Los canadienses residentes en Ontario están convocados a las urnas el próximo 7 de junio para elegir a los 107 miembros de la Asamblea Legislativa de la provincia y decidir quién gobernará el territorio durante los próximos cuatro años.

De momento, las encuestas señalan que, tras 15 años de gobiernos sucesivos del Partido Liberal de Ontario (PLO), una abrumadora mayoría de votantes quieren un cambio.

Según las últimas encuestas y proyecciones, un 41% de las personas consultadas se muestran dispuestas a votar por el opositor Partido Conservador de Ontario (PCO), dirigido por el empresario Doug Ford, hermano del fallecido alcalde de Toronto, Rob Ford.

Por detrás y a gran distancia se encuentran el socialdemócrata Nuevo Partido Democrático de Andrea Horwath (NDPO), con un 27%, y el PLO de la actual premier, Kathleen Wynne, en torno al 23%.

De mantenerse estas cifras el 7 de junio, el PCO conseguiría unos 87 escaños en la Asamblea Legislativa, lo que convertiría a Ford en el primer ministro provincial. Por su parte, el NDPO se convertiría en el principal partido de la oposición, con 27 diputados, mientras que el PLO quedaría reducido a 10.

Pero una encuesta realizada hace un mes por ONPulse señalaba que aunque el 60% de los votantes tienen fuertes deseos de un cambio de Gobierno, otro 20% piensan que el cambio sería bueno pero no importante y el resto 20% está por mantener a los liberales en el poder.

Por ello, especialistas en encuestas, como David Coletto, de Abacus Data, consideran que “aunque puede parecer que esta elección está ya decidida, si se miran los números, hay muchas oportunidades para que haya cambios y para que la campaña tenga un impacto”.

Con estas cifras, Wynne y los liberales podrían mantenerse en el poder si consiguen convencer al 20% de votantes que no está dispuesto a todo por el cambio, que apuesten por el PLO por temor a lo que los conservadores o socialdemócratas puedan hacer si llegan a gobernar.

Ese planteamiento se observó en el primero de los tres debates televisados que se celebró el lunes entre Ford, Horwath y Wynne.

La premier se esforzó durante el debate en defender sus acciones en el Gobierno a la vez que subrayó los peligros de una victoria de Ford, como el temor que la agenda del líder conservador esconden profundos recortes a programas sociales y empleos públicos.

Por su parte, Ford se esforzó en pintar a los liberales como el partido de la corrupción, gracias a los escándalos que sacudieron al PLO durante la época del anterior premier, Dalton McGuinty. Y al mismo tiempo, Ford trató de evitar cualquier error, limitándose a repetir eslóganes y mensajes ‘precocinados’.

Para muchos, Horwath fue la verdadera vencedora del primer debate televisado, al ofrecer una alternativa real a los votantes desencantados con el PLO, pero que no quieren arriesgarse con Ford. De momento, esa estrategia ha permitido al NDPO superar en las encuestas al PLO.

Con todo, los tres líderes tienen graves problemas.

Wynne tiene que superar que durante los dos últimos años, sólo un 25% de la población de Ontario ha aprobado su gestión al frente del Gobierno. Ford no se encuentra en una situación mejor a pesar de que nunca ha gobernado: son más los votantes que tienen una visión negativa del líder conservador que positiva. Por su parte, el reto de Howarth es darse a conocer a un mayor número de votantes a pesar que ha sido la lideresa del NDPO desde hace nueve años.

Pero más allá de la personalidad de los líderes, en las elecciones del 7 de junio, los habitantes de Ontario se juegan mucho.

Uno de los principales problemas en toda la provincia es el aumento del coste de la vida, especialmente en Toronto y sus áreas aledañas, donde el precio de la vivienda se ha disparado mientras que los ingresos de la inmensa mayoría de las familias están estancados.

Como en otros lugares, a pesar de que la economía de Ontario está funcionando a plena marcha, la bonanza económica no se está transmitiendo a la inmensa mayoría de sus habitantes y la precariedad laboral sigue aumentando en todos los sectores de la población.

Con este panorama, los programas electorales de los tres principales partidos están llenas de ofertas económicas. Los liberales están ofreciendo control de los precios del alquiler, reducir los costes de la educación superior, medicamentos gratuitos para menores y jóvenes y un mayor salario mínimo.

Los conservadores han optado por una plataforma más tradicional para la derecha: recortes de impuestos para empresas y los individuos con menores ingresos así como dar marcha atrás en medidas medioambientalistas para reducir el coste de electricidad y gas.

Y los socialdemócratas plantean medidas similares a los liberales junto con un plan de guarderías para familias a 12 dólares al día.