamente con una barra metálica a un trabajador sexual y  en 2016 fue denunciado por otro hombre al que intentó estrangular. Pese a ello, el “jardinero asesino” pudo cometer sus crímenes con aparente impunidad: la Policía nunca sospechó que ese expediente podía esconder una personalidad criminal.

Bruce McArthur

Islamofobia y terrorismo en Quebec

Ha coincidido en el tiempo el juicio contra McArthur con el que se celebró por la masacre de la mezquita de Quebec. En enero de 2017 Alexandre Bissonnette irrumpió armado con una pistola y un rifle de repetición en una mezquita de esta ciudad y asesinó a seis personas. La pasada semana fue condenado también a 40 años. Al igual que McArthur, se trata de una cadena perpetua sin posibilidad de revisión hasta que no se haya cumplido íntegramente la condena.

El juez señaló en la lectura de la sentencia que Bissonnette, un admirador del presidente Donald Trump y de la ultraderecha anti inmigración, cometió la matanza por “el odio visceral contra los inmigrantes musulmanes”.

Los nombres de McArthur y Bissonnette se unen a los de Elizabeth Wettlaufer, Robert Pickton, Clifford Olson, Paul Bernardo y Karla Homolka, Alek Minassian o Marc Lépine, quienes en las últimas décadas han protagonizado masacres en el país que han acabado con la vida de decenas de personas.

Para analistas y organizaciones que trabajan con la comunidad gay, la ceguera de la Policía para detectar el asesino en serie tiene un razón: las cinco primeras víctimas de McArthur pertenecían a minorías marginadas, hombres procedentes del sur de Asia o de Oriente Medio.

Pickton, triste record de asesinatos

La elección de víctimas marginales es lo que tienen en común McArthur y Robert Pickton, probablemente el peor asesino en serie de la historia moderna de Canadá.

Pickton era un porquero que vivía en la costa del Pacífico de Canadá. Todas sus vícitimas fueron mujeres y tenían en común su carácter marginal o su relación profesional con este ámbito social: trabajadoras sociales, drogadictas y de origen indígena.

Durante años las desapariciones de estas mujeres en uno de los barrios más sórdidos de la ciudad de Vancouver fue ignorada por la Policía de la ciudad, que explicaba a los familiares que era normal que  prostitutas y drogadictas desparecieran sin dejar rastro.

Pikcton torturó y asesinó a un número indeterminado de mujeres que algunos elevan a 65 personas.

Pikcton torturó y asesinó a un número indeterminado de mujeres que algunos elevan a 65 personas. En el juicio celebrado en 2007 el porquero fue acusado del asesinato de 26 mujeres aunque posteriormente confesó que había matado 49.

Los detalles que rodean a est acaso son realmente escabrosos: la Policía encontró en un congelador de su propiedad restos desmembrados de algunas de sus víctimas pero en la mayoría de los casos, tras meses de búsqueda, los investigadores sólo encontraron restos de ADN de las desaparecidas: el asesino alimentaba a sus cerdos con los cuerpos de sus víctimas.

El caso de Elizabeth Wettflauer, de 51 años de edad, también sobrecogió a la sociedad canadiense. Su objetivo fueron personas vulnerables, principalmente personas de avanzada de edad de las que estaba encargada de cuidar.

Enfermera de profesión, la llamada “ángel de la muerte”, causó la muerte entre 2007 y 2016 a 14 personas que vivían en residencias de ancianos y a los que inyectó doses mortales de insulina.

Minassian y el movimiento “incel”

Bissonnette, de 29 años, forma parte del grupo de asesinos canadienses que actúan motivados por odio, categoría en la que también se incluyen Alek Minassian y Marc Lépine.

Alek Minassian

Pronto se cumplirá un año de la masacre protagonizada en Toronto por Minassian, de 25 años de edad,  que atropelló de forma deliberada con una furgoneta a las personas que caminaba por una de las principales calles de Toronto.

Tras recorrer poco más de un kilómetro por la acera, Minassian había matado a 10 personas y causado heridas a otras 16. La mayoría de sus víctimas fueron mujeres. La Policía descubrió mensajes misóginos colgados en su muro de Facebook que vinculaban al autor de la masacre con el movimiento “incel”, un término que significa “célibe involuntario”.

Marc Lépine también tenía 25 años de edad cuando en diciembre de 1989 armado con un rifle semiautomático entró en la École Polytechnique de Montreal y separó a hombres y mujeres que se encontraban en una de las clases de la universidad.

Liberó a los hombres y tras exclamar que estaba luchando contra el feminismo, empezó a disparar a las mujeres. Posteriormente, Lépine recorrió el resto del edificio disparando a quien se encontró. Asesinó a un total de 14 mujeres e hirió a otras 10 y cuatro hombres antes de suicidarse. La masacre conmocionó al país y despertó la conciencia feminista en millones de mujeres de todo el país.

Bernardo, historia negra de Canadá

Pero probablemente el suceso más terrible en esta larga serie de crímenes fue el protaganizado a principios de la década de los 90 por Paul Bernardo en  Scarborough. Junto a su esposa, Karla Homolka, convencieron a numerosas niñas para que acudieran a su casa. Una vez dentro las sometieron a terribles torturas hasta quitarles, en muchos caso, la vida. El dúo mortal también es conocido como “Ken y Barbie Killers”. Asesinaron a varias personas y violaron a más de una docena de mujeres jóvenes.

En octubre del pasado año, un panel de la Junta Nacional de Libertad Condicional decidió que Paul Bernardo permaneciera en la carcel tras permanecer 25 años entre rejas. La decisión se anunció poco después de que las madres de dos de las víctimas de Bernardo y una mujer que sobrevivió a un ataque leyeran sus impactantes testimonios a los miembros de la Junta.