Los analistas aseguran que este cambio en la estrategia norteamericana respecto a Canadá se debe a que Trump observa en su vecino del norte un blanco fácil que tiene escasas armas para combatir de igual a igual.

Los acontecimientos sucedidos en las últimas horas dibujan un panorama ciertamente preocupante para las relaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos y confirman la errática política de Donald Trump, caracterizada por su inconsistencia, arbitrariedad y ausencia de patrones previsibles. El explosivo inquilino de la casa Blanca ha transformado lo que vienen siendo pequeñas fricciones con Ottawa sobre los productos lácteos de los Estados Unidos y la madera de construcción canadiense en una disputa comercial con un final impredecible. Los analistas en Washington aseguran que buena parte de esta virulencia diplomática se debe a que Trump observa en su vecino del norte un blanco fácil que tiene escasas armas para combatir de igual a igual.

Al golpear con una agresiva política arancelaria sobre la madera canadiense y promocionar al mismo tiempo nuevas políticas de protección para los productores lácteos -especialmente en Wisconsin, un estado clave con voto oscilante- Trump pretende transmitir una imagen internacional de dureza e inflexibilidad mientras se apresta a renegociar los puntos claves del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En las últimas horas ha trascendido que Trump, en realidad, está preparando la salida de Estados Unidos del TLCAN, lo que elevaría definitivamente a un grado de alarma el estado de guerra diplomática y comercial.

“Canadá es un villano fácil”, ha señalado a Político Laura Dawson, directora del Instituto Canadá en el Woodrow Wilson Center. “No pueden tomar represalias con la fuerza de China o de México. Y como Canadá no va a abrir la frontera y permitir que un grupo entero de centroamericanos entre en los Estados Unidos, como podría hacer México, entonces Canadá es un objetivo bastante seguro”, señala Dawson.

En febrero Trump aseguró que su administración ajustaría el TLCAN en cualquier renegociación, sugiriendo con estas palabras que los cambios finalmente serían más pequeños que los que sus bravuconadas en campaña insinuaban. A medida que se enfrenta a esa renegociación, es poco probable que Canadá cierre las exportaciones de energía a los Estados Unidos o tome represalias importantes que podrían suponer un importante retroceso para un país de 35 millones de habitantes con una economía muy dependiente de su vecino del sur. “Canadá es más o menos una cantidad bastante conocida”, afirma  Dawson.

El Departamento de Comercio anunció el lunes su decisión preliminar de penalizar más de 5.000 millones de dólares de importaciones de madera blanda de Canadá con aranceles que podrían alcanzar un 24%. El anuncio se produce después de que Trump se mantenga firme en su batalla contra las políticas canadienses que han bloqueado ciertas exportaciones de productos lácteos estadounidenses al norte de la frontera.

El Secretario de Comercio Wilbur Ross reconoció que hay pocas acciones de represalia “legítimas” que Canadá pudiera tomar. “No soy consciente de de que hayamos violado nada, por lo que no sé qué es lo que podría considerarse una acción legítima”, dijo el martes en la reunión de la Casa Blanca.

Pero el impacto en el mundo real de las nuevas tarifas de la madera puede ser significativo, especialmente para una industria de la vivienda de los Estados Unidos que ahora está alcanzando un punto de recuperación después de casi una década de crisis. La Asociación Nacional de Constructores de Viviendas estima que la incertidumbre del mercado causada por la perspectiva de las tarifas ya ha aumentado los precios de la madera, lo que supone un incremento medio de 3.600 dólares en el precio final de una nueva casa.

Ross, sin embargo, ha preferido minimizar el efecto de los aranceles sobre los precios de la madera en los EE.UU. “No creemos que el precio de la madera va a subir tanto como un 20%, puede producirse un pequeño incremento pero la madera representa un porcentaje muy pequeño en el precio total de una casa”, sostiene el político norteamericano. Ottawa, por su parte, opina lo contrario y ya ha advertido de que las nuevas tarifas arancelarias harán que las viviendas de los Estados Unidos sean más caras. Canadá se remite a la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas, que estima que incluso un aumento de 1,000 dólares en el costo de una casa nueva podría suponer que más de 150.000 familias estadounidenses se quedaran sin capacidad para adquirir una vivienda en propiedad por su elevado precio.

De igual modo, funcionarios canadienses consultados por Político afirman que las tarifas afectarán negativamente a los trabajadores de ambos lados de la frontera. “Canadá compra más de los EE UU que cualquier otro país, incluyendo la UE, México, China y Japón“, ha recordado la ministra canadiense de Asuntos Exteriores Chrystia Freeland en una reciente declaración. “Somos el primer cliente de Estados Unidos”.

Los recientes ataques de Trump pueden ser sólo una táctica de negociación basada en un viejo clásico: golpear duro primero para después llevar la negociación hacia el escenario deseado. A pesar de que el caso de la madera va a avanzar, la administración podría reforzar los esfuerzos para negociar un acuerdo ya sea a través de conversaciones separadas o en las discusiones del TLCAN- si Canadá hace lo propio respecto a sus restricciones sobre el sector lechero estadounidense. “Canadá ha hecho que los negocios de nuestros productores de leche en Wisconsin y otros estados fronterizos sean muy difíciles. No vamos a permitir esto”, sostuvo desafiante este martes Trump en un discurso en el que aparentemente quiso vincular este conflicto con el de los aranceles sobre la madera canadiense.

En cualquier caso, las fricciones comerciales entre los Estados Unidos y Canadá no son nuevas. La decisión sobre la madera es la última en una lucha de treinta años por parte de los Estados Unidos para manejar el impacto comercial de la riqueza maderera de Canadá. La decisión del lunes fue el resultado de un caso presentado por productores de madera de Estados Unidos el año pasado, quienes afirman que las importaciones canadienses están subestimadas y subvencionadas como resultado de las políticas de los gobiernos provinciales que dan a las empresas madereras acceso a madera en vastas tierras públicas.

La cuestión de los productos lácteos también ha obstaculizado las relaciones comerciales entre los dos países durante décadas. Las exportaciones de productos lácteos de los Estados Unidos ya están en gran medida excluidas del mercado canadiense debido a un sistema de gestión de la oferta establecido para estabilizar los ingresos de los agricultores canadienses. Los productores estadounidenses, sin embargo, pudieron encontrar una laguna en el sistema para enviar aproximadamente 133.000 millones de dolares en leche ultrafiltrada a Canadá el año pasado. Es probable que ese maná exportador termine con una nueva política de precios de la industria canadiense que favorezca el producto producido en el país.