El puertorriqueño Roberto Alomar es una de las grandes leyendas del beisbol canadiense. Fue decisivo en la consecución con los Blue Jays de las series mundiales de 1992 y 1993.

La historia de la comunidad de habla hispana en Canadá es breve en comparación con otras minorías étnicas del país, pero más importante e influyente de lo que muchos piensan. Aunque se trata de una relación que, sobre todo, se ha intensificado en las últimas décadas, lo cierto es que resulta fácil seguir la pista e identificar episodios y personajes de la historia de Canadá que hablan español. Como recuerda Norman Cheadle, profesor de literatura en Laurentian University, el origen más claro de la inmigración de habla hispana en Canadá data del año 1939 “y la llegada de los exiliados republicanos de la España franquista; que luego creció en los 50 y 60 con otra ola de inmigrantes económicos desde la Península; pero que realmente cobró un ímpetu imparable debido a la ola de dictaduras que ahuyentó a tantos intelectuales del Cono Sur durante los años 70 y luego de Centroamérica en los 80 y 90”. En este artículo queremos ofrecer solo una pequeña muestra de esa valiosa aportación, encarnada en cinco personajes que a través de su relación con Canadá han servido de inspiración o referencia para otros muchos. No ha existido un criterio ni generacional ni temático en la elección, de hecho es difícil trazar una secuencia histórica a través de estos personajes. Cada uno de ellos representa un tiempo y una experiencia individual con el único nexo de Canadá en tanto que tierra de acogida.

Juan Francisco de la Bodega y Quadra, el peruano que conquistó Vancouver

Los historiadores consideran que el peruano fue el autor de uno de los mapas más completos de la costa oeste de América del Norte.

Juan Francisco de la Bodega y Quadra fue un navegante y explorador peruano que a lo largo de su vida encabezó numerosas expediciones entre México, Estados Unidos y los territorios del actual Canadá. En una de ellas, en 1779, al mando de la fragata Favorita tomó posesión para la Corona española de las costas de California, Oregón, Washington, Alaska y la Isla de Vancouver, territorio que acabaría llevando su nombre durante breve tiempo. Su relación con la costa oeste canadiense, sin embargo, no era nueva. Unos años antes, el 16 de marzo de 1775, el navegante peruano había partido en su primera expedición del puerto de San Blas, México, en una paupérrima embarcación con la orden de llegar a Alaska y garantizar, de este modo, la presencia española en aquellos territorios. Ese viaje dio también nombre a la Bahía de Bodega, junto a San Francisco.

En 1789 la marina española interceptó a tres barcos británicos cerca de Vancouver, que reclamaban para la Corona Británica aquellos territorios. Sus tripulantes afirmaban que habían sido conquistados tiempo atrás por el prestigioso almirante James Cook. El conflicto estuvo a punto de empujar a la guerra a ambos países en lo que se conoció como la Crisis de Nootka. Finalmente decidieron resolverlo por la vía diplomática a través de la Convención de Nootka. Inglaterra designó al marino George Vancouver y España a Bodega y Quadra para que establecieran un reparto de la isla. Los dos navegantes entablaron una estrecha relación y mientras avanzaban en la definición de los límites de la isla decidieron llamar a ésta Quadra y Vancouver. Aquella denominación duró poco tiempo. El peruano enfermó y regresó a México, donde murió en 1794. El resto de la historia es conocido: los españoles perdieron interés por ese pedazo de terreno y los ingleses se quedaron con la isla entera, que pasó a ser conocida como Vancouver.

Pero más allá de su papel como explorador, Bodega y Quadra jugó un papel determinante en el desarrollo de la cartografía moderna. Los historiadores consideran que el peruano fue el autor de uno de los mapas más completos de la costa oeste de América del Norte, gracias al cual se pudieron conocer íntegramente todos los territorios del norte del continente. El cartógrafo canadiense Michael Layland, señala además que que la contribución del navegador a la historia de la Columbia Británica fue muy importante porque fue uno de los primeros exploradores en establecer un acuerdo de comercio de pieles de nutria entre un gobierno europeo e indígena a la isla. En Lima, el Museo Bodega y Quadra recuerda parte de las aventuras de este navegante peruano que fue fiel servidor de la Corona española.

