El alcalde, John Tory, acaba de anunciar que añadirá 200 agentes para patrullar las calles de la ciudad durante la noche y los meses veraniegos en un intento de reducir la violencia.

(Actualizado el 23 de julio de 2018)

En la noche del domingo 22 de julio, Faisal Hussain, de 29 años de edad, se encaminó a Danforth, el corazón del “greektown” de Toronto, y alrededor de las 10 de la noche empezó a disparar de forma indiscriminada contra los clientes de restaurantes y bares que dan vida a la avenida. En pocos minutos, Hussain disparó decenas de balas, causando la muerte a una niña de 10 años de edad y a una joven de 18, Reese Fallon. Hussain murió poco después tras un enfrentamiento con la Policía.

Los padres de Hussain, horrorizados por la matanza causada por Faisal, expresaron su pesar en un comunicado en el que ofrecieron sus condolencias a las víctimas y explicaron que el joven sufría graves problemas mentales durante toda su vida. A pesar de ello, Hussain pudo conseguir una pistola automática que le permitió disparar hasta una treintena de balas, según los testigos del ataque.

El incidente es uno más de la creciente lista de tiroteos y asesinatos con armas de fuego que se han producido en la mayor ciudad canadiense desde el principio de año, aunque la tendencia parece que se ha acelerado con la llegada del verano: desde el 21 de junio se han producido alrededor de 20 tiroteos en la ciudad.

Sin contar las víctimas del domingo, 26 personas han muerto en Toronto a consecuencia de la violencia con armas de fuego. En comparación, en el mismo periodo de 2017, el número de muertes era de 16.

El aumento de los ataques con armas de fuego ha hecho saltar las alarmas en la ciudad. Y no sólo por el creciente número de ataques y víctimas mortales, sino también porque los autores de estos tiroteos parecen no tener temor a actuar en lugares públicos y en plena luz del día.

A finales de junio, dos populares cantantes de hip-hop de Toronto, Jahvante Smart, conocido artísticamente como Smoke Dawg, de 21 años de edad, y Ernest “Kosi” Modekwe, conocido como Koba Prime, de 28 años de edad, fueron asesinados en el centro de Toronto a las puertas de un concurrido local nocturno y en frente de decenas de personas.

A mediados de junio se produjo otro tiroteo en el noreste de la ciudad, por la tarde, en medio de un parque en el que había más de una decena de niños jugando. El objetivo de los atacantes parece que era un hombre que se encontraba en el parque, pero las balas alcanzaron a dos niñas que jugaban en las inmediaciones, lo que las causó graves heridas.

En una ciudad considerada como la más segura, entre las de mayor población, de Norteamérica, muchos se preguntan qué está pasando en Toronto.

Guerra de pandillas

La respuesta oficial de las autoridades es que la mayoría de las muertes con arma de fuego, y de los ataques que sufre Toronto son fruto de la guerra entre grupos criminales rivales.

Mark Mendelson, un ex detective de homicidios en la Policía de Toronto, recientemente declaró que los tiroteos que está viviendo la ciudad son fruto de la guerra entre grupos que se disputan el tráfico ilegal de drogas, algo “cíclico” que se produce cada año, principalmente porque hay más gente en las calles gracias a la llegada del buen tiempo.

Pero Mendelson reconoció que este año los ataques “son más atrevidos” que quizás en el pasado.

Lo cierto es que el aumento de la violencia con armas de fuego no es exclusivo de Toronto. Las principales ciudades (Ottawa, Montreal, Calgary, Vancouver…) del país están sufriendo desde hace más de un año un significativo incremento de los ataques con armas de fuego. Y la razón parece ser que hay una mayor facilidad para que los grupos de delincuentes se hagan con armas.

El aumento de la violencia con armas de fuego no es exclusivo de Toronto. Las principales ciudades del país están sufren el mismo problema

La Coalición para el Control de Armas de Canadá acusa al anterior Gobierno federal, el del conservador Stephen Harper, de la avalancha de pistolas y armas semiautomáticas que inundan las calles de las principales ciudades canadienses.

La Ley C-19 del Gobierno de Harper eliminó el registro de rifles y escopetas, destruyendo los archivos de 6 millones de armas. Pero la ley también eliminó los controles de las ventas de armas de fuego que existían en el país desde 1977.

Según el grupo opuesto a las armas de fuego, el resultado es que ahora Canadá tiene menos controles sobre las ventas de rifles y escopetas que Estados Unidos: una persona puede comprar decenas de armas de fuego sin necesidad de que su venta se registre en una base de datos.

Pero además, el Gobierno de Harper aprobó la Ley C-42, que “relajó los controles sobre armas restringidas y prohibidas, incluidas pistolas y armas militares de asalto”, añade el grupo.

Ante el aumento de la violencia, las autoridades han empezado a actuar. En marzo, el Gobierno de Justin Trudeau celebró en Ottawa la llamada Cumbre de Armas y Violencia de Bandas, a la que asistieron 180 expertos, para tratar de encontrar soluciones al aumento de los ataques con armas de fuego y la actividad de las bandas criminales.

Y en Toronto, el alcalde, John Tory, acaba de anunciar que añadirá 200 agentes para patrullar las calles de la ciudad durante la noche y los meses veraniegos en un intento de reducir la violencia.

Pero algunos expertos dudan que el incremento de la presencia policial realmente tenga un efecto en las verdaderas causas de la violencia e incluso puede ser contraproducente.

La organización For Youth Initiative ha advertido que la mayor presencia policial no sólo no aliviará la situación sino que puede aumentar la alienación de los jóvenes en situación de riesgo.

