La tramitación del polémico Keystone XL tuvo en su día un gran rechazo social y provocó numerosas manifestaciones de colectivos ecologistas. Foto: Wikimedia Commons

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha firmado este martes una orden ejecutiva para avanzar en la construcción de dos oleoductos polémicos que impactan en Canadá, los proyectos Keystone XL y Dakota Access.

El bloqueo del macroproyecto Keystone —un tubo que transportaría petróleo desde Canadá hasta el Golfo de México fue una victoria del movimiento ecologista tras años de batalla porque atraviesa territorio protegido. La compañía TransCanada lo presentó en 2008 y salió adelante en el Congreso en 2014, pero Obama lo acabó vetando. El Dakota Access, que movilizó a la tribu sioux de Dakota del Norte, se frenó también por decisión de Obama el pasado septiembre mientras se resolvía el asunto en los tribunales. En apenas unas horas el nuevo presidente norteamericano ha desmontado dos de las decisiones que marcaron su política medioambiental.

De acuerdo con Reuters, Trump ha firmado una orden que establece que si los gasoductos se acaban construyendo en los Estados Unidos, deberían usar acero estadounidense. Al firmar la orden de aprobación del gasoducto Keystone, Trump señaló que “vamos a renegociar algunos de los términos”.

Trump también firmó una orden ejecutiva relacionada con en el Dakota Access Pipeline, en la que se determina que la evolución del proyecto estará sujeta a términos y condiciones. “Vamos a devolver al trabajo a un montón de trabajadores del acero, vamos a construir nuestros propios tubos, como en los viejos tiempos”, dijo el empresario neoyorquino, que ha fijado el regreso de la producción industrial a Estados Unidos como uno de los ejes de su política.

El expresidente de Estados Unidos Barack Obama detuvo el proyecto de Keystone XL a finales de 2015, declarando que habría socavado los esfuerzos de Estados Unidos para conseguir un acuerdo climático global, que fue una pieza central de su legado ambiental.

El proyecto de Keystone, apoyado por el anterior primer ministro canadiense, el conservador Stephen Harper, se basaba en la construcción de una infraestructura de más de 2.700 Km para trasladar una variedad de petróleo considerada altamente contaminante y que se obtiene a partir de materiales bituminosos, una arena densa que dificulta su producción en Canadá. Para abaratar y facilitar su producción, Estados Unidos planteó trasladarlo hasta el Golfo de México, donde sí cuenta con refinerías preparadas. Los ecologistas siempre rechazaron el plan porque, además de reforzar la dependencia de energías fósiles, las tuberías debían atravesar espacios protegidos.