Es innegable que en la última década ha aumentado la distancia entre el aumento de productividad de las empresas: mucho puede deberse a la automatización y robotización de procesos; mientras que los ingresos medios siguen cayendo.

Hace unos meses, cuando empecé a ver en los medios de comunicación de Estados Unidos y los países árabes las entrevistas de “Sophia”, me sentí realmente maravillada, pero de inmediato me entró una angustia muy grande por la cantidad de puestos de trabajo que se perderían por cuenta de los robots.

En la actualidad, hay muchos androides que trabajan como meseros o vendedores en grandes cadenas de almacenes que se han vuelto la sensación aumentando notablemente las ventas de los negocios que cuentan con este tipo de tecnologías. Muchos consumidores no quieren perderse la oportunidad de ser atendidos por un humanoide, pero no se han dado cuenta de la cantidad de trabajadores que han sido desplazados.

La angustia me fue creciendo en la medida en que empecé a leer sobre el tema y llegué al “precariado”, lo que el economista inglés Guy Standing definió como la nueva clase social,  fenómeno que se presenta con mayor profundidad en los países desarrollados. En Japón se calcula que hay más de 20 millones de personas viviendo en esta condición, mientras que en España y Gran Bretaña se está convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza para los gobiernos y en general para la sociedad.

El precariado se explica como el grupo de personas que están en plena edad productiva que no tienen un empleo de tiempo completo y no tienen recursos para invertir en vivienda, vehículos o en una vida social y cultural activas. También son las personas que se acaban de pensionar y cuyos ingresos no son suficientes para sobrevivir y empiezan a vivir muy precariamente.

Los efectos del precariado son muy grandes, no solo en la salud física y mental de quienes caen en él, sino también en lo grandes costos que generarán en el futuro para los gobiernos en materia de salud pública.  

El precariado está siendo alimentado principalmente por los millenials, en especial aquellos que siguen abandonando los sistemas educativos ante la falta de buenas expectativas.

¿Son los robots los culpables?  

Me dí entonces a la tarea de investigar sobre el tema de empleos desplazados por androides y, por supuesto, el robot de Google me arrojó cientos de posibilidades de literatura. De inmediato concluí que, en definitiva, algunos trabajos peligrarán más que otros pero entendí que el problema no son los robots si no cuán rápido nos adaptamos a los cambios de las tecnologías.

En el caso canadiense, el 40% de los trabajos del país podría quedar obsoleto a causa de la automatización.

Cuando digo “nos” me refiero no sólo a nosotros los ciudadanos del común sino también a los gobiernos, los hacedores de políticas públicas e instituciones educativas, y principalmente a los jóvenes, especialmente aquellos que prefieren desertar del sistema educativo. Porque una cosa está muy clara, la automatización y la presencia de inteligencias artificiales en los trabajos exigirá una mano de obra cada vez más calificada.

Un estudio realizado por Daron Acemoglu y Pascual Restrepo sobre el impacto de los robots en el desplazamiento de mano de obra entre 1990 y 2007 en el país norteamericano titulado Robots and Jobs: Evidence from US Labor Markets, concluye que  cada nuevo robot agregado a la fuerza laboral generó la pérdida de entre 3 y 5,6 empleos en el área. Mientras que por cada robot nuevo agregado por cada 1.000 trabajadores, los salarios en el área disminuyeron entre 0.25 y 0.5%.

Es innegable que en la última década ha aumentado la distancia entre el incremento de productividad de las empresas: mucho puede deberse a la automatización y robotización de procesos; y los ingresos medios de los trabajadores, que siguen cayendo.

Han sido varias las investigaciones que se han realizado para determinar el impacto de la robotización en el empleo, pero hasta el momento no hay un vínculo directo, así lo confirma Richard Freeman, investigador de la Universidad Harvard.

En el caso canadiense, según Brookfield Institute for Innovation and Entrepreneurship, el 40% de los trabajos en Canadá podría quedar obsoleto a causa de la automatización.

Cerca de 375 millones de trabajos tendrán que pasar a una nueva ocupación, por lo que los trabajadores deberán estar dispuestos a desarrollar nuevas habilidades.

Algo que definitivamente sí es perceptible es el cambio de las tendencias de empleo. Debido a los altos estándares de desarrollo tecnológico se hace cada vez más necesaria una mano de obra muy calificada, lo que está generando una brecha entre los ingresos de quienes manejan muy bien la tecnología y los que no.

Al final todo va a depender de las decisiones de políticas públicas que se adopten para aumentar la inversión en capacitación y educación, y de las estrategias que se definan para contribuir a que todos tengan igualdad de oportunidades para acceder a una educación de más alto nivel y de esta forma evitar que el precariado siga aumentando.

Según un estudio realizado por Price Waterhouse Coopers (PWC), los trabajos que ya se están automatizando con inteligencia artificial (IA) y RPA son: social media, abogados, contadores, operaciones en la bolsa, médicos y conductores. Y los trabajos que se cree no desaparecerán son los relacionados con los profesionales que cuidan personas, especialmente a los adultos mayores, los trabajos creativos (poetas, diseñadores), científicos, barman y los empleos en restaurantes de comida rápida.

PWC considera que la llamada cuarta revolución industrial ya está en marcha y se espera que para 2025, los empleos que serán reemplazados por agentes informáticos, ascenderá a 140 millones de trabajos.

Lo bueno de la era de la robótica

El Instituto Global McKinsey ve estos cambios desde un punto de vista más positivo: asegura que más que una pérdida de empleos, habrá una transición. Así lo constatan en un estudio que fue publicado en diciembre de 2017 titulado: Trabajos perdidos, trabajos ganados: una fuerza laboral en transición en tiempos de automatización.

Se espera que en 2025 más de 140 millones de empleos habrán sido reemplazados por agentes informáticos.

“Nuestros hallazgos sugieren que varias tendencias pueden servir como catalizadores de la futura demanda laboral y podrían crear una demanda de millones de puestos de trabajo para 2030”, asegura el estudio.

Sucede en todas las economías, pero especialmente en los países en desarrollo, que como consecuencia de las inversiones en tecnologías e infraestructura se produce un crecimiento en los empleos en nuevas ocupaciones.

Mckinsey calcula que cerca de 375 millones de trabajos tendrán que pasar a una nueva ocupación, lo que significa que los trabajadores deberán asumir la nueva realidad del mercado y estar dispuestos a desarrollar nuevas habilidades.

Un aspecto muy positivo es la presencia de las inteligencias artificiales en medicina. En todo el mundo 58 hospitales en 13 países tienen los servicios de análisis de datos para complementar los diagnósticos, principalmente en el área oncológica. En Colombia la Fundación Santa Fe acaba de incorporar los servicios de Watson de IBM. Pero tal y como aclara Andrés Rodríguez, director de Oncología de la Fundación, Watson no reemplazará a los médicos; lo que permitirá es recopilar más información, lo cual unido a su análisis y el historial clínico del paciente, puede generar nuevas rutas de tratamiento.

Todo esto, me lleva solo a una reflexión: el problema no son los robots… sino qué tan rápido nos adecuamos a las nuevas tendencias.