La mansión Casa Loma, en Toronto. Foto: Miguel Máiquez / Lattin Magazine

“Nadie sabe dónde estaba la Estación M. Su localización oficial no aparece en ningún sitio…”. En una entrevista concedida al diario Toronto Star en 2015, el historiador e investigador Lynn-Philip Hodgson, autor del libro Inside Camp X, admitía que no hay evidencias aún que acrediten de forma fehaciente que la denominada Estación M (Station M) se encontraba en el interior de Casa Loma, en pleno corazón de Toronto. “No existen registros, o, si los hay, están bajo llave en Ottawa”, afirmaba. Teniendo en cuenta que Station M era el nombre en código de una base secreta en la que empleados del Servicio de Inteligencia Británico fabricaban material de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial, la segunda opción no resulta del todo descabellada.

El propio Hodgson ha defendido la teoría de que Casa Loma albergó Station M en numerosos artículos y conferencias desde que salió a la luz su libro en el año 2003 (seguirían varios más, todos ellos relacionados con el mismo asunto), y afirma haber tenido acceso a documentos no publicados que así lo prueban. Y los actuales gestores de la mansión, el grupo empresarial Liberty Entertainment, también lo creen, como muestra la exposición permanente que el popular castillo dedica a la historia de este centro secreto y a la del llamado Campo X (Camp X) —otro nombre en código—, un área de entrenamiento paramilitar a orillas del lago Ontario, que estuvo conectada directamente con las supuestas instalaciones secretas del turístico caserón neogótico.

Una insignia militar con la inscripción “Camp X”.

En concreto, y de acuerdo con las investigaciones de Hodgson, los establos de Casa Loma (o quizá una sala en el interior de la mansión, tal vez los sótanos, o incluso alguno de sus túneles) habrían sido utilizados para perfeccionar un sistema de sonar conocido como ASDIC, empleado para detectar la presencia de submarinos alemanes (los famosos U-Boot) en el Atlántico Norte. El sistema se había empezado a probar en Londres y, aparentemente, habría sido desarrollado, al menos en parte, en Toronto.

El área del caserón en la que se llevaban a cabo los trabajos estaba cerrada al público con una simple señal de “en construcción”, lo que permitía a los empleados que trabajaban en el proyecto entrar y salir sin levantar sospechas entre los visitantes de la mansión, que permanecía abierta al público.

En este centro secreto se habrían elaborado asimismo otros utensilios relacionados con el espionaje (incluyendo prendas de vestir), todo ello bajo las órdenes de Sir William Stephenson, un histórico jefe de espías de Winnipeg, Manitoba, conocido por el nombre en clave de “Intrepid”, colaborador del mismísimo Winston Churchill, y coordinador la operación.

“Al mismo tiempo que arriba, en el salón de baile de Casa Loma, cientos de invitados disfrutaban de fiestas en las que las big bands de la época tocaban música de Glenn Miller, bajo sus pies, un equipo de los mejores científicos, técnicos, sastres y modistas trabajaba sin descanso para fabricar los artefactos y el material requerido por Stephenson”, escribe Hodgson. El investigador lleva más de 40 años estudiando las huellas de Camp X y Station M, y ha pasado media vida dedicado a rescatar y divulgar el patrimonio histórico canadiense, lo que le valió la concesión, en 2013, de la medalla Queen’s Diamond Jubilee. La exposición permanente que Casa Loma dedica a la Estación M (“M”, por “Magical”) y al Campo X, habilitada en una de las alas del recibidor principal de la mansión, se nutre principalmente de la colección personal reunida por Hodgson a lo largo de todos esos años.

La muestra incluye utensilios hallados en la zona donde estuvo el campo de entrenamiento (entre Whitby y Oshawa, en el área que ocupa actualmente el Intrepid Park), así como otros gadgets que serían utilizados por los espías y agentes secretos cuando se encontrasen tras las líneas enemigas. Bajo la protección de una vitrina de cristal, se exhiben desde un pañuelo de cuello que es en realidad un detallado mapa, hasta un botón de chaqueta capaz de esconder una brújula diminuta, pasando por el típico libro hueco para ocultar un arma, insignias militares con la inscripción “Camp X”, u objetos más cotidianos como fotografías, cubiertos, o un peine, este último, también, con una pequeñísima brújula en su interior.

Algunos de los objetos reunidos en la exposición dedicada a la Estación M y el Campo X en Casa Loma. Fotos: Lattin Magazine

Como señala a Lattin Magazine la actual encargada de la colección de arte del castillo y el establo de Casa Loma, la argentina Marcela Torres, “la historia no es muy conocida, ni siquiera en Toronto”. “Yo llegué a Canadá hace más de seis años, y no supe de todo esto hasta que empecé a trabajar aquí”, cuenta. De hecho, explica Torres, la exposición es bastante reciente. Se creó en diciembre de 2015 y hasta entonces “no había nada” que mostrase ese capítulo del pasado de la mansión.

Desde que, en 1937, el Kiwanis Club, más tarde Kiwanis Club of Casa Loma (KCCL), se hizo cargo del caserón, ya abierto el público, era habitual que el castillo celebrara eventos y actos benéficos. Durante la guerra, indica Torres, algunas de estas fiestas estaban destinadas a recaudar fondos para apoyar el esfuerzo bélico. Son, probablemente, los bailes a los que hacía referencia Hodgson. “Yo he visto fotos de esos eventos en los archivos de la ciudad de Toronto, y es cierto que en algunas de ellas aparecen soldados, aunque no se puede afirmar con seguridad que estén relacionados con Station M”, señala Torres. “Lo que está claro es que en ese momento nadie sabía lo que estaba pasando allí”, añade.