Leonardo Torres y Quevedo, el padre del ‘Spanish Aerocar’ de Niágara

El inventor español Torres Quevedo creó una de las grandes atracciones turísticas de Canadá.

Leonardo Torres Quevedo fue unos de los inventores más geniales de finales del siglo XIX y principios del s. XX. Dotado de una gran capacidad inventiva, sus trabajos abarcaron campos tan dispares como la aeronáutica, la automática o el álgebra. Estudió en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos en Madrid y al graduarse en 1897 trabajó un tiempo en la empresa de ferrocarriles de su padre antes dedicarse por completo a la actividad científica e inventora, primero en Santander y posteriormente en Madrid. En 1887 había patentado la idea de un transbordador aéreo con cables pero tuvo que esperar 30 años hasta verlo hecho realidad en San Sebastián. Aquel invento cruzó el Atlántico y encontró en las cataratas del Niágara uno de los escenarios más grandiosos para su puesta en práctica. “La idea inicial de Torres Quevedo era construir el teleférico justo enfrente de las cataratas, desde la orilla de Canadá hasta la de EE UU, pero los problemas diplomáticos y de frontera lo hicieron inviable y decidió construirlo unos cuatro kilómetros más abajo, donde el río Niágara hace un remolino y se puede trazar un recorrido entre dos puntos (llamados Colt y Thomson) de la orilla canadiense”, explica Francisco A. González Redondo, profesor de la Universidad Complutense de Madrid.

El 8 de agosto de 1916 se inauguraba el ‘Spanish Aerocar’ en la cola oeste de las cataratas y hoy sigue estando operativo.

El 8 de agosto de 1916 se inauguraba el ‘Spanish Aerocar’ en la cola oeste de las cataratas y hoy sigue estando operativo. Se trata de una de las atracciones más visitadas; en cien años ha transportado sin ningún incidente a más de diez millones de turistas de forma segura sobre el río Niágara. Fue construido por la compañia Niagara Spanish Aerocar Co. Limited, constituida únicamente para este fin, con el fin de unir las orillas de EE UU y Canadá. Aquella inauguración fue un acontecimiento de le prensa canadiense se hizo eco con grandes titulares. Un periodista de Toronto informó de este modo: “Poco después de las tres de la tarde, la señora J. Enoch Thomson, esposa del cónsul español en Toronto, inauguró el aerotransbordador rompiendo una botella de champán sobre la puerta de uno de sus puntos de llegada. El teleférico hizo su primer viaje público. Fue agradable verlo con las banderas de Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y España”. Los expertos destacan que el gran mérito del transbordador del Niágara es que “sigue funcionando tras cien años sin ningún accidente y respondiendo a su diseño original”. Su fiabilidad explica también la calidad de Torres Quevedo como ingeniero e inventor. Otros dos de sus inventos más importantes fueron el telekino, el primer mando a distancia de la historia; y el ajedrecista, el primer juego por ordenador de la humanidad.

Alberto Guerrero, el maestro chileno que pulió a Glenn Gould

El profesor chileno Alberto Guerrero frente junto a su joven alumno Glenn Gould.

El prodigioso pianista canadiense Glenn Gould, uno de los más importantes del siglo XX según opinión unánime de los expertos, tuvo en su formación la influencia determinante del profesor chileno Alberto Guerrero. El que seguramente fue su tutor más influyente  había llegado a Toronto en 1918 casi de forma casual: durante su viaje de luna de miel a Nueva York, Guerrero conoció a algunos miembros de la influyente familia Hambourg, que sabedores de la larga experiencia como tutor y compositor, lo invitaron a que enseñara en el recién establecido Conservatorio Hamburgo en Toronto. Guerrero aceptó esa oferta y emigró a Canadá con su esposa y su hija al año siguiente.