Su portavoz, Elena Gordon, declaró que “si hay más bandas es porque hay una falta de recursos comunitarios en los que los jóvenes puedan participar en el verano”.

Y Paul McKenna, un académico que ha trabajado como asesor de la Policía de Toronto, advirtió de que “las respuestas más inteligentes a la delincuencia no empiezan con inundar las calles con agentes”, sino que es necesaria una mejor planificación, recopilación de información y trabajo con la comunidad.

Guerra interna policial

Y es que en Toronto, no sólo las bandas criminales están luchando entre sí en las calles, sino que la ciudad también vive una intensa y agria guerra entre políticos y facciones policiales que desvela muchos de los problemas que aquejan a la mayor fuerza policial municipal de Canadá.

Una batalla que se centra también en el dinero.

El estamento político de la ciudad lleva desde hace tiempo intentando controlar el presupuesto de la Policía de Toronto, cuyo crecimiento es insostenible en el medio y largo plazo y que para muchos es desorbitado para una ciudad con altos niveles de seguridad.

Para este año, el presupuesto de la Policía de Toronto es de 1.136,2 millones de dólares, de los que un 88%, o 1.002,9 millones de dólares, está destinado a pagar salarios y prestaciones sociales a los alrededor de 8.000 empleados, entre agentes y trabajadores civiles, de la fuerza.

El año pasado, finalmente se aprobó un plan de modernización de la Policía de Toronto que, entre otras medidas, reduce ligeramente su personal.

Pero el sindicato policial, la Asociación Policial de Toronto, y su presidente, Mike McCormack, se han opuesto frontalmente a la modernización porque supone un recorte del presupuesto policial.

El sindicato policial, la Asociación Policial de Toronto, y su presidente, Mike McCormack, se han opuesto al plan de modernización de la Policía

McCormack, hijo del ex jefe de Policía de Toronto William McCormack, incluso ha vinculado directamente la reducción del presupuesto con el aumento de la violencia en Toronto. El columnista de The Globe and Mail Marcus Gee, recientemente señaló que McCormack ha estado “explotando los titulares sobre la violencia de las armas de fuego para impulsar su argumento que las autoridades están vaciando la fuerza de su personal”.

No es casualidad que en medio de la peor explosión de violencia que vive la ciudad desde 2006, y de la polémica entre McCormack y Tory, un agente de Policía, el sargento Mark Hayward, escribiese una carta cargada con fuertes críticas hacia John Tory y en la que acusó al alcalde de Toronto de “contribuir de forma directa” al aumento de la violencia por sus políticas.

Tory acusó a Hayward de ser parte de una “campaña” orquestada por McCormack para atacarle a él personalmente y al plan de modernización de la Policía de Toronto.

Precisamente Hayward formó parte de una polémica fuerza policial llamada TAVIS y que estaba encargada de combatir las bandas criminales de la ciudad. Pero la fuerza fue desbandada en 2017 tras convertirse en una unidad que se especializó en “carding”, la práctica de parar y registrar a ciudadanos que no eran sospechosos de delitos en muchos casos sino simplemente por el color de su piel. Las tácticas de TAVIS fueron criticadas por ser “agresivas” e “inefectivas” por expertos como el criminólogo de la Universidad de Toronto, Scot Wortley, para quien TAVIS iba contra “comunidades y no individuos”.

“Cuando vas contra toda una comunidad, cortas los lazos con esa comunidad, creas una crisis de confianza que en realidad, y en el largo plazo, puede dañara la capacidad de investigar de forma efectiva los delitos de bandas criminales en la comunidad”, declaró Wortley al periódico The Toronto Star.

Más dinero

En este clima de guerra interna, la confianza parece ser una de las primeras víctimas.

Tras los recientes tiroteos en Toronto, Tory pareció dudar de que la Policía estuviese totalmente comprometida a capturar a los autores al declarar que el jefe de Policía, Mark Saunders, le aseguró que los agentes están haciendo todo los posible para capturar a los autores de los ataques.

Porque lo que también resulta claro es que la Policía sabe quién está detrás de la explosión de violencia en Toronto y qué es necesario hacer para que la situación vuelva a la normalidad.

Saunders reconoció que la Policía de Toronto sabe quiénes son los principales cabecillas de las bandas criminales que están sumiendo a Toronto en una espiral de violencia.

De momento, 3 de los 15 millones de dólares destinados por Toronto al problema irá destinado a pagar las patrullas extras de la Policía

Y el ex detective Mendelson apuntó que la solución está al alcance de la mano: “A los malos tipos no les gusta cuando la Policía está detrás de ellos. Cuando les presionan y les colocas bajo el microscopio, se preocupan y las cosas se tranquilizan”.

Al mismo tiempo, lo que la mayoría de las organizaciones que trabajan en barrios marginales y con jóvenes en situación de riesgo reclaman no es más presencia policial, sino una mayor inversión en programas sociales, como ha señalado For Youth Initiative.

Y dinero hay. El Gobierno federal ha destinado 327,6 millones de dólares durante los próximos cinco años para iniciativas que luchen contra la violencia y las bandas criminales.

Por su parte, Toronto ya se ha comprometido a destinar 15 millones de dólares a estas iniciativas. Tory asegura que parte de ese dinero se destinará a programas comunitarios para los jóvenes en riesgo.

Pero la primera partida ya está asignada: 3 millones de dólares para pagar a los 200 agentes extra que patrullarán las calles por la noche durante los meses de verano.