Ni siquiera las autoridades municipales tenían conocimiento de Station M, y menos aún del proyecto relacionado con el sistema ASDIC, el aparato predecesor del moderno sonar. La producción del ASDIC había comenzado en Londres, pero, debido a los constantes bombardeos alemanes sobre la capital británica durante el Blitz, se hizo necesario encontrar un lugar más seguro para poder continuar con la investigación. De acuerdo con The Canadian Encyclopedia, William Corman, un ingeniero canadiense, fue el encargado de elegir un nuevo emplazamiento que debería ser, además, secreto. Casa Loma, con sus amplios establos, sus grandes salas de techos altos y sus túneles, fue su propuesta: “¿Quién va a sospechar de un castillo estrafalario que celebra bailes todos los sábados por la noche?”, dicen que dijo. Cuando Corman llevó a cabo sus negociaciones secretas con el Kiwanis Club, el Ayuntamiento no fue informado. El gobierno de la ciudad no se enteraría hasta una década más tarde.

Numerosos barcos canadienses fueron equipados con el ASDIC durante la Segunda Guerra Mundial, entre ellos, el HMCS Haida, anclado actualmente en Hamilton como museo, y en cuyo interior pueden verse los componentes básicos del aparato. El proyecto ASDIC habría comenzado a llevarse a cabo en Casa Loma en 1941, manteniéndose activo hasta el final de la contienda.

La curadora de las colecciones de arte de Casa Loma, la argentina Marcela Torres, junto a la exposición sobre Camp X y Station M. Foto: Lattin Magazine

¿Y James Bond?

Junto con la historia de Canadá durante la Segunda Guerra Mundial, la otra gran especialidad de Hodgson es Ian Fleming, el célebre autor de las novelas de James Bond.

En el año 1939, el escritor fue reclutado por el Departamento de Inteligencia de la Marina Británica como asistente, más tarde como lugarteniente y, finalmente, como comandante, y llegó a concebir un plan, la llamada Operación Ruthless, para tratar de confiscar a los nazis la famosa máquina codificadora Enigma. El plan nunca llegó a ejecutarse, pero colocó a Fleming directamente en la órbita de expertos del espionaje bélico.

Dos imágenes (la primera, aérea) de Camp X en 1942. Fotos: camp-x.com

En 1942, Fleming pasó unas semanas en Toronto, durante las cuales visitó las instalaciones de Camp X, inauguradas el 6 de diciembre del año anterior. Su objetivo era adquirir formación que más tarde esperaba compartir con un comando del que estaba a cargo en ese momento. Según Hodgson y otros expertos, tanto el campo de entrenamiento y los oficiales que conoció allí (entre ellos, Stephenson), como los gadgets que se fabricaban en Casa Loma podrían haberle servido de inspiración para su serie de novelas sobre el agente 007.

La leyenda cuenta que Fleming falló una de las pruebas a las que fue sometido en Camp X como parte de su entrenamiento: para comprobar si sería capaz de matar a alguien a sangre fría, se le proporcionó una pistola cargada y fue enviado a un hotel del centro de Toronto, informándosele de que en una de sus habitaciones se encontraba un agente enemigo al que tendría que disparar; en realidad, un instructor preparado para desarmarle a tiempo. A su famoso personaje, como sabemos, no le habría temblado el pulso. Fleming, sin embargo, no fue capaz.

Según los cálculos de Hodgson, quien sigue organizando tours para estudiantes en el parque donde se encontraba Camp X, en este campo de carácter paramilitar recibieron entrenamiento más de 500 agentes, espías y saboteadores que fueron enviados a territorio enemigo en diferentes misiones. Si alguno de ellos fue hecho prisionero, es posible que lograra escapar con la ayuda de uno de los pañuelos-mapa, o de los botones-brújula, elaborados en secreto entre los muros de Casa Loma mientras en el piso de arriba se bailaba alegremente al ritmo de In The Mood.

La ruinosa fantasía de un financiero millonario

La gigantesca mansión neogótica de Casa Loma, diseñada por el arquitecto E. J. Lennox, e inspirada en el castillo escocés de Balmoral, fue construida entre 1911 y 1914 por encargo del excéntrico financiero multimillonario Henry Mill Pellatt. Situada en lo alto de una de las colinas de Toronto, a 140 metros sobre el nivel del mar, cuando fue completada se convirtió en la mayor residencia privada de Canadá, con un total de 6.011 metros cuadrados y cerca de un centenar de habitaciones. Sus enormes gastos de mantenimiento, sin embargo, acabaron arruinando a Pellatt, y en 1933 la ciudad de Toronto se hizo con la propiedad del inmueble. La mansión se encontraba entonces en un estado de gran deterioro, por lo que el Ayuntamiento se planteó su demolición. Sin embargo, en 1937, Casa Loma fue arrendada al Kiwanis Club de Toronto, que la gestionó como atracción turística abierta al público durante 74 años, hasta 2011. Una vez finalizado el contrato, la mansión volvió a manos municipales de forma temporal, hasta encontrar un nuevo arrendatario. Finalmente, en 2014, se llegó a un acuerdo con la actual gestora, la empresa Liberty Entertainment Group.