En los Toros de Toronto convivía una extraña mezcla de jugadores veteranos a punto de retirarse y jóvenes en busca de un lugar destacado en el deporte profesional.

Durante tres años, entre 1973 y 1976, Toronto vivió una de las rivalidades deportivas más hostiles que se recuerdan. Durante tres años, dos equipos de hockey sobre hielo y dos ligas profesionales intentaron convivir mientras se disputaban cada espectador, cada dólar de los patrocinadores y cada fotografía de los periódicos locales. El histórico Toronto Maple Leafs, en aquella época uno de los mejores de la NHL (National Hockey League), y los Toros de Toronto, la nueva franquicia local en la recién creada World Hockey Association, protagonizaron gloriosos duelos en las portadas de los periódicos y en los despachos de los altos ejecutivos.

Fue una rivalidad indirecta y breve: nunca se enfrentaron en el hielo pero los Toros terminaron rindiéndose ante el peso de la historia, el músculo económico y la influencia en las altas esferas de poder de los Maple Leafs. Desaparecieron tres años después, justo la temporada previa a la fusión de las dos competiciones, que puso fin a la existencia durante siete años de las dos ligas profesionales. Desde entonces la NHL es la única liga mayor en el hockey sobre hielo profesional de América del Norte.

El logotipo de Los Toros de Toronto.

Los Toros de Toronto fue el ambicioso sueño de un grupo de empresarios de Toronto, que aspiraba a crear un segundo equipo profesional en la ciudad que pudiera apropiarse de un pedazo de la abundante afición local al hockey y de la tarta de los patrocinadores. La creación de la World Hockey Association fue la oportunidad que aprovecharon multimillonarios de Estados Unidos y Canadá para penetrar en el negocio del hockey.

Veteranos iconos del deporte disfrutando de un segundo aliento en sus carreras. Uniformes y equipos de colores chillones. Cheerleaders con poca ropa que tuvieron en ocasiones mayor poder de convocatoria que los propios jugadores. Jóvenes menores de edad dando sus primeros pasos hacia el Salón de la Fama. Las dos décadas transcurridas entre la creación de la American Football League en 1960 y el final de la World Hockey Association en 1979, fueron los días de gloria de las nuevas ligas deportivas profesionales, en las que un grupo heterogéneo de inversores y jugadores añadieron color al gran negocio. La mayoría fracasaron

Era inevitable que Toronto, loco por el hockey, terminara con una franquicia de la AMS para enfrentarse a los Maple Leafs durante los siete años de odisea de la liga. La historia de los Toros de Toronto está marcada por rivalidades familiares, héroes locales, deserciones internacionales y una gran cantidad de dinero perdido por el desagüe. En Ottawa se había fundado Los Nationals, un equipo que inicialmente tuvo todas las papeletas para instalarse en Hamilton. La temporada 1972-73 jugaron en la capital del país pero apenas lograron captar el interés de los aficionados locales. Hasta tal punto fue la desconexión que se fueron al Maple Leafs Garden de Toronto, el santuario de los Maple Leafs, a jugar los play offs de aquel año. En aquella decisión influyó en gran medida la fuerza de los rumores que apuntaban a que varios empresarios de Toronto estaban interesados en llevarse la franquicia a la ciudad la siguiente temporada.

El principal candidato fue Can Sports, un consorcio de 26 inversionistas encabezado por el heredero de los medios John F. Bassett. Entre los otros inversionistas se encontraban el presidente de McDonald’s Canada, George Cohon, el editor de Toronto Sun, Douglas Creighton y el futuro propietario de Maple Leafs, Steve Stavro. La familia de Bassett no era ajena al hockey profesional en Toronto. Su padre fue parte del triunvirato, junto con Harold Ballard y Stafford Smythe, que dirigió a los Maple Leafs durante la exitosa década de los 60, en la que el equipo consiguió cuatro Stanley Cup. Aquella sociedad se rompió en mil pedazos después de varios conflictos legales y acusaciones entre los tres socios.

