Varias personas observan la famosa fotografía de Nick Ut (AP), en la que varios niños, incluida Kim Phuc, en el centro de la imagen, huyen tras un bombardeo con napalm durante la guerra de Vietnam, en 1972. Foto: Emilio Labrado

Kim Phuc, en una imagen reciente

Quién: Phan Thi Kim Phuc.
De dónde: Vietnam.
Cuándo: Llegó a Canadá en 1992.
Por qué: Kim Phuc tenía nueve años cuando un ataque con napalm contra su aldea, durante la guerra de Vietnam, casi acaba con su vida. La famosa foto de la niña corriendo desnuda tras el bombardeo, con la piel abrasada, entre el dolor y el pánico, se convirtió en el símbolo universal de la atrocidad de la guerra. Veinte años después, Kim, a quien el régimen comunista de su país había convertido por entonces en objeto propagandístico, aprovechó una escala en Terranova para pedir asilo político en Canadá. Actualmente reside en Ontario, dirige una fundación dedicada a ayudar a niños víctimas de las guerras, y trata de difundir un mensaje basado en la reconciliación y el perdón. Hace apenas un mes anunció que había logrado recuperar la sensibilidad en las partes dañadas de su piel gracias a un tratamiento con rayos láser.


 

“El perdón me liberó del odio. Todavía tengo muchas cicatrices en el cuerpo, y aún siento fuertes dolores la mayoría de los días, pero mi corazón está limpio. El napalm es muy poderoso, pero la fé, el perdón y el amor tienen mucho más poder. Si todos aprendiésemos a vivir con verdadero amor, con esperanza y con perdón, no habría más guerras. Y si esa pequeña niña de la foto ha sido capaz de hacerlo, pregúntate a ti mismo: ¿Puedo yo?”.

Cuando, en 2008, Kim Phuc leyó ese texto en la radio pública estadounidense, habían pasado 36 años desde que una fotografía la convirtiese en uno de los símbolos más impresionantes y universales del horror y el absurdo de la guerra, del sufrimiento de los inocentes. La imagen, captada el 8 de junio de 1972, en plena guerra de Vietnam, por el fotógrafo de la agencia AP Nick Ut, resumía, y aún resume, el sinsentido de un conflicto en el que pocas reglas parecían respetarse ya: Kim, de apenas nueve años de edad, corre por una carretera junto con otros niños, huyendo tras un bombardeo con napalm realizado por un avión militar survietnamita, en un ataque organizado por el ejército de los EE UU. La niña, desnuda tras haberse desprendido de su ropa en llamas, sufre graves quemaduras en todo el cuerpo. En su rostro y en el de los otros niños puede leerse todo el espanto del momento. El título del texto que Kim Phuc, la niña del napalm, leyó en la radio más de tres décadas después arranca en aquella carretera y es, también, una síntesis de su propia vida: The Long Road To Forgiveness, el largo camino hacia el perdón.

La fotografía, galardonada con el premio Pulitzer, fue portada en todos los periódicos del mundo, acabó definitivamente con la falaz imagen de “conflicto necesario” que aún pudiera conservar aquella guerra brutal y, aunque en aquel momento la retirada de las tropas estadounidenses de Vietnam estaba ya muy avanzada, contribuyó de forma determinante a aumentar la presión de la opinión pública en contra de la guerra.

Plenamente dedicada a la misión de propagar la cultura de la paz, y Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO desde 1997, Kim Phuc vive actualmente en Ajax, Ontario, con su marido y sus dos hijos (de 21 y 18 años). Canadá le concedió asilo político en 1992, cuando, aprovechando una escala en Terranova, solicitó, junto con su esposo, poder quedarse en este país, y alejarse al fin de la pesadilla propagandística a la que la había sometido el Gobierno vietnamita tras convertirla en “símbolo nacional”.

“El dolor más terrible que se pueda imaginar”

Phan Thi Kim Phuc (su nombre completo) nació hace 53 años en la aldea vietnamita de Trang Bang, situada a 30 minutos al norte de la entonces capital del sector anticomunista del país, Saigón. Durante la guerra de Vietnam (1955-1975), la estratégica Carretera 1 que atraviesa el poblado se convirtió en la principal ruta de aprovisionamiento entre Saigón y Phnom Penh, y el 8 de junio de 1972 aviones survietnamitas bajo coordinación estadounidense lanzaron “por error” un bombardeo con napalm sobre la población. Una de las bombas impactó de lleno sobre la pagoda en la que se ocultaban Kim y su familia. La niña, presa del horror, salió huyendo tras sufrir gravísimas quemaduras. Dos de sus primos murieron en el ataque. Años después, Kim recordaría la traumática experiencia: “El napalm es el dolor más terrible que se pueda imaginar. El agua hierve a 100 grados Celsius; el napalm genera temperaturas de entre 800 y 1.200 grados centígrados…”.

