Panorámica de la Torre Trump, inaugurada en 2012 en Bay St y Adelaide St, en pleno ‘downtown’ de Toronto. Foto: XQuadra Media

La torre y hotel Trump International de Toronto va a ser vendida al constatar sus propietarios que no pueden cumplir con las altas expectativas que generó cuando fue inaugurada el 16 de abril de 2012. Los perniciosos daños colaterales que la carrera de Donald Trump hacia la presidencia de los Estados Unidos está provocando en sus negocios —y en los de sus socios—, tiene en Toronto un ejemplo bien ilustrativo. La torre entró en proceso de administración judicial este martes después de que el promotor y propietario, Talon International —junto con varias otras compañías— incumpliera un préstamo de 301 millones de dólares el año pasado, según ha informado CBC News.

JCF Capital ULC, que es propietaria de la deuda, solicitó la administración judicial para que la empresa pueda recuperar su inversión. JCF negociará su deuda por la propiedad si no está satisfecho con cualquier oferta de sus compradores potenciales.

La torre, el edificio residencial más alto de Canadá, y probablemente uno de los más ostentosos de Toronto, no ha cumplido con sus previsiones de negocio. Desde la entrada de Trump en política, las expectativas de beneficio han caído en picado y la torre se ha acabado convirtiendo en una especie de “edificio maldito” que provoca rechazo general, una consecuencia directa del impacto que ha provocado el “fenómeno Trump” más allá de sus cohorte de seguidores más acérrimos. Los propietarios reconocen que la vinculación nominal del edificio con el controvertido político ha provocado un rechazo general y la perdida de interés por parte de potenciales compradores.

A las personas que invirtieron en unidades de hotel se les aseguró en su día que podrían conseguir tasas de ocupación de alrededor del 55 por ciento. En realidad, las tasas sólo alcanzan entre el 15% y el 45%, según ha informado el influyente medio estadounidense Politico.

El sitio web añadió que menos de la mitad de los condominios se han vendido, y las tasas promedio de habitabilidad han caído bastante por debajo de las expectativas. La torre también ha sufrido problemas estructurales, como la inestabilidad de la antena que corona el edificio y que obligó hace unos meses a cerrar por unas horas el tráfico entre Bay St. y Adelaide St. ante el riesgo sobre los peatones. El alcalde de Toronto, John Tory, se vio forzado a exigir públicamente una inmediata intervención.

Ya en el año 2012, pocos meses después de su apertura, el diario Globe and Mail aseguraba que los inversores habían mostrado serias dudas sobre la viabilidad del negocio. Según señaló el diario entonces, varios inversores habían recibido declaraciones que demostraban que las tarifas para habitaciones y ocupación del hotel eran más bajas de lo que habían esperado, generándoles pérdidas estimadas en decenas de miles de dólares. Afirmaban en aquellos días que el promotor les había suministrado materiales de marketing que utilizaron en proyecciones financieras para mostrar las unidades como una inversión lucrativa. Sin embargo, los números mostraban otra realidad.

La venta no es el único asunto legal que ha perseguido al edificio. Aunque la Organización Trump no tiene participación en la propiedad de la torre, Trump Management tiene un contrato con Talon para supervisar la limpieza, las reservas y la comercialización en su nombre. La compañía canadiense con sede en Markham ya trató de poner fin a esta relación en mayo, justo en medio de las elecciones estadounidenses, al intentar eliminar el nombre Trump de la torre. La organización Trump fue a los tribunales para impedir que eso sucediera y de hecho el apellido del magnate norteamericano sigue visible en la cúpula de su torre en Toronto.