La mesa de negociación entre los tres socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), están siendo especialmente complejas.

Canadá mantiene en la mesa de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) un equipo de negociadores expertos en comercio internacional, con el objetivo de lograr acuerdos que lo modernicen y fortalezcan. En las dos primeras rondas de negociación ha mantenido una postura firme en algunos puntos que considera inalterables para los intereses de los canadienses, como la propuesta  de suspensión del Capítulo 19, por la cual un panel binacional adopta decisiones vinculantes en conflictos relacionados con subsidios ilegales y dumping.

“Canadá mantendrá y preservará los elementos del TLC que consideramos clave para nuestro interés, incluido un proceso para asegurar que los aranceles antidumping y compensatorios se aplican solo de manera justa y con todas las garantías”, ha reiterado la canciller canadiense, Chrystia Freeland, la cabeza visible de la delegación canadiense en las duras negociaciones. El potencial abandono del diálogo por parte de Canadá tiene un precedente: el Gobierno del país norteamericano, en aquel momento comandado por Brian Mulroney, ya retiró a su jefe negociador de las conversaciones de 1987 sobre el tratado comercial bilateral que rigió las relaciones comerciales entre Canadá y EE UU entre 1988 y 1994, año en el que fue sustituido por el TLC. “Nuestro gobierno tendrá la misma resolución [que entonces]”, ha subrayado Freeland.

Pese a la amenaza frontal —y pese a haber pronosticado que se darán “momentos dramáticos” en el curso de la negociación—, la titular de Exteriores de Canadá ha afirmado sentirse “profundamente optimista sobre el resultado final”, que probablemente se irá definiendo a final de mes en Ottawa. La ministra canadiense sostiene que su país protegerá el actual sistema de tarifas y cuotas que mantiene en un nivel elevado los precios de los productos lácteos en el mercado local y las importaciones, bajas. Ha sido hasta el momento este punto uno de los más conflictivos porque expresa bien el conflicto latente entre los intereses canadienses y estadounidenses, ya que la Casa Blanca pretende su desmantelamiento.

Canadá insiste en la necesidad de introducir una mayor progresividad en el TLC, un punto en el que se inspiran en el CETA, el pacto comercial recientemente acordado con la Unión Europea y que está a expensas del visto bueno de los Parlamentos de los Estados miembros para su entrada en vigor. “Nos basamos en las ideas del CETA, el acuerdo comercial más progresivo de la historia”, ha incidido.

Las autoridades canadienses apuestan, en concreto, por incorporar “fuertes salvaguardas laborales en el corazón del acuerdo” —un punto en el que hay divergencias con las autoridades mexicanas, que ni siquiera quieren abrir el capítulo referente al mercado de trabajo en las conversaciones— y por integrar “mejores provisiones ambientales”. Ottawa también ha puesto encima de la mesa nuevos capítulos sobre derechos de género e indígenas.

Con el TLC, Canadá se juega algo más de un tercio de su PIB: las exportaciones a EE UU suponen casi la mitad de su actividad económica y triplican en valor a sus intercambios comerciales con el resto del mundo. Algo más de la cuarta parte de los puestos de trabajo en el país norteamericano dependen directamente del comercio exterior. La renta per cápita real —descontada la inflación acumulada en el periodo— en Canadá ha crecido un 40% desde la entrada en vigor del TLC, frente al 39% de EE UU y el 24% de México.

Canadá, primer destino de las exportaciones de 35 estados de EE UU

A pesar de que la estrategia de Ottawa ha sido “no mostrar cartas antes de tiempo”, en su momento, ante las críticas de la administración Trump de que las pérdidas en las industrias madereras y de lácteos estadounidenses se deben al supuesto subsidio canadiense, Freeland ha dejado claro desde el principio que si Washington impone aranceles fronterizos, Ottawa actuará en consecuencia. Asimismo, en otro momento, Freeland recordó a sus vecinos del sur: “traten bien a sus clientes”.

Canadá es el destino número uno de las exportaciones de 35 estados de la Unión Americana, mientras que 9 millones de empleos estadounidenses dependen del comercio y las inversiones con Canadá. Con la diplomacia que caracteriza a los canadienses, los negociadores han tratado, hasta el momento, de mostrarse abiertos a modificar un acuerdo de 23 años de vida para modernizarlo y fortalecerlo, pero su válvula de presión será manejada con pinzas.

Esto se debe a que el 75% de sus exportaciones van a Estados Unidos, mientras que el comercio con ese país da cuenta del 40 por ciento del PIB (Producto Interno Bruto) canadiense. Entre 1993 y 2015 el comercio entre Canadá y Estados Unidos se ha más que duplicado, mientras que el comercio entre Canadá y México se ha multiplicado ocho veces.

Para el investigador de la Universidad de Toronto, John M. Oesch, Ottawa tiene que tratar de resaltar los beneficios del comercio bilateral para los estados de la Unión Americana. “Canadá busca resaltar cómo el comercio con Estados Unidos beneficia a los estadounidenses, con miras a plantear que hacer grandes cambien al TLCAN podría afectar a los exportadores estadounidenses”, sostiene.

Asimismo, considera que a pesar de que Canadá y México “pueden tener mucho en común”, quizá no actúen en las próximas reuniones como equipo en contra de Washington.