Por Diego Hidalgo-Saa

Lionel Messi

Nunca te vi llorar, nunca vi en tu cara esa expresión, primero, de incredulidad, luego de rabia y desesperación, y finalmente de tristeza inconsolable. Eres una de las personas más compuestas que he visto, pocas veces te he visto reaccionar impulsivamente, y siempre me ha sorprendido tu habilidad para mantener la serenidad cuando cargas sobre tus hombros la responsabilidad de cambiar la historia, de romper records y de vencer a la sombra de tus propios éxitos, que te perseguirá hasta el último minuto que pises una cancha, porque lo que ayer fue gloria, hoy ya no basta. Esa condena que cargas por ser el mejor que el mundo jamás haya visto, es tu responsabilidad, tu deber en este mundo, y es más grande que una final, una copa e, incluso, un país.

Llegaste a la cima gambeteando mucho más que al rival en el campo de juego. Te enfrentaste a las circunstancias duras de tu vida, a tu salud, y a la presión de este inescapable mundo interconectado que nadie entiende todavía y que no te da un respiro, ni en las buenas ni en las malas. Llegaste a la cima porque no te tiraste para buscar el penal, porque la gloría no apagó tu humildad, y porque supiste superar la crítica con goles y no con insultos. Cambiaste el fútbol tanto con carácter como con gambetas, y tu huella ha llegado mucho mas allá de las canchas. Hoy más que nunca, el fútbol no tiene fronteras y, aunque para los que se sienten dueños de tu gloria les cueste aceptarlo, tu nombre no tiene nacionalidad.

Ayer tu deber fue llevar a tu selección a ganar un título; hoy, tu responsabilidad es mucho más dura: volver con la cabeza en alto. Tanto en el fútbol como en la vida, las batallas más duras son las más importantes, y quizás volver sea el partido más importante de tu vida. No lo vas a ganar con goles, lo vas a ganar con coraje, valentía, fuerza y lágrimas. No lo hagas por ti, ni por perseguir la gloria de los títulos que te faltan, ni por Argentina, ni siquiera por el fútbol. Hazlo porque en estos momentos tan divididos, inciertos y complicados que vivimos, el mundo necesita esperanza, no desilusión. Hazlo porque tu legado vivirá muchos más que tú, mucho más que una final perdida, una selección sin títulos o la memoria de los críticos que prefieren copas a  gozar viendo a la caprichosa en tus pies. Hazlo porque tienes el poder de inspirar a millones a levantarse en lugar de a rendirse. No dejes que los sufridores escriban la historia por ti, vuelve y cambia el mundo, Lio.


Diego Hidalgo-Saa @diegosuah