A wildfire moves towards the town of Anzac from Fort McMurray, Alberta., on Wednesday May 4, 2016. Alberta declared a state of emergency Wednesday as crews frantically held back wind-whipped wildfires. Unseasonably hot temperatures combined with dry conditions have transformed the boreal forest in much of Alberta into a tinder box. Photo: Jason Franson / The Canadian Press via AP

El devastador incendio que está arrasando la región de Fort McMurray, en la provincia canadiense de Alberta, ha despertado todo tipo de interpretaciones sobre el origen del mismo y las razones de su incontrolable poder destructivo. Cuando durante el fin de semana uno de los portavoces del cuerpo de bomberos reconoció en rueda de prensa que sólo una intensa lluvia podía calmar la violencia del fuego, estaba asumiendo explícitamente la incapacidad del ser humano y toda su tecnología para frenar un incendio de proporciones dantescas y consecuencias económicas y medioambientales todavía difíciles de determinar.

La primera ministra de la provincia de Alberta, Rachel Notley, anticipó ayer que la superficie afectada por las llamas alcanzaba las 161.000 hectáreas y que gracias a un descenso de las temperaturas se confiaba en que el fuego no alcanzara las 200.000, que era el supuesto en el que se habían instalado las autoridades al inicio del fin de semana.

En total, cerca de 90.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares con escaso consuelo y esperanza por lo que puedan encontrar cuando todo acabe. Las autoridades canadienses han advertido de que en la mayoría de los casos los evacuados no podrán regresar a sus casas en varias semanas o meses, sin contar con aquellos que han perdido sus propiedades pasto de las llamas. Más de 1.600 estructuras han quedado destruidas en Fort McMurray y numeroso barrios, especialmente en los suburbios, han quedado totalmente destruidos por el fuego. Los afectados están siendo acogidos en refugios instalados de manera urgente y también en casas particulares, gracias a una ola de solidaridad ciudadana que está recorriendo todo el país.

Todo el mundo ha puesto los ojos en las dramáticas imágenes que cada minuto ofrecen las televisiones de todo el planeta. La pregunta se repite con insistencia: ¿Cómo ha sido posible una tragedia de esta magnitud cuando todavía faltan 2 meses para la temporada de incendios en Alberta? Tanto las autoridades, comenzando por el primer ministro Justin Trudeau, como los expertos de los cuerpos de bomberos han declinado realizar cualquier tipo de especulación sobre el origen del fuego. ¨No es el momento¨, se señala de manera insistente.

Precisamente esta semana se daba a conocer que Edmonton había roto un record que duraba 106 años:  el de altas temperaturas con 26.2°C, más de un grado por encima de los 25 que se registraron en 1910 y que hasta ahora representaba la temperatura más elevada en el histórico de mediciones. Menos nieve en el invierno y escasa lluvia durante las primeras semanas de la primavera ha tenido como consecuencia un incremento de los avisos de incendio y numerosa restricciones para hacer fuego en zonas públicas.

Aunque el dramatismo de la situación ha dejado en un segundo plano un análisis de alto vuelo sobre las razones del devastador incendio, es inevitable que se establezcan vínculos con un contexto general de cambio climático y calentamiento del planeta. Aunque los expertos suelen recordar que ésta nunca es razón para explicar las razones objetivas del inicio de un fuego, sí que puede servir para establecer un marco científico que permita la toma de decisiones políticas en un futuro a corto plazo.