El chileno ya era una autoridad musical en su país cuando decidió viajar a Ontario. Desde finales del siglo XIX su trayectoria había sido impecable y en 1914 integró un grupo de artistas e intelectuales que se conocía como “Los Diez“, de gran peso en la escena intelectual de la época en Chile. El pianista además fundó y dirigió la primera orquesta sinfónica de Santiago y participó en 1917 en el germen de lo que a partir de 1924 sería la Sociedad Bach. Durante sus primeros años integró el Trio Hambourg (sustituyendo al pianista Mark Hambourg), al tiempo que empezaba a mostrar sus amplias dotes pedagógicas, investigando y experimentando con nuevas técnicas de aprendizaje que aplicaría años mas tarde en el Conservatorio de Música de Toronto, donde trabajó desde 1922 hasta su muerte en 1959. Allí fue donde se encontró con su alumno más talentoso: Glenn Gould.  Se destacó como uno de los pianistas más prolíficos en los recitales que con gran frecuencia se ofrecían en las emisoras de radio, un medio que en aquella época era seguido con verdadera fascinación por los canadienses. Guerrero era una estrella radiofónica de gran popularidad, que llenaba las horas de ocio de los oyentes y los educaba en el conocimiento de los clásicos: Bach, Haydin Mozart…

El encuentro entre Guerrero y el jovencísimo Gould fue prodigioso. Maestro y alumno estuvieron unidos durante diez años hasta que el canadiense, en una decisión propia de su carácter contumaz, decidió prescindir de sus servicios porque pensaba que ya no podía aprender nada más de él. La misma consideración tuvo con su madre; junto al chileno los dos únicos maestros que el genio de Toronto tuvo a lo largo de su vida. Cuando el pianista chileno falleció, el compositor y antiguo alumno R. Murray Schafer, afirmó que Guerrero “fue uno de los pocos músicos de los que un estudiante obtuvo una visión de ideas más allá de la música”.

Roberto Alomar, el puertorriqueño eterno de los Blue Jays

Alomar forma parte del Salón de la Fama de los Blue Jays de Toronto con la máxima distinción, ¨Nivel de Excelencia¨.

El puertoriqueño Roberto Alomar forma parte indiscutible de la historia de los Blue Jays de Toronto con letras de oro.  Después de jugar dos temporadas en los Padres de San Diego, Alomar fue traspasado en 1991 a Toronto, justo para vivir los dos hitos más importantes de la historia del club, el triunfo consecutivo en la Serie Mundial de 1992 y 1993. Alomar jugó solamente cinco temporadas en Toronto pero esos fueron los años de gloria del equipo, que todavía se recuerdan en la ciudad con el puertorriqueño como figura central.

Alomar se reveló en Canadá como un gran bateador y excelente segunda base. En su primer año consiguió el Guante de Oro de la Liga Americana (galardón que conseguiría en diez ocasiones), y el MVP de la Serie Americana frente a Oakland. Alomar firmó con Baltimore después de la temporada de 1995 y posteriormente jugó para Cleveland, Mets de Nueva York, Medias Blancas de Chicago y Arizona. Se retiró en 2005 después de 17 años de carrera en los que registró un promedio de bateo de .300 con 2.724 hits y 210 cuadrangulares. Alomar forma parte del Salón de la Fama de los Blue Jays de Toronto con la máxima distinción, Nivel de Excelencia“, un reconocimiento que se completó en 2011 cuando el equipo decidió retirar el número 12 que portó durante sus 5 temporadas. Era la primera vez en toda la historia de la franquicia que se adoptaba esta decisión.

Paco Belsué, el español que creó el logo de los Blue Jays

El español Paco Belsué gustaba de posar con trajes de época.