Fue en ese momento cuando Nick Ut, un fotógrafo vietnamita de 20 años de edad que trabajaba para la agencia Associated Press, captó la icónica imagen que daría la vuelta al mundo. “Nóng quá, nóng quá” (“¡quema, quema!”), gritaba la niña mientras corría despavorida por la carretera, según reveló años más tarde la propia Kim.

Nada más realizar la foto, Ut roció a Kim con el agua de su cantimplora, la subió en su camioneta y la trasladó rápidamente hasta el hospital más cercano, donde la niña permanecería 14 meses, con pocas esperanzas de sobrevivir (sufría quemaduras de tercer e incluso cuarto grado en la mitad de su cuerpo, especialmente en la espalda y en uno de los brazos). Llegó a ser sometida a un total de 17 operaciones de injertos de piel, y necesitó años de terapia.

Dos años después, tras estancias en varios hospitales, y gracias a la ayuda constante de los médicos y de algunos benefactores, incluyendo Nick Ut, Kim pudo volver al fin a su aldea y empezar a reconstruir su vida, una vida que, sin embargo, estaría aún lejos de ser normal. Aparte de las secuelas, físicas y psicológicas, de las heridas, Kim tuvo que enfrentarse a la asfixiante realidad de haberse convertido en símbolo propagandístico del régimen comunista vietnamita. Fue sometida a una supervisión constante y a innumerables entrevistas por parte de funcionarios del gobierno, tuvo que participar en películas de propaganda y fue obligada incluso a abandonar la universidad, donde había empezado a estudiar medicina.

Así relataba Kim Phuc aquel periodo, en una entrevista publicada por la UNESCO en 2002:

Yo soñaba con llegar a ser médico para salvarles la vida a los demás, tal como habían hecho los que me atendieron durante los meses interminables que pasé en el hospital. Pero en 1982 tuve que sufrir otra prueba muy dura en mi vida. Había ingresado ya en la facultad de medicina de Saigón, pero, por desgracia, los agentes del gobierno se enteraron de que yo era la niñita de la foto y vinieron a buscarme para hacerme trabajar con ellos y utilizarme como símbolo. Yo no quería y les supliqué: “¡Déjenme estudiar! ¡Es lo único que deseo!”. Entonces me prohibieron inmediatamente que siguiera estudiando. Fue horrible. No acertaba a entender por qué el destino se encarnizaba conmigo y no podía seguir estudiando como mis amigos. Tenía la impresión de haber sido siempre una víctima. A mis 19 años había perdido toda esperanza y sólo deseaba morir.

Finalmente, en 1986, Kim aprovechó una oportunidad para estudiar en Cuba y se trasladó al país caribeño, donde diversos problemas de salud, incluyendo una diabetes que afectó a su visión, la obligaron de nuevo a interrumpir sus estudios.

En la isla conoció asimismo al que terminaría convirtiéndose en su marido, el también estudiante vietnamita Bui Huy Toan, con quien se casó en 1992. La pareja pasó su luna de miel en Moscú y, a la vuelta, su avión realizó una parada en Gander (Terranova) para repostar combustible. En ese momento el matrimonio decidió desertar y perdir asilo político en Canadá, donde pudieron establecerse gracias a la ayuda de un grupo de cuáqueros (Kim se había convertido al cristianismo en 1982 tras pasar horas leyendo la Biblia en la biblioteca, y gracias a la amistad de una chica cristiana a la que conoció en una iglesia de Saigón, según su propio testimonio), y al empleo que consiguió Bui Huy Toan como ayudante de enfermería en el tratamiento de discapacitados. Kim obtuvo la ciudadanía canadiense, e ingresó en la congregación baptista Faith Way.

“No hay nada más difícil que amar a tus enemigos”

Durante años, Kim evitó hablar públicamente de su experiencia en la guerra de Vietnam, pero en 1996 fue invitada a participar en una ceremonia en Washington D.C., EE UU, con motivo del Día de los Veteranos, y decidió asistir. El acto se convirtió en una ceremonia catártica. Dirigiéndose a un grupo de miles de veteranos, Kim les habló de aquel día en que su aldea fue arrasada por el napalm, y de cómo había sido capaz de encontrar al fin “la paz y la felicidad” tras “años de dolor y sufrimiento”, “a través del perdón”. Durante el acto, el reverendo John Plummer, un veterano de Vietnam que creía haber participado en la coordinación del ataque a la aldea (más tarde admitiría que no había sido así), fue perdonado públicamente por Kim, entre lágrimas.

En la entrevista publicada por la UNESCO en 2002, Kim confesaba que “todo esto no ocurrió de la noche a la mañana, porque no hay nada más difícil que llegar a amar a tus enemigos. En vez de reaccionar de una manera normal, es decir, con odio y deseo de venganza, opté por la comprensión, pero eso no es algo que se pueda alcanzar en un día”.