El Canadian National Exhibition (CNE), construído a principios de la década de los años 20 del pasado siglo, fue la casa de Los Toros de Toronto.

La idea inicial de Bassett era alquilar el coliseo de la CNE (ahora el coliseo de Ricoh) durante cinco años, mientras se planeaba la construcción de un nuevo estadio permanente. Propuso pagar 1.5 millones de dólares para instalar nuevos equipos de fabricación de hielo y aumentar la capacidad de asientos en 3.000 plazas. Parecía que todo estaba hecho, con el beneplácito de la junta de gobierno del CNE, pero los políticos de Metro Toronto no lo vieron tan claro y el proyecto de Bassett fue rechazado en abril de 1973, cuando ya no había posibilidad de buscar una alternativa, ni en otro estadio ni en otra ciudad. En aquellos días se habló mucho de la influencia que habían ejercido sobre los políticos locales los dueños del Maple Leaf Gardens, que aspiraban a que los Toros jugaran también en su pista. Esas presiones, parece que reales, generaron un conflicto larvado entre las dos entidades que acabaría siendo letal para los Toros tres años más tarde.

Bassett optó finalmente por el Varsity Arena como la casa de su nuevo equipo, una decisión que aportó nuevas incertidumbres y limitaciones a un equipo aspiraba a mucho más de lo que la realidad imponía tozuda. Con su escasa capacidad de asientos (4.854 asientos), la gerencia previó unas pérdidas de 800.000 dólares durante la primera temporada. Un intento de celebrar un partido de exhibición en Maple Leaf Gardens fracasó cuando los Ballards, propietarios de los Maple Leafs, exigieron el 50% de la taquilla.

Las crónicas de la época intentaban describir la escena surrealista de las trompetas mexicanas a base de metáforas taurinas que encajaban bien con la furia de los jugadores de hockey, sus sticks y la violencia del deporte.

El nombre del equipo fue elegido después de una encuesta realizada por una agencia de publicidad de Toronto. Entre los nombres lanzados estaban Metros, Blues, Yorks y Royals. El día del estreno de los Toros, los directivos contrataron a un grupo de mariachis mexicanos para que ambientaran la salida de los jugadores al hielo como si se tratara de toreros que pisaban el albero de la plaza. Lo repitieron en otras muchas ocasiones. Las crónicas de la época intentaban describir la escena surrealista de las trompetas mexicanas a base de metáforas taurinas que encajaban bien con la furia de los jugadores de hockey, sus sticks y la violencia del deporte. Eran los Toros de Toronto, no los Bulls de Toronto.

Aquel primer equipo estaba repleto de varios ex Maple Leafs y Marlboros, el equipo junior de los Leafs hasta 1989, a los que fueron captando con una agresiva campaña de ofertas económicas, promesas futuras y compromisos que el tiempo se llevaría por delante. La temporada 1973/74 se abrió en el Varsity el 7 de octubre contra los Chicago Cougars. Se iniciaba la fiesta con un equipo en el que convivían viejas glorias en su último aliento deportivo y jóvenes que querían comerse el hielo en cada partido para aspirar a un mejor equipo y a un mejor contrato. La mezcla de veteranía y juventud dio a los Toros un sello especial que se completaba con los colores chillones de sus equipaciones y una afición en busca de una afinidad todavía por construir.

Esa primera temporada no fue mal del todo. Bajo la guía del entrenador Billy Harris, los Toros terminaron segundos en la División Este de la WHA con un registro de 41-33-4. Los ejecutivos del equipo rebajaron su orgullo y se mudaron al Maple Leaf Gardens para los playoffs; esperaban un incremento importante de espectadores y el Varsity Arena se quedaba pequeño. Ese año tuvieron una temporada más larga que los Maple Leafs, que no pasaron de la liga regular y comenzaron a dar síntomas de una decadencia que se prolonga hasta nuestros días. Los Toros llegaron a las semifinales de la Copa Avco, donde cayeron ante los Cleveland Crusaders en siete partidos.

