La cantante española Cèlia Pallí ha publicado su primer disco, I’ll be fine, un trabajo que condensa a la perfección su indescifrable universo de influencias y estilos, que algunos críticos han bautizado como “pop étnico”. Cèlia vive en Toronto desde hace 12 años. Llegó a la capital de Ontario siguiendo la estela de una de sus cantantes más admiradas, Nelly Furtado. “Si ella ha salido de Toronto eso significa que ésta es una buena ciudad para crecer como artista”, pensó la cantante de origen catalán. Después de muchos años de formación y actuaciones en pequeños locales de la ciudad, en 2009 la llegó la oportunidad de su vida: se convirtió en una de las voces del coro de su admirada Nelly Furtado, a quien acompañó en sus giras por América Latina y Europa. Ahora, alcanzada su madurez como cantante y compositora, comienza a consolidar una carrera en solitario que está siendo abrazada con entusiasmo por la crítica y el público.

Foto: XQuadra Media

¿Por qué decidiste venir a Toronto para desarrollar tu carrera artística?

Vine en el año 2003 a estudiar música y me quedé. Había un programa de música en el Humber College y me encantó lo dinámico que era, no sólo estudiaba sino que practicaba mucho. En un principio yo creía que sólo me iba a quedar 2 ó 3 años pero me enamoré de Toronto y de su gente y me quedé.

¿Cuál era tu bagaje musical cuando llegaste a Toronto con tan solo 19 años?

Viví 14 años en España y entonces nos mudamos a Holanda. Allí hice el instituto y después de cinco años quise volver a España pero no me convalidaban los estudios. Así es que decidí ver qué es lo que estaba pasando en Toronto (Risas). Cuando estaba pensando adónde ir una amiga me habló de Toronto: “Si te fijas —me dijo—, hay una conexión muy fuerte con New York y ahí es donde descubrieron a Nelly Furtado”. Ella para mí era entonces una artista muy importante, así que pensé que si ella había salido de Toronto ésta era una buena ciudad para buscarme la vida.

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¿Qué encontraste cuando llegaste a Toronto?

Lo primero que me impactó fue el cambio visual en la arquitectura, algo evidente respecto a España o Europa. Una vez que entendí que el downtown era la parte en la que se concentraba el mayor número de músicos, artistas y “fashionistas” empecé a pasar más tiempo en la zona entre King, Queen y College… me di cuenta de que había un montón, pero un montón de locales con música en vivo que ofrecían de todo: rock, jazz, salsa, música, música brasileña… Para cada género musical había como mínimo un local. Algo impresionante.

¿Qué influencias traías contigo?

Recuerdo mi infancia jugando en la calle y escuchando a mi abuelo, que era sardanista, tocando la tenora. Mi infancia tuvo muchos sonidos de música tradicional catalana. Y, por supuesto, me influyó mucho el pop español. Cuando fui a vivir a Holanda comencé a familiarizarme con la música cubana y brasileña porque había mucha emigración procedente de estos países. Cuando llegué a Toronto seguí ampliando ese conocimiento de una música tan vasta y rica como la latinoamericana. Hice muchos amigos colombianos, chilenos, argentinos… Ellos me introdujeron al folclor de sus respectivos países. Todo esto me influyó mucho tiempo después, cuando compuse mi primer disco.

¿Qué papel juega Toronto en tu crecimiento como artista?

Tanta gente me ha ofrecido lo que ellos traen de su música tradicional… Por ejemplo en la canción Mama introduje un tambor que está tocado con tambora colombiana por mi amigo Juan Carlos Medrano. Pero en realidad el ritmo es una saya boliviana. Sólo con este ritmo ya hay una mezcla y la melodía quise buscarla en ritmos andinos bolivianos. Con esto te quiero decir que trato de mezclar cosas de una forma que no sigue la línea tradicional y la fusiono con pop, de tal modo que el resultado es muy singular. Es lo que algunos han dado en llamar “pop étnico”.

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¿Eres una artista diferente gracias a Toronto?