El logotipo de los Blue Jays de Toronto fue diseñado por el español Paco Belsué, un aragonés de Jaca que murió en octubre de 2011 en la capital de Ontario. Belsué emigró a Toronto en 1968 en busca de nuevos horizontes profesionales y comenzó a trabajar en la agencia Savage Sloan Ltd, que en 1977 recibiría el encargo de diseñar el logotipo del recién creado equipo de beisbol profesional de los Blue Jays de Toronto. El ambicioso proyecto fue a parar a la mesa de trabajo de Paco. Tenía que jugar con la imagen del blue jays, un popular pájaro azul, blanco y gris que abunda en toda la zona noreste de Norteamérica. Tras descartar unos cuantos bocetos dio con el definitivo; una combinación previsible pero eficaz del pájaro de marras, una pelota de beisbol y la hoja de arce, cómodo recurso para el toque patriótico.

Así de sus manos y de su imaginación surgió el diseño del que con el tiempo se convertiría en uno de los logotipos más famosos y rentables de Canadá. El trabajo fue firmado por la agencia y la creatividad de Paco Belsué permaneció en el anonimato. Él nunca disfrutó de los incalculables beneficios económicos que cada año genera su creación. En el libro This side of Spain, editado en los años 80, se relataba la actividad de la colonia española en el país y el autor se refería a Belsué asegurando que “su contribución a Ontario y Canadá ocupará un lugar en la historia del país”.

Hay que vivir en Toronto para entender la dimensión que tienen los Blue Jays y, sobre todo, para comprobar la inmensa popularidad de su logotipo, probablemente a la altura del de los Maple Leafs de hockey sobre hielo. Desde que Paco diseñó aquel primer logo los Blue Jays lo han modificado en numerosas ocasiones para adaptarlo a las tendencias de diseño de cada época y hacer caja con el merchandising. Pero los aficionados reivindicaban el original y seguían comprando las camisetas y las gorras con su estampa, así que el club decidió recuperarlo definitivamente como emblema de marca del equipo, el único que ahora lo identifica. El diseñador aragonés realizó otros trabajos para firmas tan relevantes como American Express o Benson & Hedges pero nunca pasó de ser un talentoso, discreto y eficiente diseñador gráfico que hizo ganar millones de dólares a su agencia y a sus clientes.

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Journalist, entrepreneur, writer and Spanish publisher with more than twenty-five years of experience in the field of communications: radio, print and digital. He is a founding member of Lattin Magazine and co-founder of XQuadra Media; a Toronto-based communications startup dedicated to developing creative and strategic content. He has been Editor-in-Chief of PanamericanWorld: a bilinual online information platform created in Toronto with the aim of establishing links between Canada and the Americas. In 1996, he co-founded the communication company Pirineum Multimedia in Spain, dedicated to the development of communication strategies, management of communication projects for private and public companies, web development, cultural events and publishing and advertising production. He specializes in editorial management and is the author, co-author and coordinator of more than twenty books and travel guides.

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Periodista, empresario, escritor y editor español con más de veinticinco años de experiencia en el campo de la comunicación: radio, prensa impresa y digital. Es miembro fundador de Lattin Magazine y co-fundador de XQuadra Media, una startup de comunicaciones, con sede en Toronto, dedicada a desarrollar contenido creativo y estratégico. Ha sido Redactor Jefe de PanamericanWorld, una plataforma trilingüe de información on-line creada en Toronto con el objetivo de establecer vínculos entre Canadá y las Américas. En 1996 co-fundó en España la empresa de comunicación Pirineum Multimedia, dedicada al desarrollo de estrategias de comunicación, gestión de proyectos de comunicación para empresas privadas y públicas, desarrollo web, eventos culturales y producción editorial y publicitaria. Está especializado en dirección editorial y es autor, co-autor y coordinador de más de veinte libros y guías de viaje.