La confianza era alta cuando los Toros planificaron la siguiente temporada. Llegaron dos jugadores del equipo vecino, Frank Mahovlich, la estrella de los Leafs durante la década de 1960, y Paul Henderson, uno de los mejores jugadores blanquiazules en 1972. Terminaron su segunda temporada con un récord casi idéntico a su primera (43-33-2, segundo en la nueva división canadiense). El equipo se mudó nuevamente a Maple Leafs Gardens, a pesar de verse obligados a firmar un contrato desfavorable con Harold Ballard que contribuyó a agravar los crecientes problemas financieros del equipo. Ballard, quien se encontraba entre los principales enemigos de la idea, cada vez más recurrente, de fusionar la NHL y la WHA, cobró a los Toros 15.000 dólares de alquiler por cada partido, con un cargo adicional de 3.500 dólares por los partidos televisados. También obligó a los Toros a construir su propio vestuario y cobró más para elevar los niveles de iluminación. El dueño de los Maple Leafs estaba sirviendo la venganza en plato frio y con mucho placer.

Los efectos de aquel contrato leonino, que repercutió en los precios de las entradas, causó un descenso dramático en las ventas. La situación se complicó por el incremento en los gastos de contratación de jugadores: el equipo aspiraba a más y se vio obligado a gastar un dinero que no tenía. La quiebra se iba dibujando con trazos lentos pero firmes. Bassett refinanció el equipo antes de la temporada 1975/76 y empezó a valorar la posibilidad de trasladar la franquicia a la cercana Hamilton. Esa tercera temporada fue un desastre: fallaron los fichajes, algunos de los jugadores más prometedores cambiaron a la NHL y el portero Gilles Gratton, emblema del equipo, se retiró.

El drama adquirió la categoría de tragicomedia el día que se enfrentaron a Cleveland. Ganaban 8-2 pero acabaron perdieron 9-10. El entrenador Bob Baun, que lo había sido antes de los Maple Leafs, denunció el escaso compromiso de sus jugadores y su falta de ética. Pero fue él quien acabó despedido en febrero de 1976 y sustituido por Gilles Leger, quien no pudo evitar que los Toros registraran el peor record de la liga. Entre constantes rumores sobre el futuro del equipo jugaron el último partido oficial frente a los Quebec Nordiques. Perdieron 5-4. En esos días ya se había anunciado la creación de los Blue Jays de béisbol, que en la práctica suponía una nueva competencia en la ciudad para la viabilidad del equipo. Esta irrupción en la escena deportiva de Toronto fue determinante para que el dueño de los Toros decidiera vender el equipo a Birmingham (Alabama), donde compitió, ahora sí como los Bulls, hasta la desaparición de la World Hockey Association en 1979.

Ese año se hizo efectiva la fusión de la NHL y la WHA; fue la culminación de varios años de negociaciones entre la National Hockey League (NHL) y la World Hockey Association (WHA) que dieron como resultado que la WHA y todas sus franquicias supervivientes se retiraran y pasaran a formar parte de la NHL. Los Edmonton Oilers, New England Whalers, Quebec Nordiques y Winnipeg Jets se incorporaron a la liga única, maniobra que se vendió oficialmente como parte de un plan de expansión, en la temporada 1979-80.

No fue un proceso fácil; un grupo de propietarios de franquicias de la NHL, encabezados por Toronto Maple Leafs y Montreal Canadiens, lideraron durante varios años al ala dura que se negaba a cualquier fusión. Sin embargo, un boicot masivo de productos Molson en Canadá llevó a los Montreal Canadiens, que eran propiedad de la familia Molson, a revertir su posición en una segunda votación junto con los Vancouver Canucks, permitiendo que el plan se aprobara. Nacía el hockey moderno.