François Legault logró la mayoría absoluta en el Parlamento de Quebec, en una victoria más abultada que la que prevían las encuestas.

El partido de centroderecha Coalition Avenir du Québec (Coalición Futuro de Quebec, CAQ) formará gobierno con mayoría absoluta en Quebec tras ganar las elecciones celebradas este lunes en la provincia . Se trata de una revolución sin paliativos en el mapa político de la provincia francófona, que, de entrada, incorpora nuevos elementos a un escenario que ha estado polarizado durante más de cinco décadas por el debate sobre la independencia.

Este asunto queda arrinconado y surgen con fuerza otros posicionamientos como la inmigración, la economía y el futuro del estado de bienestar. El independentismo de Quebec ha sufrido el mayor varapalo de su historia, quedando relegado a una posición irrelevante en el tablero político de la provincia. Los Liberales experimentan, como vaticinaban las encuestas, el desgaste de quince años en el poder pese al buen comportamiento de la economía en los últimos meses. Los liberales ven caer bastiones predominantemente francófonos y los partidarios anglófonos han optado en gran numero por quedarse en casa.

Coalición Avenir Québec es un conglomerado populista de federalistas y antiguos independentistas fundado hace tan solo siete años. De hecho, el próximo primer ministro, François Legault, fue también ministro de Educación del gabinete del Parti Québécois (Partido Quebequés, PQ) entre 1998 y 2002 y ha mantenido puestos de alto perfil en los gobiernos de Lucien Bouchard y Bernard Landry. Este empresario y contable de 61 años (fue cofundador de la exitosa aerolínea económica Air Transat), ha vinculado prácticamente toda su carrera política al independentismo quebecois, idea que ha abandonado para defender una sólida identidad de Quebec pero dentro de Canadá.

Los analistas políticos consideran que la mayor fuente de inspiración intelectual de su partido no proviene de los movimientos conservador-nacionalistas de Quebec, sino del manifiesto de Lucien Bouchard de 2005 Pour un Québec Lucide (Por un Quebec lúcido), en el que el ex primer ministro del PQ expresaba sus frustraciones por el estado de la política de Quebec, dominado en su día por los debates soberanos-federalistas por un lado y las políticas estatales por el otro.

Estas han sido las primeras elecciones de Quebec en cuatro décadas en las cuales la soberanía no ha sido un tema de campaña, lo que ha liberado del habitual encorsetamiento ideológico a los bloques de votación tradicionales, tanto federalistas como separatistas, y les ha permitido construir nuevas lealtades. Legault ha sido el que mejor ha sabido aprovechar este nuevo escenario: su partido ganó escaños liberales tradicionales en los municipios del este, Outaouais y la región de Montreal, así como bastiones de PQ como Lac-Saint-Jean. El voto joven, tradicionalmente independentista, también ha ido en gran proporción a su partido. Quizá este es el fenómeno más interesante que está viviendo la política de Quebec: las nuevas generaciones de quebecois, a diferencia de sus padres, han abandonado mayoritariamente la militancia independentista que marcó la política provincial en las décadas de los 70, 80 y 90 del pasado siglo. Las encuestas de los últimos meses mostraban un nuevo perfil ideológico, enfocado en temas e inquietudes globales como la ecología, la globalización o la pobreza.

La mayoría de la CAQ es amplia, ganando buena parte de los escaños en los suburbios de Montreal, en la ciudad de Quebec y en el centro y oeste de Quebec. Estas dos áreas han proporcionado a la CAQ 67 de sus asientos. Solo en el este de Quebec y en la isla de Montreal, la CAQ no logró ganar en la mayoría de las circunscripciones.

Legault hereda una economía provincial relativamente estable, que puede afrontar días difíciles por el acuerdo comercial entre Canadá, Estados Unidos y México, firmado precisamente la víspera de las elecciones. El nuevo tratado de libre comercio, rebautizado como USMCA, va a abrir parte del mercado lácteo protegido de Canadá, localizado principalmente en Quebec, lo que ya ha provocado las primeras quejas del sector.

El líder del PQ, Jean-François Lisée, anunció su renuncia inmediatamente después de perder su propio asiento, mientras que el líder liberal y primer ministro saliente, Philippe Couillard, dijo que reflexionaría sobre su propio futuro. “Para evitar cualquier inestabilidad que pueda resultar de esta nueva situación, mi reflexión será breve”, dijo Couillard en su discurso de aceptación de la derrota en la noche de este lunes.

La derrota del PLQ y la estrepitosa caída del PQ, que ha perdido más de 20 diputados con respecto a las elecciones de 2014 y cosecha el peor resultado de toda su historia, cristaliza la principal renovación de la política quebequesa desde hace generaciones. El federalista PLQ y el soberanista PQ han dominado el mundo político de la provincia francófona desde la década de los años setenta.

Fueron gobiernos del PQ, en 1980 y 1995, los que convocaron los dos referendos independentistas que se han celebrado en la provincia. En el último, los partidarios del sí estuvieron a punto de conseguir la victoria al obtener el 49,42 % de los votos. Pero desde entonces, el PQ ha sufrido un imparable declive que ha sido aprovechado desde la derecha por formaciones como la CAQ y por la izquierda por grupos como Quebec Solidaire (Quebec Solidario).

La CAQ se hará con el Gobierno con un programa que incluye la controvertida propuesta de reducir el número de inmigrantes que llega a la provincia y establecer un test de valores quebequeses y lenguaje francés a los que todos los inmigrantes se tendrán que someter tras tres años.

Los analistas han comenzado a descifrar las claves de este vuelco histórico en el mapa político de Quebec. El analista de la CBC, Éric Grenier, considera que el CAQ podría haberse beneficiado de la baja participación de sus oponentes y del impacto de la renegociación del acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, que incluye algunos sacrificios para la industria lechera de Quebec.