En Washington, Kim conoció a Ron Gibbs, otro veterano de la guerra de Vietnam, con quien compartió experiencias de la guerra. De este encuentro nació la idea de crear la Fundación Internacional Kim, que en la actualidad apoya varios proyectos en todo el mundo de organizaciones dedicadas a ayudar a niños víctimas de conflictos armados. La fundación proporciona fondos para asistencia médica, física y psicológica, incluyendo prótesis para niños que han perdido algún miembro. En sus propias palabras, la fundación permite a Kim “devolver algo de la ayuda que he recibido a lo largo de mi vida”, y es también “un medio desde el que promover la paz y el perdón”.

Además de Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, Kim es también Miembro de Honor de los Rotary Clubs de Kingston y St. Albert, miembro del consejo asesor de la Wheelchair Foundation, Miembro de Honor de la Comisión Nacional Canadiense para la UNESCO, y miembro de los consejos asesores de la Free Children’s Foundation (también en Canadá) y del World Children’s Center (en Atlanta, EE UU). En 2004 se le concedió la Orden de Ontario, y posee asimismo la medalla Queen’s Golden Jubilee.

“Mi piel vuelve a ser bella”

A principios de este año, Kim volvió a ser noticia al anunciar, en declaraciones realizadas al diario estadounidense Miami Herald, que finalmente había recuperado la mayor parte de la sensibidad de su piel, “tras 44 años de sufrimiento y resignación”, y gracias a un tratamiento con láser al que se ha sometido en una clínica de Florida durante cerca de un año. “En algunas zonas, mi piel es ahora suave, ¡vuelve a ser bella!”, afirmaba.

Según explicaba al periódico la doctora Jill Waibel, directora de la clínica dermatológica de Miami especializada en tratamientos con tecnología láser donde ha sido tratada Kim, esta terapia, de carácter puntero, hace desaparecer poco a poco la epidermis cicatrizada y regenera la piel en profundidad, lo que permite devolver sensibilidad a los nervios y recobrar sensaciones en el tacto. Los médicos llegaron a probar 50 combinaciones distintas de láser antes de dar con la adecuada.

El precio del tratamiento ronda los 1.500 dólares por sesión, pero, según informa el Miami Herald, la doctora Waibel decidió no cobrar ni un céntimo. “Nunca pensé que un día mis heridas podrían curarse y olvidar el dolor”, afirmaba Kim Phuc: “Ahora puedo sentir la pequeña mano de mi nieto en mi brazo”.

Polémica en Facebook

La famosa fotografía de la niña del napalm estuvo el año pasado en el centro de una de las mayores polémicas a las que se ha enfrentado Facebook hasta ahora, cuando la compañía de Mark Zuckerberg identificó la imagen como contenido inadecuado (por tratarse de un desnudo, e implicar a una menor) y, además de borrarla de la red social, suspendió temporalmente la cuenta del escritor noruego Tom Egeland por haberla publicado, provocando la indignación no solo del propio Egeland, sino también la del diario Aftenposten (el mayor de su país) y hasta la del Gobierno noruego, incluyendo a su primera ministra, Erna Solberg.

Especialmente difundida fue una carta abierta que Espen Egil Hansen, redactor jefe y consejero delegado de Aftenposten, dirigió a Zuckerberg: “Escucha, Mark, esto es serio. Primero hacéis reglas que no distinguen entre pornografía infantil y famosas fotos de guerra, luego las aplicáis sin dejar margen al buen juicio y después censuráis también la crítica y el debate y castigáis a quienes se atreven a criticar”, escribió.

Facebook, finalmente, se echó atrás: “Debido a su estatus de imagen icónica de importancia histórica, el valor de permitir compartirla supera al deseo de proteger a la comunidad, así que hemos decidido reinsertar la imagen en los sitios de donde la hayamos borrado”, señalaron fuentes de la red social a la agencia France Press. La jefa de operaciones de Facebook, Sheryl Sandberg, se disculpó ante la primera ministra noruega por haber borrado una publicación en la que Solberg había compartido la foto, en solidaridad con Egeland: “Se trata de decisiones difíciles y a veces nos equivocamos. Incluso con normas claras, escanear cada semana millones de publicaciones, caso por caso, es un desafío”, señaló.


Más información y fuentes:
Fundación Internacional Kim
The Long Road To Forgiveness (Kim Phuc, en NPR)
After free laser healing, ‘Napalm Girl’ can finally feel her little grandson’s touch (Miami Herald)
Girl in famous Vietnam photo talks about forgiveness (Boston Globe)
Kim Phuc, la fuerza del perdón (UNESCO)
Woman in Iconic Vietnam War Photo Honoured 40 Years Later (CBC, vídeo)
Vietnam war’s ‘napalm girl’ forty years on (Al Jazeera, vídeo)
Documentary Video: The Napalm Girl
Phan Thị Kim Phúc (Wikipedia)
Lifetime achievement award for photographer Nick Ut (AP)