En 2016 realizaron una encuesta entre 25.000 estudiantes y por primera vez desde el año 2013 las tasas de intentos de suicidio han aumentado, así como la ansiedad y la depresión. Foto: Licencia Creative Commons

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de sentarme a hablar con un joven brillante, de esa generación que llaman millennials y la verdad me quedé llena de inquietudes sobre el futuro de la educación y sobre todo del porvenir de esa generación, que claramente no traga entero.

Lo primero que me comentó este joven prometedor es que había dejado la escuela de negocios en la que estudiaba en Canadá. Desertó luego de estudiar tres años. El por qué es muy simple, los profesores no le satisfacían así como tampoco los curriculums.  El joven en mención ha preferido educarse en You Tube…

Al principio me aterré pero luego lo comprendí. Hay algo de verdad en que la sabiduría se adquiere con la edad. Sin embargo, creo que hasta ese dicho ha quedado revaluado con los avances tecnológicos.

Las necesidades, la comunicación y la forma de hacer negocios y el desenvolvimiento diario de la vida han cambiado totalmente con la llegada de la tecnología. Pero en algunos casos, los profesores de colegios y universidades siguen con los mismos curriculums y las mismas técnicas de estudio.

Son muchas las preguntas que tengo: ¿cuál será el futuro de la generación que se educa vía You Tube y lo peor ¿cuándo llegará el relevo generacional en las empresas, gremios, instituciones gubernamentales y educativas que permitan que estos jóvenes desencantados puedan conseguir un empleo?

En los últimos meses me he dado cuenta de que es un comportamiento epidémico en esta generación. Cada día me entero de más hijos de conocidos que han preferido desertar de sus estudios post secundarios. Lo que me parece aún más increíble es que no es solo un comportamiento en Canadá sino que se está presentando en otras latitudes como Estados Unidos, México, Puerto Rico, Colombia, Chile, Argentina y algunos países europeos, entre otros.

En Norteamérica cerca del 40% de los estudiantes que iniciaron estudios profesionales o tecnológicos no los terminaron. De acuerdo con la encuesta de Colleges Ontario de 2016, 66% de los que iniciaron algún programa se graduó. ¿Qué pasó con el 34% restante? Una de las posibles causas de este abandono educativo puede ser la falta de coherencia entre los curriculums y la realidad laboral. Y las autoridades educativas canadienses no lo desconocen.

“Los gobiernos de la Provincia de Ontario y el Federal continúan enfrentando un serio desfase entre las habilidades aprendidas y los trabajos, que está dejando mucha gente sin esperanza de encontrar un buen trabajo. Esa brecha  se ampliará en la medida en que hay nuevas tecnologías e innovaciones que siguen transformado la economía y asimismo las altas exigencias de mano de obra muy calificada. Se requiere una estrategia para enfrentar ese desfase”, concluye el documento “creando una fuerza laboral altamente calificada para la nueva economía”. Este documento forma parte de un estudio realizado por Ontario Colleges en 2013.

Esta desesperanza en encontrar buenas oportunidades de trabajo y la incapacidad de sentirse atraído por algún estudio, se empieza a reflejar en temas de salud mental de esta generación y los datos son realmente muy alarmantes.

Según la encuesta realizada por American College Health Association en 2016, las universidades y colleges de Ontario están enfrentando una crisis de salud mental y no se cuentan con suficientes consejeros o psicólogos en los campus que ayuden a aliviar la situación.

En 2016 realizaron una encuesta entre 25.000 estudiantes y por primera vez desde el año 2013 las tasas de intentos de suicidio han aumentado, así como la ansiedad y la depresión. Estos son los hallazgos:  el 65% de los estudiantes dijo sentirse ansioso; 46% se sentiente deprimido: 13% han considerado suicidarse: 2.2% ya lo intentó en el 2016 y 9% lo intentó en años anteriores al 2016.

Los efectos económicos empiezan a percibirse

Pero no solo la preocupación debe recaer por el futuro de esta generación sino también por las consecuencias que ello tendrá en las economías. Al tener una población menos educada incidirá directamente en mayor desempleo y bajos ingresos lo cual se reflejará en una menor capacidad de consumo y de endeudamiento. Y aunque no nos guste reconocerlo buena parte de la salud de una economía depende de ello.

Estados Unidos comenzó a sentir el efecto de la deserción de los millennials, la cual ya está costando US$25 billones al año, en gran parte debido a los ingresos fiscales perdidos.

En el caso de Japón, la preocupación de las autoridades gubernamentales es muy alta porque los millennials no sólo están aplazando su decisión de independencia y de comprar vivienda, sino que también han empezado a mostrar desinterés en la sexualidad, lo que pone en peligro las ya bajas tasas de nacimiento, lo cual resulta muy grave ante el creciente envejecimiento de la población, lo cual pone en riesgo el sostenimiento futuro de los sistemas de pensiones y de salud.

Realmente es un poco sombrío el panorama sobre todo si tenemos en cuenta que cada vez es más difícil podernos comunicar con esta generación y las siguientes a la de los millennials. Tenemos mucho que aprender de ellos, para poder comprender lo que está sucediendo.