Como persona soy una ciudadana del mundo y mi música tiene esa influencia. El concepto de “pop étnico” me parece muy acertado y me gusta porque refleja todo lo que soy; mi origen catalán y español, mi tiempo en Canadá y Toronto, una de las ciudades más multiculturales del mundo. Yo he podido demostrar con mi base cultural todo lo que me ha aportado el espíritu de esta ciudad. A mi todo esto me parece fascinante, en realidad mi vida se resume en I’ll be fine, mi disco.

¿Eres una artista española o canadiense?

El hecho de estar en Canadá llama mucho la atención a los españoles. Supongo que mi historia puede ser como una inspiración. No estoy segura pero éste es el enfoque de muchas de las entrevistas que me suelen hacer en España.

¿Pero cómo te sientes tú?

En Canadá creo que me ven como un bicho raro, no sé si me llegan a ver como una canadiense; pero sí como una emigrante que ha venido al país a aportar cosas, a ofrecer lo que tiene. Hay mucha inquietud en los canadienses por conocer las costumbres de nuestros países de origen. Lo único que tienen para el emigrante son preguntas. Cuando uno vive aquí se siente arropado por la curiosidad que tienen los canadienses, y así es como creo que ellos experimentan mi música.

Háblame de Nelly Furtado. ¿Cómo fue la primera vez que te subiste a un escenario con ella?

Fue impresionante. Desde pequeña me imaginaba a mí misma en un escenario enorme con miles de personas. El día que ocurrió, fue en México DF, todo fue perfecto. Estaba preparándome toda mi vida para ese momento. Había 150.000 personas y no estaba nerviosa sino feliz por poder demostrar todo lo que soy y todo lo que me había formado.

¿Cómo llegaste a Nelly Furtado?

En la Universidad me hice amigo de un colombiano, Julio Andrés Rodíguez. Él tenía un amigo que trabajaba con Nelly y me dijo que estaban buscando cantantes bilingües para su grupo. Son cosas que no se anuncian en un periódico sino que las conoces a través del boca a boca. Mandé unas cintas para las audiciones y me cogieron.

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¿Cuántas veces has estado a punto de dejarlo todo y de volverte a España?

Muchas veces, no sólo una. En la mitad de la Universidad echaba de menos a mi familia y a mis amigos, pero me gustaba la educación que estaba recibiendo en Toronto y decidí quedarme. Al acabar también me pregunté varias veces qué hacía aquí pero todo cambió con la llamada de Nelly. Toronto fue una elección para venir a estudiar pero no la sentí desde el primer momento como mi casa. Pero al ver que me iba adaptando, que me salían oportunidades, que cumplía sueños… las cosas cambiaron y también mi percepción de la ciudad. Creo que fue Toronto la que me atrapó a mí y me dijo: “tú te quedas aquí te guste o no”. Y ahora estoy en un momento de pleno enamoramiento de la ciudad por su tolerancia, por el respeto de la gente de otras culturas, otras rezas y otras religiones. Para mi Toronto es la ciudad del futuro por la manera en la que gestiona las relaciones humanas.

¿Háblanos de I’ll be fine, tu primer disco?

Siempre quise publicar un disco pero al principio no sabía realmente cuál era mi estilo. Lo intenté con unos colegas, produjimos algunas canciones pero no me sentía identificada con ese sonido, que era una réplica de lo que se solía escuchar en la radio. Los años pasaron y los productores con los que trabajaba no acababan de entender lo que yo quería. Así es que decidí parar coincidiendo con el trabajo con Nelly Furtadi. Empecé entonces a indagar por mi cuenta hasta descubrir qué era exactamente lo que quería. Comencé a producir en mi casa mis propias canciones, escuché mucha música diferente, empapándome de sonidos de América Latina y de otros estilos que hacían un uso especial de los instrumentos y experimentaban sin limitaciones. Utilicé un ukelele que me dejó una amiga para iniciar la grabación de I’ll be fine. Otro amigo me trajo una mandolina y acabé encontrando el sonido Celia Pallí, algo que sabía que iba a poder representar y defender dignamente durante toda mi vida.

¿Ha merecido la pena este sacrificio?

En el momento en el que Nelly me eligió como corista se confirmó que todo esto había merecido la pena para mi familia y para mí. Era la confirmación de que estaba en el lugar adecuado, en Toronto.

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